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El Try On y su Significado Ardiente

6135 palabras

El Try On y su Significado Ardiente

Entré a la boutique en Polanco con el corazón latiéndome como tamborazo en fiesta. El aire olía a perfume caro y tela nueva, ese aroma fresco de algodón mezclado con un toque de vainilla que me hacía sentir coqueta de inmediato. Marco iba detrás de mí, sus ojos clavados en mis caderas mientras caminaba. Chingón, pensé, este pendejo siempre me ve como si fuera su postre favorito.

"Mira, nena, todo esto está cañón", me dijo él, señalando los maniquíes con lencería roja y negra que parecía salida de un sueño húmedo. Yo sonreí, sintiendo ya ese cosquilleo en la piel, como si el roce de su voz grave me acariciara el cuello. Habíamos venido porque yo quería algo especial para nuestra noche, pero el ambiente de la tienda, con espejos por todos lados y cortinas semitransparentes, ya me tenía encendida.

La vendedora, una morra guapísima con acento chilango puro, me mostró varias piezas. "Estas se prueban perfecto, ¿verdad? El try on aquí es toda una experiencia". Reí bajito. Try on significado, pensé de repente, recordando esa frase gringa que tanto me gustaba. Probarse ropa no era solo ver si te queda; era seducir, jugar, descubrir cómo te ves en los ojos del otro. "Sí, güey, llévame varias al probador", le pedí a Marco, guiñándole un ojo.

En el probador amplio, con luz suave que hacía brillar mi piel morena, me quité el vestido despacio. El espejo me devolvía una imagen que me ponía caliente: curvas listas para ser tocadas. Saqué el primer conjunto, un bra de encaje negro que apenas cubría mis chichis, y un tanga que se metía justo donde dolía de ganas. Me lo puse, sintiendo la tela fresca contra mis pezones duros, el roce áspero del encaje en mi monte de Venus.

¿Qué tal si lo llamo? ¿Qué try on significado le voy a dar hoy?
Mi pulso se aceleró, el sonido de mi respiración pesada rebotando en las paredes acolchadas.

"¡Marco! Ven, ayúdame con el cierre", grité juguetona, sabiendo que no había cierre que valga. Él asomó la cabeza, y sus ojos se abrieron como platos. "¡Órale, carnala! ¿Eso es para mí?" Entró rápido, cerrando la cortina con un susurro. Su olor a colonia masculina y sudor ligero me invadió, mezclado con el mío propio, ese almizcle de excitación que ya humedecía mis labios inferiores.

Se acercó, sus manos grandes posándose en mis hombros. "Estás de puta madre, Ana". Sus dedos bajaron por mi espalda, trazando la curva de mi espina hasta mi culo. Yo me giré, presionando mi cuerpo contra el suyo, sintiendo su verga ya tiesa contra mi panza. "El try on significado verdadero es este, amor. Probar cómo nos quedamos el uno al otro". Nuestros labios se chocaron, besos húmedos y urgentes, su lengua saboreando a menta y deseo puro. Gemí bajito, el sabor salado de su boca me hacía agua la boca.

Sus manos exploraban, apretando mis nalgas con fuerza juguetona, mientras yo bajaba la mía para rozar su paquete hinchado. "¡Puta madre, qué dura está!", susurré contra su cuello, oliendo su piel caliente. Él rio ronco, ese sonido que me erizaba el vello. Me levantó contra la pared del probador, mis piernas envolviéndolo como pitones. El espejo enfrente nos mostraba: yo con lencería a medio quitar, él con camisa desabotonada, pantalón bajado lo justo.

Pero no queríamos prisa. Bajó conmigo al banquito mullido, sentándome a horcajadas. "Déjame verte bien", murmuró, besando mi clavícula, lamiendo hasta mis tetas. Sus labios chuparon un pezón, tirando suave con los dientes, enviando chispas directo a mi clítoris palpitante. Yo arqueé la espalda, mis uñas clavándose en su cabeza, oliendo mi propio aroma de mujer lista, dulce y salado. Esto es el try on perfecto, pensé, mientras mis caderas se movían solas, frotándome contra su muslo duro.

La tensión crecía como tormenta en el desierto. Él metió la mano en mi tanga, dedos gruesos encontrando mi humedad resbalosa. "Estás chorreando, mi reina". Dos dedos adentro, curvándose justo ahí, el sonido chapoteante de mi coño mojado llenando el espacio. Gemí fuerte, mordiéndome el labio para no gritar. "¡Más, cabrón, no pares!" Mi mente era un torbellino: quiero su verga, la necesito llenándome, probándome hasta el fondo.

Me volteó de espaldas al espejo, mi culo en pompa, pezones rozando el vidrio frío que contrastaba con mi piel ardiendo. Él se sacó la verga, gruesa y venosa, palpitando. La frotó contra mis nalgas, untándola con mis jugos, el calor de su glande quemándome. "Dime si te queda bien este try on", gruñó, empujando despacio. Entró centímetro a centímetro, estirándome delicioso, el dolor placer que me hacía jadear. "¡Sí, joder, perfecto significado!", balbuceé, empujando contra él.

Empezamos a follar con ritmo, sus embestidas profundas haciendo slap-slap contra mi piel. Sudor perlando nuestros cuerpos, olor a sexo crudo invadiendo todo. Yo veía en el espejo cómo mi cara se retorcía de gusto, tetas rebotando, su abdomen contra mi espalda. Él me jalaba el pelo suave, besando mi oreja: "Eres mía, Ana, toda esta prueba es nuestra". La intensidad subía, mis paredes apretándolo, pulsos acelerados latiendo en sincronía. Sentía su verga hincharse más, mis ovarios apretados listos para explotar.

El clímax llegó como volcán. "¡Me vengo, Marco!", grité ahogada, mi coño convulsionando, chorros calientes mojando sus bolas. Él rugió, clavándose hasta el fondo, llenándome con su leche espesa, caliente, que goteaba por mis muslos. Nos quedamos pegados, respiraciones jadeantes, cuerpos temblando en afterglow. Besos lentos ahora, suaves, saboreando el sudor salado del otro.

Salimos del probador como si nada, pero con las piezas compradas y una sonrisa pícara. En el coche rumbo a casa, su mano en mi pierna, yo susurré: "El try on significado más chingón de mi vida". Él rio, acelerando. Esa noche, en la cama, lo repetiríamos todo, pero ya nada sería igual. Habíamos probado no solo ropa, sino el fuego que nos unía.

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