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El Trío Ardiente de Sophie Dee

7337 palabras

El Trío Ardiente de Sophie Dee

Estaba en Cancún, en ese resort de lujo donde el sol besa la piel como un amante impaciente. Yo, Alejandro, un güey de la CDMX que se la pasa viajando por pinches negocios, no esperaba que esa noche mi vida se convirtiera en un sueño húmedo. El aire olía a sal marina mezclada con coco de los cócteles, y la música reggaetón retumbaba suave desde la piscina infinita. Ahí las vi: Sophie Dee, la diosa británica de las curvas imposibles que tanto me ponía en mis noches solitarias viendo videos, y su amiga mexicana, una morena explosiva llamada Carla. Sophie, con su piel pálida brillando bajo las luces neón, tetas enormes que desafiaban la gravedad en ese bikini rojo diminuto, y Carla, con caderas anchas y labios carnosos pintados de fuego. Neta, mi verga se paró al instante solo de imaginarlo.

Me acerqué a la barra, fingiendo pedir un tequila reposado, pero mis ojos no se despegaban de ellas. Sophie reía con esa voz ronca que reconocía de sus pelis, un sonido gutural que me erizaba la piel.

¿Será ella de verdad? ¿O nomás una parecida que me va a dejar con las manos llenas de aire?
pensé, mientras el sudor me perlaba la nuca pese al aire acondicionado. Carla me pilló mirando y me guiñó un ojo, su sonrisa pícara gritando ven pa'cá, cabrón. Sophie volteó, sus ojos verdes clavándose en mí como dagas calientes. "Hola, guapo", dijo Sophie en un inglés mezclado con acento sexy, pero Carla tradujo al tiro: "She says you look like you could handle some fun, ¿neta?". Mi corazón latía como tamborazo en fiesta patronal.

Charlamos un rato, coqueteando con shots de mezcal que quemaban la garganta como promesas de placer. Sophie contaba cómo vino a México por unas vacaciones locas, y Carla, su guía local, una chava de Playa del Carmen que conoció en un club. El deseo crecía lento, como la marea subiendo. Tocaban mi brazo casualmente, sus uñas rozando mi piel, enviando chispas directas a mi entrepierna. Olía su perfume: vainilla dulce en Sophie, jazmín salvaje en Carla. Neta, esto huele a trío de película, me dije, recordando esos Sophie Dee trios que me hacían acabar como loco. "¿Quieres venir a nuestra suite?", soltó Carla de repente, su aliento cálido en mi oreja. No lo pensé dos veces.

En el elevador, la tensión era eléctrica. Sophie se pegó a mí, sus tetas aplastándose contra mi pecho, suaves como almohadas de terciopelo. Sentí sus pezones duros a través de la tela fina. Carla desde atrás me masajeaba los hombros, sus dedos bajando juguetones por mi espalda. El ding del elevador sonó como un disparo de salida. Entramos a la suite: vistas al mar Caribe, luces tenues, cama king size que gritaba pecado. El aroma a sábanas frescas y su excitación ya flotaba en el aire, ese olor almizclado que pone a cualquier macho en modo bestia.

Empezó lento, como buen perreo. Sophie me besó primero, sus labios carnosos sabiendo a ron y fruta tropical, lengua invasora explorando mi boca con maestría.

Esto es real, pendejo, no es un sueño
, rugía mi mente mientras mis manos subían por sus muslos gruesos, piel sedosa y caliente. Carla se unió, besando mi cuello, mordisqueando suave, su aliento caliente haciendo que se me erizara todo. Se quitaron los bikinis con movimientos felinos: Sophie revelando esas tetazas perfectas, pezones rosados hinchados de deseo; Carla, su concha depilada brillando ya húmeda, nalgas firmes que pedían azotes juguetones.

