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Estaba solo en mi depa en la Condesa, con el pinche calor de la noche de México City pegándome en la cara como una cachetada caliente. La tele prendida pero muda, y yo, Alejandro, recostado en el sofá de piel sintética que cruje con cada movimiento. Agarro el celu y abro el navegador en modo incógnito, porque uno nunca sabe. Tecleo videos xxx gay trios y ¡pum! Una avalancha de thumbnails con vergas duras, culos abiertos y miradas de puro vicio. El corazón me late fuerte, siento el pulso en la entrepierna mientras elijo uno: tres morros guapísimos, sudados, gimiendo en un cuartito con luces tenues.

El video arranca con besos babosos, lenguas enredadas que suenan como chupetazos en una mango madura. Huele a mi propia excitación, ese olor almizclado que sube desde mis calzones. Me bajo el bóxer y empiezo a pajearme despacio, imaginando que soy el del medio, con dos chavos comiéndome vivo.

¿Y si pasa de verdad? ¿Y si encuentro dos carnales que me hagan volar?
pienso, mientras el semen en la pantalla salpica como lluvia caliente. Termino arqueándome, gimiendo bajito, pero el vacío queda ahí, grande como el Zócalo.

Al día siguiente, en el gym de Polanco, veo a Marco y a Luis. Marco es alto, moreno, con tatuajes que asoman por la playera ajustada, y unos ojos negros que te desnudan. Luis, más chaparro pero con un culo de infarto, rubio teñido y sonrisa pícara. Somos compas de hace rato, sudamos juntos levantando pesas, pero siempre ha habido esa tensión, ese roce accidental que deja la piel erizada. Órale, carnal, me dice Marco pasándome una toalla, su mano rozando la mía más de lo necesario. Siento el olor a sudor fresco, a testosterona pura.

—Oye, Ale, ¿vamos por unas cheves a tu depa después? —propone Luis, guiñándome el ojo.

Mi verga salta en el short. Esto podría ser el inicio, pienso. Asiento, fingiendo calma, pero adentro soy un volcán.

Acto dos arranca con cervezas frías de Corona, el sonido de las tapas saltando como corchos en fiesta. Nos sentamos en el sofá, riendo de pendejadas del gym. Marco saca su celu y dice:

—Mira esto, cabrones, encontré unos videos xxx gay trios que están de a madre.

Luis se pega a él, y yo me uno, nuestros muslos tocándose. El primer video es fuego puro: tres vatos en una cama king, oliéndose mutuo, chupándose el cuello con sonidos húmedos que llenan la sala. Siento el calor de sus cuerpos contra el mío, el aliento de Marco en mi oreja, rancio de cerveza pero excitante.

Qué chingón, ¿no? —murmura Luis, su mano cayendo casual en mi pierna.

No aguanto más. Giro la cara y beso a Marco, sus labios gruesos y ásperos como papel de lija suave. Él responde feroz, lengua invadiendo mi boca con sabor a sal y chela. Luis nos mira, se lame los labios, y se une, besándome el cuello mientras Marco me manosea la verga por encima del pantalón.

Esto es real, no un pinche video, carnales
, me digo, el corazón tronando como tambores en una conga.

Nos quitamos la ropa a tirones, risas nerviosas mezcladas con gemidos. Marco huele a colonia barata y sudor, delicioso. Su verga sale dura, venosa, apuntándome como pistola. Luis tiene la suya más gruesa, con huevos pesados que balacean. Me arrodillo, el piso fresco contra mis rodillas, y los chupo alternando. Primero Marco: sabor salado, piel suave estirada, gimiendo ¡órale, pendejo, así!. Luego Luis, que me agarra el pelo y empuja suave, su prepucio deslizándose en mi lengua como terciopelo húmedo.

La tensión sube como el tráfico en Reforma a las seis. Me tumban en el sofá, Marco lamiéndome el culo con lengua experta, chupando mi ano como si fuera un elote untado en mayonesa. Luis me besa, su barba raspándome la cara, mientras me pajea lento. Siento cada nervio encendido, pulsos en la próstata latiendo. No pares, cabrón, suplico en voz baja. Marco mete un dedo, luego dos, lubricados con saliva, abriéndome con maestría. El sonido es obsceno, chapoteo húmedo que me hace sonrojar pero excitar más.

Cambio de posiciones: yo de rodillas en el piso, Marco en mi culo, empujando despacio al principio. Su verga quema al entrar, estirándome delicioso, llenándome hasta el fondo. Grito de placer, oliendo su pubis rizado contra mi nariz. Luis frente a mí, follándome la boca con ritmo, bolas golpeando mi barbilla. Sudamos como marranos, el aire cargado de olor a sexo crudo, a macho en celo. Marco acelera, palmadas en mi culo resonando, ¡qué rico aprietas, Ale!. Luis jadea, su verga hinchándose en mi garganta.

La intensidad crece, cuerpos chocando con slap-slap-slap, gemidos en coro como ranchera borracha. Siento el orgasmo construyéndose, una ola en el Pacífico. Marco sale y nos alineamos: yo en el medio otra vez, como en los videos. Luis me penetra mientras chupo a Marco, luego cambiamos. Cada roce es eléctrico, piel contra piel resbalosa de sudor, besos salados de lágrimas de placer.

El clímax explota. Marco se corre primero, chorros calientes en mi pecho, olor fuerte a semen fresco pintando mi piel como graffiti. Luis gruñe y me llena el culo, líquido tibio chorreando por mis muslos. Yo exploto en mi mano, viendo estrellas, el mundo reduciéndose a pulsos y éxtasis puro. Colapsamos en un enredo de piernas y brazos, respiraciones agitadas calmándose poco a poco.

En el afterglow, tumbados en la cama que arrastramos al piso, con sábanas revueltas oliendo a nosotros. Marco me acaricia el pelo, Luis besa mi hombro.

Esto fue mejor que cualquier video xxx gay trios
, pienso, sonriendo. Hablamos bajito, de lo chido que fue, prometiendo más noches así. No hay arrepentimientos, solo una conexión profunda, como carnales de toda la vida.

La luna entra por la ventana, bañándonos en plata. México City ronronea afuera, pero adentro reina la paz del placer compartido. Me duermo entre ellos, su calor envolviéndome, sabiendo que despertaremos para más.

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