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Estaba Intentando Resistirme

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Estaba Intentando Resistirme

La noche en la Condesa estaba viva con ese bullicio chido de la ciudad que no duerme. Las luces de neón parpadeaban sobre las mesas del bar, y el olor a tacos al pastor se mezclaba con el aroma dulce del mezcal que nos servían en vasos ahumados. Yo, Ana, acababa de terminar mi turno como profe de inglés en una academia fancy de Polanco, y ahí estaba, sentada en la barra, con mi vestido negro ajustado que me hacía sentir como una diosa mexicana lista para conquistar. Neta, no buscaba nada, solo un trago para soltar el estrés de la semana.

Entonces llegaste tú, Diego, con esa sonrisa pícara y los ojos cafés que brillaban como el tequila bajo la luz tenue. Eras escritor freelance, me contaste, especializado en cuentos eróticos que publicabas en blogs underground. Órale, qué coincidencia, porque yo andaba dándole vueltas a un post sobre gramática sensual para mis alumnos adultos. Nos pusimos a platicar de verbos y tiempos, y de repente soltaste: "¿Sabes cuál es el past continuous of try?" Reí, porque sonaba tan nerd y tan caliente a la vez. "Estaba intentando, was trying", te respondí, mientras mi piel se erizaba con el roce accidental de tu brazo contra el mío.

El calor de tu cuerpo cerca del mío era como una promesa. Olías a colonia fresca con un toque de humo de cigarro, y tu voz grave, con ese acento chilango puro, me hacía cosquillas en el estómago. "Estaba intentando no mirarte las curvas toda la noche", dijiste, juguetón. Yo me mordí el labio, sintiendo el pulso acelerado en mi cuello. ¿Qué pedo? ¿Por qué este wey me pone así de nerviosa? Te invité a mi depa, que quedaba a unas cuadras, con la excusa de "practicar más ejemplos de past continuous". Neta, era puro pretexto.

Yo estaba intentando mantener la compostura, pero tu mirada me desarmaba.

En mi departamento, las velas de vainilla aromaban el aire, y la música de Natalia Lafourcade sonaba bajito desde los bocinas. Te sentaste en el sofá de terciopelo rojo, y yo me acomodé a tu lado, con las piernas cruzadas para disimular el calor que ya me subía por los muslos. Sacamos mi laptop para "estudiar", y empezamos con oraciones tontas. "I was trying to focus, but your lips distracted me", leíste en voz alta, traduciendo al español: "Estaba intentando concentrarme, pero tus labios me distraían". Tu mano rozó mi rodilla, y sentí un chispazo eléctrico que me recorrió la espina dorsal.

El roce era suave al principio, como una caricia accidental, pero pronto tus dedos trazaban círculos lentos sobre mi piel desnuda. Puta madre, qué rico se siente. Mi respiración se aceleró, y el sonido de mi pecho subiendo y bajando llenaba el silencio entre nosotros. "Dime una oración tuya con past continuous of try", me pediste, tu voz ronca ahora, cargada de deseo. "Yo estaba intentando no besarte desde el bar", murmuré, y antes de que terminara, tus labios capturaron los míos.

El beso fue como fuego lento. Tus labios sabían a mezcal y a menta, suaves pero firmes, explorando mi boca con una hambre que me dejó sin aliento. Mis manos se enredaron en tu cabello oscuro, tirando suave mientras nuestras lenguas danzaban. El olor de tu piel, sudada ya por la tensión, se mezclaba con el mío, creando un perfume íntimo y embriagador. Te quité la camisa despacio, sintiendo los músculos de tu pecho bajo mis palmas, duros y calientes. "No seas pendejo, no pares", te susurré al oído, mordisqueando tu lóbulo.

Te recosté en el sofá, montándome encima con el vestido subido hasta las caderas. Tus manos grandes me apretaron las nalgas, masajeando con fuerza, y gemí contra tu cuello. El sonido de nuestras respiraciones jadeantes era música, entremezclada con el latido de mi corazón retumbando en mis oídos. "Estaba intentando ser buena profe, pero tú me estás volviendo loca, wey", confesé en un susurro, mientras desabrochaba tu pantalón. Tu verga saltó libre, dura y palpitante, y la envolví con mi mano, sintiendo su calor pulsante, la piel suave sobre la rigidez.

Me bajé el vestido por los hombros, dejando mis tetas al aire, los pezones erectos rogando tu atención. Los lamiste despacio, chupando uno mientras pellizcabas el otro, y el placer me arqueó la espalda. ¡Qué chingón! Cada lamida era un rayo de placer directo a mi clítoris. Bajé la mano para tocarme, pero me detuviste: "Déjame a mí". Tus dedos se colaron bajo mi tanga, resbaladizos por mi humedad, frotando mi clítoris en círculos perfectos. El sonido húmedo de mis jugos era obsceno, excitante, y olía a sexo puro, a deseo desatado.

La tensión crecía como una tormenta. Yo estaba intentando alargar el momento, saborear cada caricia, pero mi cuerpo pedía más. Te empujé al piso, alfombra persa bajo nosotros, y me quité la tanga de un jalón. Te monté despacio, guiando tu verga hacia mi entrada. La sensación de estirarme alrededor de ti fue gloriosa: ardiente, llena, perfecta. Gemí fuerte cuando te hundiste hasta el fondo, mis paredes apretándote como un guante mojado.

Empecé a moverme, lento al principio, sintiendo cada centímetro deslizándose dentro y fuera. Tus manos en mis caderas me guiaban, marcando el ritmo que aceleraba. El slap-slap de mi culo contra tus muslos resonaba, mezclado con nuestros gemidos. "¡Más rápido, nena!", gruñiste, y obedecí, cabalgándote como una loca, mis tetas rebotando. Sudor nos cubría, perlado y salado, goteando entre nosotros. Tu olor, ahora puro macho en celo, me volvía feral.

En mi mente, repetía: estaba intentando no correrme tan pronto, pero era imposible.

La intensidad subía. Cambiamos de posición: me pusiste a cuatro patas, el aire fresco besando mi piel expuesta. Entraste de nuevo, profundo, golpeando mi punto G con cada embestida. Tus bolas chocaban contra mi clítoris, y el placer era cegador. Agarraste mi cabello, tirando suave, mientras tu otra mano bajaba a frotarme. "Estás tan chingona, Ana", jadeaste. Yo empujaba hacia atrás, queriendo más, siempre más. El orgasmo me golpeó como un tren: ondas de éxtasis desde mi centro, explotando en gritos ahogados. Mis paredes se contrajeron alrededor de ti, ordeñándote.

No aguantaste más. Te corriste dentro de mí con un rugido gutural, chorros calientes llenándome, goteando por mis muslos. Colapsamos juntos, cuerpos entrelazados, piel pegajosa y temblorosa. El afterglow era dulce: tu pecho subiendo y bajando bajo mi mejilla, el latido de tu corazón calmándose al unísono con el mío. El aroma de sexo y sudor impregnaba la habitación, testigo de nuestra rendición.

Nos quedamos así un rato, riendo bajito. "El past continuous of try nunca sonó tan caliente", bromeaste, besándome la frente. Yo suspiré, satisfecha, con una sonrisa perezosa. Neta, estaba intentando resistirme, pero qué bueno que fallé. La noche terminó con promesas de más "lecciones", y supe que esto era solo el principio de algo adictivo, puro fuego mexicano.

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