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Que Es El TRI En Finanzas En Mi Cuerpo Ardiente

6398 palabras

Que Es El TRI En Finanzas En Mi Cuerpo Ardiente

Entré a la oficina ese lunes soleado en Polanco con el corazón latiéndome fuerte. Yo, Karla, la chava que maneja números como si fueran amantes, tenía una cita con un cliente nuevo. Se llamaba Diego, un tipo alto moreno con ojos que prometían travesuras. Llevaba un traje ajustado que marcaba sus hombros anchos y olía a colonia cara, esa que te hace agua la boca. Me senté frente a él, crucé las piernas dejando que mi falda subiera un poquito, y le sonreí con picardía.

Órale, este pendejo está cañón, pensé mientras veía cómo sus ojos bajaban a mis chichis. Empezamos a platicar de inversiones, pero él se veía perdido. "¿Sabes qué, Karla? No entiendo nada de eso del TRI. Qué es el TRI en finanzas, explícamelo como si fuera wey."

Me reí bajito, sintiendo un cosquilleo en el estómago. El TRI, la Tasa de Retorno Interno, esa fórmula mágica que calcula cuánto vas a ganar con tu lana invertida. Pero ¿por qué explicarlo seco? Me incliné hacia adelante, dejando que mi escote lo tentara. "Mira, Diego, el TRI es como el pulso de tu inversión. Imagínate que metes tu verga en un hoyo caliente y apretado... espera, no, mejor: es la tasa que hace que tu dinero crezca con el tiempo, equilibrando entradas y salidas hasta que todo cuadre en cero."

Él se acercó, su aliento cálido rozándome la oreja. "Suena complicado, pero tú lo haces sonar... excitante." Su mano rozó mi rodilla por "accidente", y el calor de su palma me erizó la piel. Olía a hombre, a sudor fresco mezclado con esa colonia. Mi pulso se aceleró como si el TRI de mi cuerpo estuviera calculando rendimientos locos.

¿Y si le muestro cómo funciona en la vida real? Mi panocha ya está húmeda solo de imaginarlo.

Acto seguido, le expliqué con gráficos en la pantalla, pero mis dedos temblaban rozando los suyos. La tensión crecía como una curva exponencial. Él me miró fijo, lamiéndose los labios. "Karla, eres una maestra. Enséñame más... de cerca." Su voz ronca me vibró en el pecho. Me paré, rodeé el escritorio y me senté en la orilla, abriendo las piernas lo justo para que viera el encaje negro de mis calzones.

La luz del sol entraba por las ventanas altas, bañándonos en oro. Él se levantó lento, como un depredador, y me tomó la cintura. Sus manos grandes, callosas de tanto gym, subieron por mis muslos. "Diego, esto no está en el contrato", murmuré juguetona, pero mi cuerpo ya gritaba sí, cabrón. Me jaló hacia él, nuestros labios chocaron en un beso hambriento. Su lengua sabía a café y menta, invasiva, explorando mi boca como si calculara cada ángulo perfecto.

El beso se profundizó, sus dientes mordisqueando mi labio inferior. Gemí bajito, el sonido ahogado por su boca. Sus manos subieron a mis chichis, amasándolas sobre la blusa. Sentí sus pezones duros contra mi piel cuando desabotonó mi camisa. "Estás rica, Karla. Como un inversión que no falla." Reí contra su cuello, oliendo su piel salada. Le quité la corbata, desabotoné su camisa, revelando un pecho velludo y firme. Mis uñas rasguñaron suave, dejando marcas rojas que lo hicieron gruñir.

Lo empujé al sillón de cuero, que crujió bajo su peso. Me subí a horcajadas, frotando mi entrepierna contra la bultaca dura en sus pantalones. "Ahora sí te explico el TRI", susurré, mordiéndole la oreja. "Es cuando metes tu capital inicial... así", y bajé la cremallera, sacando su verga gruesa, venosa, palpitante. La apreté, sintiendo el calor y la dureza como acero caliente. Él jadeó, sus caderas subiendo instintivo.

Me bajé los calzones despacio, el aire fresco besando mi panocha mojada. El olor a sexo empezaba a llenar la oficina, almizclado y dulce. Me acomodé sobre él, la punta rozando mis labios hinchados. "Y las salidas de efectivo son estos chorros de placer", gemí mientras bajaba lento, centímetro a centímetro. Su verga me llenó, estirándome delicioso. El estirón ardía rico, como un buen tequila quemando la garganta.

¡Chingado, qué grande está! Mi TRI personal está por las nubes con este rendimientos.

Cabalgué despacio al principio, sintiendo cada vena pulsando dentro. Sus manos en mis nalgas, apretando, guiando el ritmo. El slap slap de piel contra piel resonaba, mezclado con nuestros jadeos. Sudor perló su frente, goteando salado que lamí de su pecho. Él mamó mis tetas, chupando los pezones hasta ponérmelos como piedras. "Más rápido, nena", gruñó, y aceleré, mi clítoris frotando su pubis peludo.

La tensión subía como una gráfica imparable. Mis paredes lo apretaban, ordeñándolo. Él metió un dedo en mi culo, juguetón, y grité de placer. "¡Diego, cabrón, me vas a hacer venir!" El orgasmo me pegó como un rayo, mi cuerpo temblando, jugos chorreando por sus bolas. Él no se vino aún, me volteó sobre el escritorio, papeles volando. Papelitos con fórmulas del TRI esparcidos como confeti.

Me abrió las piernas, lamió mi panocha empapada. Su lengua plana, áspera, devorando mi crema. Saboreó gemido, "Riquísima, como miel de maguey". Luego embistió de nuevo, profundo, sus bolas golpeando mi culo. El escritorio traqueteaba, el sonido rítmico como un tambor azteca. Sudor nos pegaba, piel resbalosa. Sus ojos clavados en los míos, conexión pura, no solo cogida.

"Karla, ya no aguanto", jadeó, acelerando. Sentí su verga hincharse, pulsar. "¡Dámelo todo!" grité, y explotó dentro, chorros calientes bañándome el útero. Gemí largo, otro orgasmo me sacudió, uñas clavadas en su espalda.

Colapsamos jadeantes, él aún dentro, suave ahora. Besos lentos, lenguas perezosas. El aire olía a sexo crudo, semen y sudor. Me acarició el pelo, "Gracias por la clase de TRI. Ahora sí entiendo qué es el TRI en finanzas... es puro placer multiplicado."

Reí suave, mi cabeza en su pecho oyendo su corazón galopante calmarse. La oficina volvía a la normalidad, pero nosotros éramos otro nivel. Me vestí despacio, él me ayudó con la blusa, besando cada botón. "Vuelve cuando quieras invertir más", le dije guiñando.

Se fue con una sonrisa pícara, prometiendo más sesiones. Yo me quedé ahí, piernas temblorosas, sintiendo su semen escurrir. El mejor TRI de mi vida, pensé, calculando ya el próximo encuentro. La vida en finanzas nunca había sido tan caliente.

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