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Try On Haul Xvideos Mi Prueba Caliente

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Try On Haul Xvideos Mi Prueba Caliente

Me paré frente al espejo del clóset en nuestro departamento en Polanco, con el corazón latiéndome a mil por hora. Había pasado la tarde comprando en las tienditas de la Zona Rosa, esas ropas sexys que vi en un try on haul xvideos que me mandó mi carnal el otro día. "Mira esto, wey, te va a poner como loco", me dijo por WhatsApp. Y tenía razón. Llevaba una falda plisada cortita, un top escotado rojo que apenas contenía mis chichis, y unos tacones que me hacían las nalgas más redondas. El aire olía a mi perfume de vainilla y a la pizza que pedimos hace rato, con ese queso derretido que aún flotaba en el ambiente.

Mi novio, Alex, estaba sentado en la cama, con el celular en la mano grabando. Era alto, moreno, con esa barba de tres días que me volvía loca al rozarme la piel. "Órale, mami, empieza el show", me dijo con esa voz ronca que me erizaba los vellos. Yo me reí, nerviosa pero excitadísima. Siempre habíamos jugado con videos caseros, pero esta vez era diferente. Quería hacer nuestro propio try on haul xvideos, uno privado solo para nosotros, lleno de sorpresas.

¿Y si lo subimos de verdad? No, carnala, esto es nuestro secreto. Solo para que él me vea como una diosa y me coma con los ojos.

Empecé con el primer outfit. Me quité la falda despacito, dejando que el zipper bajara con un sonido metálico que rompió el silencio. La tela rozó mis muslos suaves, frescos por el aire acondicionado. Alex soltó un gemido bajo. "Qué rica estás, pinche tentación". Me puse un vestido negro ajustado, de esos que marcan cada curva. Giré frente al espejo, el escote profundo mostrando el encaje de mi bra. El olor de la tela nueva, como a algodón fresco mezclado con mi sudor ligero de anticipación, me invadió las fosas nasales. Sentí mis pezones endureciéndose contra la tela, un cosquilleo eléctrico que bajaba hasta mi entrepierna.

"¿Qué tal, amor? ¿Me queda chido?", le pregunté, posando con las manos en las caderas. Él se acercó, su aliento caliente en mi cuello. "Demasiado chido, wey. Me estás matando". Sus dedos rozaron mi cintura, un toque ligero que me hizo jadear. Pero no, todavía no. "Aguántate, pendejo, esto apenas empieza". Volví al clóset, el piso de madera crujiendo bajo mis tacones.

El segundo look fue una blusa transparente con shorts de jean rotos. Me desvestí otra vez, esta vez más lento, dejando caer el vestido al suelo con un susurro suave. Mi piel desnuda se erizó al contacto con el aire fresco. Alex zoomó con el celular, capturando cada detalle: el brillo de mi piel morena bajo la luz LED, el vaivén de mis chichis libres. Me miré en el espejo, vi mis labios entreabiertos, el rubor en mis mejillas. Pinche caliente que estoy, ya siento mi concha húmeda, palpitando.

Al ponerme los shorts, el denim áspero raspó mis nalgas, enviando chispas de placer. Caminé hacia él, meneando las caderas al ritmo de una cumbia que pusimos de fondo, ese reggaetón suave con beats que nos ponían a mil. "Tócala, prueba cómo se siente", le dije juguetona. Sus manos grandes la apretaron, el calor de sus palmas filtrándose a través de la tela. Olía a su colonia masculina, a sudor limpio y deseo puro. "Estás mojada ya, ¿verdad, mamacita?", murmuró, su dedo rozando el borde del short, cerca de mi clítoris hinchado.

El tension se acumulaba como una tormenta. Mi pulso tronaba en mis oídos, el corazón latiéndome en la garganta. Cada roce era fuego, cada mirada un latigazo. "Siguiente", jadeé, apartándome antes de que me tumbara ahí mismo.

Para el tercero, saqué el conjunto que sabía lo iba a volver loco: lencería roja de encaje, tanguita diminuta y bra push-up. Me quité todo, quedando en pelotas frente al espejo. Mi reflejo me dejó sin aliento: curvas perfectas, piel suave como chocolate, pezones duros como piedritas. El aroma de mi excitación subía, ese olor almizclado dulce que llenaba el cuarto. Alex dejó el celular un segundo, se lamió los labios. "No mames, eres una diosa".

