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Intentando Ser Nice

6658 palabras

Intentando Ser Nice

El sol de la tarde se colaba por las cortinas del balcón en mi depa de la Roma, tiñendo todo de ese naranja chido que hace que el aire sepa a café recién hecho y a pan dulce de la esquina. Yo, Alejandro, acababa de llegar del gym, con los músculos todavía calientes y la playera pegada al pecho por el sudor. Estaba trying to be nice ese día, neta, porque la nueva vecina de al lado, Sofía, había estado batallando con unas cajas pesadas toda la mañana. La vi desde mi ventana, con su falda floreada ondeando como invitación y el pelo negro suelto, brillando bajo el sol. Qué morra más rica, pensé, pero me dije: tranquilo, carnal, sé caballero.

Salí al pasillo con una sonrisa de esas que practicas en el espejo, cargando una caja de herramientas por si las dudas. Ella abrió la puerta, jadeando un poco, con las mejillas sonrojadas y un olor a vainilla que me pegó directo en la nariz. "¡Hola! ¿Necesitas ayuda, vecina? Estoy trying to be nice hoy", le dije, guiñándole el ojo sin querer sonar pendejo. Sofía se rió, esa risa ronca que vibra en el pecho, y me dejó pasar. "¡Ay, qué padre, Alejandro! Neta que sí, estas madres pesan un chorro". Sus ojos cafés me recorrieron de arriba abajo, deteniéndose en mis brazos, y sentí un cosquilleo en la piel, como si ya supiera que esto no iba a ser solo de buenos vecinos.

Adentro, su depa olía a jazmín fresco y a algo picante, como mole en proceso. Colocamos las cajas en la sala, rozándonos los brazos accidentalmente –o no tanto–. Cada roce era eléctrico, su piel suave contra la mía áspera por el gym. "Gracias, wey, eres un sol", murmuró ella, acercándose para darme un abrazo rápido. Su pecho se apretó contra el mío, suave y cálido, y olí su shampoo de coco mezclado con sudor ligero.

Estoy trying to be nice, no la vayas a cagar
, me repetí en la cabeza mientras me separaba, sintiendo ya la verga medio parada en los shorts.

La invité a cenar como premio, "para celebrar que ya estás instalada". Ella aceptó con una sonrisa pícara, poniéndose un vestido negro ceñido que marcaba sus curvas como si fueran hechas para mis manos. Cenamos tacos de suadero en el rooftop del edificio, con chelas frías sudando en la mesa y la ciudad brillando abajo como estrellas caídas. Hablamos de todo: su chamba en una galería de arte en Polanco, mis desmadres en la uni, cómo el DF te chinga pero te enamora. Cada vez que reía, su mano rozaba mi muslo bajo la mesa, y el calor subía por mi pierna como tequila quemando la garganta.

Esto es solo plática, trying to be nice, me mentí mientras la veía morder un taco, los labios brillosos de salsa. Pero sus ojos decían otra cosa: hambre de algo más que comida. Bajamos a mi depa cuando la noche se enfrió, con el viento trayendo olor a lluvia lejana. "Pásale un cafecito", le dije, pero en vez de eso, puse música de Natalia Lafourcade bajita, esa que te pone romántico. Nos sentamos en el sofá, tan cerca que sentía el calor de su cuerpo, su perfume envolviéndome como niebla dulce.

La tensión crecía como tormenta: sus dedos jugaban con el borde de mi camisa, y yo le acomodé un mechón de pelo detrás de la oreja, rozando su cuello suave. "Eres tan gentil", susurró ella, su aliento cálido en mi cara, oliendo a cilantro y cerveza. La besé entonces, suave al principio, labios probando labios, su boca jugosa y tibia como mango maduro. Ella respondió con ganas, la lengua danzando con la mía, saboreando sal y deseo. Mis manos bajaron a su cintura, apretando esa carne firme, y ella gimió bajito, un sonido que me vibró en el pecho.

No la apures, trying to be nice, hazla disfrutar
. La cargué al cuarto, sus piernas envolviéndome la cadera, besándonos como si el mundo se acabara. La tiré en la cama suave, con sábanas frescas oliendo a suavizante. Me quité la camisa, y ella se lamió los labios viendo mi pecho sudado. "Quítate eso, ricura", le pedí, y se sacó el vestido lento, revelando lencería roja que hacía juego con sus pezones duros asomando. Su piel morena brillaba bajo la luz tenue, curvas perfectas invitándome.

La besé por todo el cuerpo: cuello salado, pechos redondos con sabor a vainilla, bajando al ombligo plano. Sus manos enredadas en mi pelo, tirando suave, gimiendo "¡Ay, wey, qué chido!". Lamí su interior de muslos, oliendo su arousal húmedo y dulce como miel de maguey. Cuando llegué a su concha, ya estaba mojada, labios hinchados pidiendo lengua. La chupé despacio, saboreando cada gota salada-dulce, su clítoris endureciéndose bajo mi boca. Ella arqueó la espalda, gritando "¡Sí, cabrón, así!", las caderas moviéndose contra mi cara, empapándome la barba.

La tensión era insoportable: mi verga dura como piedra, latiendo contra los bóxers. Ella me jaló arriba, quitándome todo con manos temblorosas. "Fóllame ya, Alejandro, pero nice", rogó, ojos vidriosos de puro antojo. Entré en ella despacio, centímetro a centímetro, sintiendo su calor apretado envolviéndome, paredes pulsando como viva. Qué rica, neta. Empecé a moverme, lento al principio, cada embestida un roce profundo que nos hacía jadear. Su olor a sexo llenaba el cuarto, mezclado con sudor y sábanas revueltas.

Aceleramos: ella clavándome las uñas en la espalda, dejando marcas rojas que ardían chido; yo mordiendo su hombro, saboreando piel salada. Los sonidos eran puro desmadre: piel contra piel chapoteando, gemidos roncos, la cama crujiendo como si se fuera a romper. "¡Más fuerte, trying to be nice no más!", gritó ella riendo entre jadeos, y le di con todo, profundo y rápido, sus tetas rebotando hipnóticas. Sentí su orgasmo venir primero: concha apretándome la verga como puño, cuerpo temblando, grito largo y gutural que me erizó la piel.

Me vine segundos después, explotando dentro de ella en chorros calientes, el placer cegándome como flash. Colapsamos jadeando, cuerpos pegajosos de sudor, corazones tronando al unísono. La abracé, besando su frente húmeda, oliendo nuestro sexo mezclado en el aire quieto. "Eres increíble, Sofía", murmuré, y ella sonrió perezosa, trazando círculos en mi pecho con el dedo.

Nos quedamos así un rato, con la lluvia empezando a caer afuera, golpeteando la ventana como aplausos.

Al final, trying to be nice salió mejor de lo planeado
, pensé mientras ella se acurrucaba contra mí, su respiración calmándose. No era solo sexo; era conexión, de esas que te dejan con el alma plena y el cuerpo satisfecho. Mañana, quién sabe, pero esa noche, en mi depa de la Roma, todo era perfecto.

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