Como Se Usa Tri Luma En Nuestra Piel Desnuda
Me miré al espejo del baño esa tarde soleada en mi depa de la Roma, con la luz filtrándose por las cortinas blancas como en esas novelas románticas que tanto me gustan. Tenía unas manchas cafés en las mejillas, maldito sol de la Ciudad de México que no perdona ni a las más cuidadosas. Neta, me sentía fea, insegura, como si mi piel ya no fuera esa canvas perfecta para Marco, mi carnal que me volvía loca con solo una mirada.
Escuché la puerta abrirse y su voz grave resonó: "¡Órale, mi amor, ya llegué!" Marco entró al baño con esa sonrisa pícara, su camisa ajustada marcando los músculos de su pecho moreno. Traía una bolsita en la mano. "¿Qué onda con esa cara de drama, reina?" Me abrazó por la cintura, su aliento cálido oliendo a café de olla y chicle de menta. Le conté de las manchas, cómo me comían viva la inseguridad.
¿Y si ya no le gusto así? ¿Si prefiere a una morra sin defectos?Pensé, mientras él reía bajito.
"No mames, Ana, eso se arregla fácil. Mira, traje esto", dijo sacando el tubo de Tri Luma. "Mi hermana lo usa y chido. Te explico como se usa Tri Luma, pero con mis manos, ¿va?" Sus ojos cafés brillaban con esa chispa juguetona que me derretía. Asentí, el corazón latiéndome como tambor en una fiesta de pueblo.
Nos fuimos a la recámara, el aire cargado del aroma a lavanda de las sábanas frescas. Me senté en la orilla de la cama king size, él se arrodilló frente a mí como un caballero moderno. "Primero, lávate la cara con agua tibia, suave, para abrir los poros", murmuró, mojando un algodón con agua de mi jarra de cristal. Lo pasó por mi piel, fresco, suave, enviando cosquillas hasta mi espinazo. Su toque era delicado, olía a su colonia terrosa, mezclada con el jabón neutro.
"Después, una capita finita, así, con los dedos limpios. Nada de frotar como loca". Untó la crema fría en mis mejillas, sus yemas callosas rozando mis pómulos. Sentí el gel helado contrastando con el calor de su piel, un escalofrío delicioso bajando por mi cuello. "Como se usa Tri Luma es con paciencia, mi vida, dejando que penetre despacito". Sus palabras eran un ronroneo, su aliento rozándome los labios. Me mordí el labio, el pulso acelerándose mientras sus dedos trazaban círculos lentos, masajeando, despertando nervios dormidos.
La tensión crecía como tormenta de verano. "¿Ves? Así se siente bien, ¿verdad?", susurró, sus manos bajando a mi mandíbula, al cuello. Mi blusa de algodón se sentía pesada de pronto. Lo jalé por la camisa, besándolo con hambre. Sus labios salados, su lengua explorando la mía con sabor a deseo puro. "Más", gemí contra su boca, el olor de la crema mezclándose con nuestro sudor incipiente.
Acto dos, el fuego prendió. Marco me quitó la blusa despacio, besando cada centímetro de piel expuesta. "Tu cuerpo es perfecto, manchas o no". Sus manos, ahora untadas de crema, recorrieron mis hombros, bajando a mis tetas. El Tri Luma frío en mis pezones endurecidos, un contraste que me arqueó la espalda. ¡Ay, wey! Grité bajito, el placer punzante como rayo. Él lamía el rastro de crema, su lengua caliente disipando el frío, saboreando mi sal.
Esto no es solo crema, es su forma de decirme que soy suya, deseada, mamacita en todo sentido.
Me recostó en la cama, las sábanas crujiendo suaves bajo nosotros. "Déjame enseñarte como se usa Tri Luma en todo el cuerpo", dijo con voz ronca, desabrochando mis jeans. El aire fresco de la habitación besó mis muslos desnudos. Untó crema en mi vientre, círculos lentos, descendiendo. Su erección presionaba contra mi pierna, dura, palpitante, oliendo a hombre excitado. Jadeé cuando sus dedos rozaron mi panocha, húmeda ya, resbalosa de anticipación. "Paciencia, como la crema", bromeó, pero su respiración era agitada, el pecho subiendo y bajando rápido.
La intensidad subía. Le quité la ropa, admirando su verga tiesa, venosa, goteando pre-semen que lamí con avidez, salado y almizclado. Él gruñó, "¡Qué rico, Ana!", enredando dedos en mi pelo. Me monté en él, guiando su polla dentro de mí, centímetro a centímetro. El estiramiento delicioso, su calor llenándome, pulsando contra mis paredes. Cabalgamos lento al principio, piel contra piel resbalosa de sudor y crema, el slap slap de cuerpos chocando, gemidos ahogados en besos.
Sus manos en mi culo, apretando, guiándome más rápido. Olía a sexo, a Tri Luma mezclado con jugos, el cuarto lleno de nuestros jadeos, el colchón crujiendo rítmicamente. "Más fuerte, carnal", le pedí, clavando uñas en su pecho. Él volteó, poniéndome debajo, embistiéndome profundo, sus bolas golpeando mi piel sensible. El clímax se acercaba, tensión en espiral, mi clítoris frotándose contra su pubis, chispas de placer electrico.
Acto final, la liberación. "¡Ven conmigo!", rugió, y explotamos juntos. Mi concha contrayéndose alrededor de su verga, chorros de placer inundándome, olas tras olas. Él se derramó dentro, caliente, pegajoso, su semen mezclándose con mi humedad. Colapsamos, pieles pegadas, corazones galopando al unísono. El aroma post-sexo flotaba, cremoso, salado, nuestro.
Minutos después, él trazó mis manchas con un dedo limpio. "Mañana estará mejor, pero tú ya eres chida así". Me acurruqué en su pecho, escuchando su corazón calmarse, el sol poniéndose tiñendo la habitación de naranja.
El Tri Luma era solo excusa; lo nuestro era piel con piel, deseo puro, confianza que brilla más que cualquier crema.
Nos quedamos así, riendo de tonterías, planeando la cena de tacos al pastor en la esquina. Mi piel formaba, pero mi alma ya estaba radiante, empoderada por su toque, por saber que como se usa Tri Luma es con amor, despacio, en la intimidad que nos define.