Me vestí con lentitud tortuosa, el encaje delicado acariciando mis senos sensibles, la tanga hundiéndose entre mis labios húmedos. Cada movimiento era una caricia prohibida. Caminé hacia la cama, el taconeo resonando como un tambor de guerra. Me subí encima de él a horcajadas, sintiendo su verga dura presionando contra mi monte de Venus a través de sus jeans. "Última prueba, mi rey. ¿Apruebas?", susurré, rozando mis chichis contra su pecho.

No aguanto más. Quiero su verga dentro de mí, llenándome, rompiéndome de placer.

Sus manos subieron por mis muslos, fuertes y posesivas. "Aprobado con todos los honores, pinche rica". Me besó con hambre, su lengua invadiendo mi boca, saboreando a pepperoni de la pizza y a menta de su chicle. Gemí en su boca, el beso húmedo y salvaje, dientes chocando. Sus dedos se colaron bajo la tanga, encontrando mi concha empapada. "Estás chorreando, amor. Por mí, ¿verdad?".

Asentí, montándolo más fuerte. El roce de su bulto contra mi clítoris era insoportable, oleadas de placer subiendo por mi espina. "Sí, pendejo, por ti y por este try on haul xvideos que armamos". Reí entre jadeos, pero el riso se convirtió en un alarido cuando metió dos dedos dentro de mí. El sonido chapoteante de mi humedad llenó el cuarto, obsceno y delicioso. Los movía experto, curvándolos contra mi punto G, mientras su pulgar masajeaba mi botón hinchado.

Me vine rápido, el orgasmo explotando como fuegos artificiales. Mis paredes se contrajeron alrededor de sus dedos, jugos chorreando por sus manos. Grité su nombre, "¡Alex, cabrón!", el cuerpo temblando, visión borrosa. Él me sostuvo, besando mi cuello sudoroso, lamiendo el salado de mi piel.

Pero no paró. Me volteó boca abajo en la cama, el colchón hundiéndose bajo nuestro peso. Bajó mis tangas, el aire fresco besando mi culo expuesto. Sentí su lengua primero, caliente y húmeda, lamiendo desde mi clítoris hasta el ano. "Qué rico sabes, mami, a miel pura". Gemí, enterrando la cara en la almohada que olía a nosotros, a sexo previo. Su verga, liberada de los jeans, rozó mi entrada, gruesa y venosa, palpitando de necesidad.

"Cógeme ya, por favor", supliqué, arqueando la espalda. Empujó despacio, centímetro a centímetro, estirándome deliciosamente. El dolor placer mezclado me hizo arañar las sábanas. "¡Qué verga tan rica tienes, amor!". Empezó a bombear, lento al principio, el slap-slap de piel contra piel sincronizándose con nuestros jadeos. Sudor goteaba de su frente a mi espalda, caliente como lava.

Aceleró, agarrando mis caderas con fuerza, marcas rojas que dolían rico. Yo empujaba hacia atrás, queriendo más profundo. "Más duro, wey, rómpeme la concha". Él gruñó, obedeciendo, sus bolas golpeando mi clítoris con cada embestida. El cuarto apestaba a sexo crudo: sudor, fluidos, perfume revuelto. Mis chichis rebotaban, pezones rozando la sábana áspera.

Me vine otra vez, gritando, el placer tan intenso que vi estrellas. Él siguió, prolongando mi éxtasis con estocadas precisas. "Me vengo, mami", avisó con voz quebrada. "Adentro, lléname". Se hundió hasta el fondo, explotando en chorros calientes que inundaron mi interior. Sentí cada pulso, su semen mezclándose con mis jugos, goteando por mis muslos.

Colapsamos juntos, jadeantes, cuerpos pegajosos entrelazados. Su peso sobre mí era reconfortante, su corazón martillando contra mi espalda. Besó mi hombro, suave ahora. "El mejor try on haul xvideos de mi vida, amor". Reí bajito, girando para besarlo, saboreando el salado de su piel.

Nos quedamos así, en afterglow, el cuarto en penumbras con la luz de la ciudad filtrándose por las cortinas. Mi cuerpo zumbaba de satisfacción, músculos laxos, alma plena. Esto es lo que amo de nosotros: juegos calientes, confianza total, placer sin límites. Mañana veríamos el video, pero nada superaría el real.

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