El Tri Facebook Pasión Desenfrenada
Todo empezó una noche de esas en que el calor de la Ciudad de México te pega como un balazo. Yo, Ana, sentada en mi depa chido de la Condesa, con el ventilador zumbando como loco y una chela fría en la mano, abrí Facebook por puro aburrimiento. El Tri acababa de clasificar a la Copa del Mundo y el grupo de El Tri Facebook estaba que ardía con memes, videos y weyes gritando como posesos. Yo soy fan de hueso colorado, neta, desde chiquita vi los partidos con mi carnal en el barrio, pero ahora, con veintiocho pirulos bien puestas, lo vivo diferente. Deslizo el dedo y veo una foto de un vato guapísimo, moreno, con playera del Tri ajustada que marca unos pectorales que dan ganas de morder. Su post: "¡Vamos México carajo! ¿Quién se anima a celebrar con birria y unos besos calientes?"
Me reí sola, el corazón me dio un brinco. "Yo me apunto wey si traes esa playera puesta", comenté sin pensarlo dos veces. Minutos después, un DM: "Jajaja neta? Soy Marco, de Polanco. ¿Vienes al bar El Águila esta noche? Hay pantallón pa ver los highlights." Sentí un cosquilleo en la panza, como cuando comes chile en nogada y te sube el picor. ¿Por qué no? Me puse un vestido negro ceñidito que me hace ver las nalgas como sandía madura, un toque de perfume con vainilla que huele a pecado, y salí volando.
El bar estaba a reventar, olor a tacos al pastor y sudor macho mezclado con cerveza. Lo vi de inmediato: alto, barba de tres días, ojos cafés que te desnudan con la mirada. "¡Ana del Tri Facebook!", gritó levantando la mano. Nos dimos un abrazo que duró más de la cuenta, su pecho duro contra mis chichis, el calor de su piel traspasando la tela. Pedimos chelas y shots de tequila, platicando de goles, de Hugo Sánchez, de cómo el Tri nos une a todos. Pero entre risas, sus ojos bajaban a mi escote, y yo sentía mis pezones endurecerse como piedras. "¿Sabes qué wey?", le dije bajito, con la mano en su muslo, "tu post en El Tri Facebook me prendió más que un partido de eliminación directa."
¿Qué chingados estoy haciendo? Este vato es puro fuego, pero neta me late. Hace rato que no siento esta electricidad en la piel.
La noche avanzaba, el bar se vaciaba un poco, y la tensión crecía como el rugido de la afición en el Azteca. Su mano rozó mi rodilla bajo la mesa, subiendo despacito, y yo no la quité. Olía a su colonia, madera y hombre, mezclado con el humo de los cigarros afuera. "Vámonos a mi hotel cerca de aquí", murmuró en mi oído, su aliento caliente como el sol de medio día. Asentí, el pulso latiéndome en las sienes, el deseo apretándome el vientre como un nudo de maroma.
Acto dos: la escalada. Llegamos al lobby del hotel, un lugar nice con luces tenues y jazz suave de fondo. Subimos en el elevador, solos, y no aguanté más: lo besé. Sus labios gruesos, sabor a tequila y menta, me devoraron la boca. Gemí bajito cuando su lengua jugó con la mía, sus manos apretándome la cintura, bajando a mis nalgas. El ding del elevador nos separó, riendo como pendejos, jadeantes.
En la habitación, todo era lujo: sábanas blancas crujientes, vista a las luces de Reforma. Me quitó el vestido despacio, besando cada centímetro de piel que dejaba al aire. "Eres una chulada Ana, como las morras que sueño viendo los partidos", dijo con voz ronca. Yo lo desvestí, arrancándole la playera del Tri, lamiendo su pecho salado, oliendo su sudor fresco de la emoción. Sus abdominales duros bajo mis uñas, el vello que bajaba hasta su verga ya tiesa, palpitando contra mis muslos.
Nos tiramos en la cama, él encima, besándome el cuello mientras sus dedos exploraban mi concha húmeda. "Estás chorreando wey, por El Tri Facebook valió la pena", bromeó, y yo me arqueé gimiendo. Le chupé los pezones, mordisqueando suave, bajando la mano a su paquete, masajeándolo hasta que gruñó como toro. Me abrió las piernas, su lengua en mi clítoris, lamiendo despacio, chupando con hambre. Sentí el calor subir, mis jugos corriendo por sus labios, el sonido chapoteante de su boca en mí. "¡No pares cabrón, qué rico!" grité, las uñas clavadas en su espalda.
Esto es puro vicio, su lengua me está volando la cabeza. Cada lamida es un golazo, me voy a venir como nunca.
Lo volteé, queriendo control. Me subí encima, frotando mi concha contra su verga dura como fierro, sintiendo cada vena pulsar. Lo miré a los ojos, esos ojos de fanático del Tri, y me la metí despacio. "Ay wey, qué prieta estás", jadeó él, las caderas moviéndose al ritmo de un mariachi borracho. Yo cabalgaba, mis chichis rebotando, el sudor perlando nuestras pieles, oliendo a sexo crudo y pasión mexicana. Sus manos en mi culo, guiándome, acelerando. Gemidos, slap slap de carne contra carne, el colchón crujiendo como si fuera a romperse.
La intensidad subía, yo sentía el orgasmo acechando como la final del mundial. Él me volteó a perrito, embistiéndome fuerte, su verga llenándome hasta el fondo. "¡Córrete conmigo Ana, por el Tri carajo!" rugió, y explotamos juntos. Mi concha se contrajo alrededor de él, chorros de placer saliendo, sus bolas vaciándose dentro de mí con calor líquido. Grité su nombre, él el mío, el mundo desapareciendo en ese estallido.
Acto tres: el afterglow. Nos quedamos tirados, jadeando, piel pegajosa de sudor y fluidos. El aire olía a semen y mi esencia, mezclado con el perfume de antes. Me acurruqué en su pecho, escuchando su corazón galopando como después de un penalti. "Neta Ana, El Tri Facebook es lo mejor que me ha pasado", dijo riendo bajito, besándome la frente. Yo sonreí, trazando círculos en su piel con el dedo.
Horas después, con el sol saliendo sobre la ciudad, nos vestimos entre besos perezosos. No era solo sexo, era esa conexión de almas verdes, de gritos en el estadio, de sueños compartidos. "¿Repetimos en el próximo partido wey?", pregunté coqueta. "Cuando quieras, mi reina del Tri", contestó guiñando. Salimos del hotel tomados de la mano, el mundo fresco y vivo, sabiendo que una simple app había encendido esta fogata.
Ahora, cada vez que entro a El Tri Facebook, sonrío recordando su toque, su sabor, esa noche que nos unió más que cualquier gol. La pasión del fútbol es chida, pero la de la carne... esa es eterna.