Las tumbé en la cama, yo de rodillas entre ellas. Lamí los pezones de Sophie, succionando fuerte hasta que gimió ese "oh fuck yes" que me volvía loco, sabor salado de su piel mezclado con sudor ligero. Carla me jaló la cabeza hacia su panocha, jugosa y abierta, olor a miel caliente. Mi lengua se hundió ahí, lamiendo su clítoris hinchado, saboreando sus jugos dulces mientras ella arqueaba la espalda y jadeaba "¡Ay, wey, chúpame más!". Sophie se masturbaba viéndonos, dedos hundidos en su coño empapado, el sonido chapoteante volviéndome feral.

La cosa escaló cuando Sophie me quitó los shorts, mi verga saltando libre, dura como fierro, venosa y palpitante. "Mira esto, Carla, qué pingón", ronroneó Sophie, envolviéndola con su mano suave, masturbándome lento mientras lamía la punta, pre-semen salado en su lengua. Carla se unió, las dos chupando mi verga en tándem: Sophie tragándosela profunda, garganta experta apretando, Carla lamiendo las bolas, succionando suave. El sonido de sus babas y gemidos, mezclado con mi respiración agitada, llenaba la habitación.

Esto es el Sophie Dee trio soñado, pero mejor, porque huele a México, sabe a pasión real
.

No aguanté más el preludio. Puse a Sophie a cuatro patas, su culo enorme alzado como ofrenda, nalgas blancas temblando. Empujé mi verga en su coño resbaladizo, apretado y caliente como horno. Ella gritó de placer, empujando contra mí, "Harder, fuck me harder!". Carla debajo, lamiendo donde nos uníamos, lengua en mis bolas y su clítoris. El ritmo era brutal: piel chocando con palmadas húmedas, sudor goteando, olor a sexo puro impregnando todo. Cambiamos: Carla encima, cabalgándome salvaje, sus tetas rebotando, concha apretándome como puño. Sophie se sentó en mi cara, su culo abriéndose para mi lengua, sabor almizclado y dulce.

La intensidad subía como fiebre. Sophie gemía ronco, Carla chillaba "¡Me vengo, cabrón!", su concha contrayéndose en espasmos, jugos chorreando por mis muslos. Yo la volteé, metiéndosela de lado mientras Sophie lamía sus tetas. El mar rugía afuera, sincronizado con nuestros jadeos. El clímax se acercaba, esa tensión en las bolas lista para explotar. Sophie me montó entonces, sus caderas girando experta, verga enterrada hasta el fondo, tetas en mi cara para mamar. Carla frotaba su clítoris contra mi muslo, las tres conectados en un nudo de carne sudada y resbaladiza.

Explotamos juntos. Sophie primero, su coño apretándome como tornillo, gritando "I'm cumming!" mientras temblaba entera, jugos calientes bañándome. Carla la siguió, dedos en su clítoris, cuerpo convulsionando con "¡Sí, sí, Alejandro!". Yo no pude más: verga hinchándose, chorros potentes llenando a Sophie, semen caliente saliendo mientras ella ordeñaba cada gota. Colapsamos en un enredo de piernas y brazos, piel pegajosa de sudor y fluidos, respiraciones entrecortadas calmándose lento.

Después, en la afterglow, yacíamos mirando el techo, el ventilador zumbando suave. Sophie acariciaba mi pecho, su dedo trazando círculos perezosos. "That was amazing, like one of my best trios", murmuró con sonrisa satisfecha. Carla rio bajito: "Neta, wey, el mejor Sophie Dee trio en vivo". Besos suaves, lenguas perezosas saboreando restos de placer. El mar susurraba paz afuera, aroma a sexo desvaneciéndose en brisa nocturna.

Me quedé pensando, abrazado a esas diosas:

La vida es chida cuando los sueños se hacen carne, sudor y gemidos
. Sophie y Carla se durmieron pegadas a mí, sus cuerpos cálidos como promesas de más noches. Yo sonreí en la oscuridad, sabiendo que este trío ardiente de Sophie Dee era solo el principio.

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