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Pasión Salvaje en la 2014 Harley Davidson Tri Glide

6473 palabras

Pasión Salvaje en la 2014 Harley Davidson Tri Glide

El sol del mediodía en la carretera federal me pegaba como un beso ardiente mientras yo aceleraba mi 2014 Harley Davidson Tri Glide. Esa chulada de moto, con sus tres ruedas firmes y su motor que ruge como un tigre en celo, era mi escape perfecto de la rutina en la Ciudad de México. El viento me azotaba la cara, trayendo olor a asfalto caliente y tierra seca del Bajío. Llevaba mi chamarra de cuero gastada, jeans ajustados y botas que crujían con cada paso. Neta, no hay nada como sentir las vibraciones subiendo por mis muslos hasta el pecho, haciendo que cada nervio de mi cuerpo despierte.

Paré en una gasolinera chiquita cerca de Querétaro, con el tanque casi vacío y la sed picándome la garganta. Bajé de la 2014 Harley Davidson Tri Glide, estiré las piernas y miré alrededor. Ahí estaba ella, Lupe, recargada en una bomba, con un short vaquero que le marcaba las nalgas redondas y una blusa escotada que dejaba ver el valle entre sus chichis firmes. Pelo negro largo, piel morena como chocolate, y unos ojos cafés que te chupaban el alma. Órale, carnal, esta morra está pa' puro desmadre, pensé mientras me acercaba, fingiendo checar mi moto.

—Qué chida máquina, wey —me dijo con una sonrisa pícara, su voz ronca como el ronroneo de un gato en brama—. ¿Es una 2014 Harley Davidson Tri Glide? Mi ex tenía una igualita, pero la neta, nunca me dejó subir.

Le guiñé el ojo, oliendo su perfume mezclado con el aroma a gasolina. —Pues sube, mami. Te llevo a dar una vuelta que no se te va a olvidar. Soy Marco, por cierto.

Lupe se rio, un sonido que me erizó la piel. —¿Y si me seduce el camino? —Me aventó el reto, montándose atrás de mí sin pensarlo dos veces. Sus muslos calientes se pegaron a mis caderas, sus brazos rodearon mi cintura, y sentí sus tetas aplastadas contra mi espalda. Arrancé, y el motor tronó como un trueno, enviando ondas de placer directo a mi verga, que ya empezaba a despertar.

Pinche suerte la mía, esta chava huele a vainilla y deseo puro. Si sigue apretándose así, voy a tener que parar en el primer rincón.

La carretera se extendía infinita, con cerros verdes al fondo y el sol tiñendo todo de oro. El viento silbaba en mis oídos, mezclándose con el rugido grave de la Tri Glide. Lupe se pegaba más con cada curva, sus manos bajando despacito por mi abdomen, rozando el bulto que crecía en mis jeans. —¡Siento todo, Marco! —gritó por encima del ruido—. ¡Estas vibraciones me están volviendo loca!

Yo sonreí, acelerando un poco más para que el motor pulsara con fuerza entre sus piernas. Su aliento caliente en mi cuello me hacía sudar bajo el cuero. Paramos en un mirador solitario, con vista al valle y nadie alrededor. El aire olía a pino y flores silvestres. Bajamos, y ella me jaló del brazo, sus labios carnosos a centímetros de los míos.

—Neta, wey, no aguanto más —susurró, su mano deslizándose por mi pecho hasta mi cinturón. La besé con hambre, saboreando su boca dulce como tamarindo, lenguas enredadas en un baile salvaje. Sus uñas me arañaban la espalda, y yo le apreté las nalgas, sintiendo su calor húmedo a través del short.

Nos fuimos escalando el fuego poco a poco. Primero besos suaves que se volvieron mordidas, luego mis manos explorando sus curvas bajo la blusa, pellizcando pezones duros como piedras. Ella gemía bajito, "Ay, pendejo, no pares", mientras me desabrochaba los jeans y sacaba mi verga tiesa, palpitante al aire libre. El sol nos calentaba la piel, el viento secaba el sudor que ya perlaba nuestros cuerpos.

La recargué contra la 2014 Harley Davidson Tri Glide, el asiento de cuero negro aún tibio por el viaje. Le quité el short de un jalón, revelando su panocha depilada, brillando de jugos. Chingao, qué rica está esta morra, pensé, arrodillándome para lamerla. Su sabor salado y dulce me inundó la boca, su clítoris hinchado bajo mi lengua. Lupe arqueó la espalda, agarrando el manubrio, sus muslos temblando contra mis orejas. —¡Más, cabrón! ¡Chúpame hasta que explote!

La hice correrse dos veces ahí mismo, sus gritos ahogados por el viento, jugos chorreando por mis barbillas. Luego se volteó, ofreciéndome su culo perfecto. Le escupí en la verga y me la metí de un empujón, sintiendo sus paredes calientes apretándome como un guante. El slap-slap de carne contra carne se mezclaba con nuestro jadeo, el olor a sexo crudo llenando el aire. La Tri Glide se mecía con cada embestida, como si la moto misma estuviera follando con nosotros.

—¡Dame duro, Marco! ¡Hazme tuya en esta chingadera de moto! —rugió ella, empujando hacia atrás. Yo le jalaba el pelo, mordiéndole el hombro, el sudor resbalando por mi espalda. Sentía mi corrida subiendo, bolas apretadas, pero aguanté, volteándola para mirarla a los ojos mientras la penetraba de frente, sus piernas enredadas en mi cintura.

Sus ojos, pinche Lupe, me miran como si fuera el único wey en el mundo. Esto no es solo un polvo, es algo que quema el alma.

El clímax nos golpeó como un rayo. Ella se convulsionó primero, uñas clavadas en mi culo, gritando "¡Me vengo, chingado!". Yo la seguí, vaciando chorros calientes dentro de ella, el placer tan intenso que vi estrellas. Nos quedamos pegados, respirando agitados, el corazón latiéndonos como tambores. El sol bajaba, tiñendo el cielo de rojo, y el aroma a semen y sudor nos envolvía como una manta.

Nos vestimos despacio, riéndonos como pendejos. Lupe se subió atrás otra vez, besándome el cuello. —Esta 2014 Harley Davidson Tri Glide es mágica, wey. Vámonos a mi casa en Guanajuato, tengo tequila y una cama king size.

Arrancamos de nuevo, el motor ronroneando satisfecho. El camino de regreso fue puro afterglow, sus manos acariciándome posesivas, el viento llevándose los ecos de nuestro desmadre. Quién iba a decir que una moto me traería a la mujer de mis sueños, reflexioné mientras el horizonte se oscurecía. Lupe era fuego puro, y yo, su gasolina. Esa noche en su casa, follamos hasta el amanecer, pero nada superó el rugido compartido en la carretera. La vida en dos ruedas, con ella atrás, era el paraíso chingón que siempre quise.

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