Relatos Salvajes
Inicio Sexo en Grupo La Tentación del Calendario Tri La Tentación del Calendario Tri

La Tentación del Calendario Tri

6363 palabras

La Tentación del Calendario Tri

Me acuerdo perfecto ese día en que entré a la tiendita de regalos en la Zona Rosa. El aire olía a incienso de vainilla y a algo más picante, como cuero nuevo mezclado con feromonas. Mis ojos se clavaron en él de inmediato: el Calendario Tri. Tres meses de puro fuego, con fotos de tres morras despampanantes posando en playas de la Riviera Maya, sus cuerpos aceitados brillando bajo el sol, curvas que invitaban a tocar. No era cualquier calendario, neta, era uno erótico, de esos que te hacen mojar las panties con solo hojearlo. Lo compré sin pensarlo dos veces, sintiendo ya el calor subiendo por mis muslos.

Luisa, mi carnala del gym, me había platicado de él. "Es chingón, Ximena, te prende como antorcha", me dijo con esa risa pícara. Yo, Ximena, veintiocho años, soltera pero no santa, lo llevé a mi depa en Polanco. El sol de la tarde se colaba por las cortinas, pintando todo de dorado. Me tiré en la cama king size, con el calendario en las manos. La primera imagen: una güera tetona en bikini diminuto, el agua del mar lamiéndole las piernas. ¿Qué se sentiría esa sal en la piel? pensé, mientras mis dedos rozaban el papel glossy, imaginando su textura suave como piel recién depilada.

Abrí una chela bien fría del refri, el pop del corcho rompiendo el silencio. El aroma amargo me llenó la nariz, pero no calmaba el itch que ya me picaba entre las piernas. Hojeé la segunda página: una morena con el culo en pompa, gotas de sudor perlando su espalda. Mi mano bajó sola, rozando mi short de mezclilla.

¡Órale, Ximena, contrólate! O no...
Me quité la blusa, mis tetas libres saltando, pezones duros como piedras. El ventilador zumbaba arriba, mandando corrientes frescas que me erizaban la piel.

El deseo crecía como ola en la playa. Recordé a Marco y a Diego, mis compas del antro. Marco, el alto con tatuajes y sonrisa de diablo; Diego, el gym rat con abdominales que te hacen babear. Les mandé un whats: "Traigan chelas y vengan ya. Tengo sorpresa del Calendario Tri". No tardaron ni media hora. La puerta sonó con golpes ansiosos, y ahí estaban, oliendo a colonia Axe y a hombre sudado del tráfico.

"¿Qué onda, Xime? ¿Qué es eso del calendario?", preguntó Marco, quitándose la playera, sus músculos flexionándose. Diego ya babeaba viendo el calendario sobre la mesa de centro. "¡Puta madre, eso está cabrón! ¿Vamos a recrearlo?" Reí, sintiendo el pulso acelerado en mi cuello. Sí, carnales, hoy nos volvemos locos.

Acto primero del juego: les pedí que se pusieran en pose de la primera foto. Yo en medio, como la güera del calendario. Marco atrás, sus manos grandes en mi cintura, el bulto de su verga presionando mi culo. Diego enfrente, besándome el cuello, su barba raspándome suave. El olor de sus cuerpos me mareaba: sudor limpio, loción y ese musk varonil que te hace apretar los dientes. "Siente esto, Xime", murmuró Diego, guiando mi mano a su entrepierna dura como fierro.

Nos movimos al sillón de cuero, que crujió bajo nuestro peso. Mis short voló, panties mojadas al piso. Marco me lamió los muslos, su lengua caliente trazando caminos salados. ¡Qué rico! gemí, el sabor de mi propia excitación en el aire. Diego chupaba mis tetas, mordisqueando pezones, enviando chispas directo a mi clítoris. Mi mente era un torbellino:

Esto es mejor que cualquier fantasía del Calendario Tri. Neta, me van a hacer explotar.

La tensión subía como el volumen en una rola de rock. Les pedí que se desabrocharan los jeans. Ver las dos vergas saltando libres me dejó sin aliento: Marco grueso y venoso, Diego larga y curva. Las tomé en mis manos, piel aterciopelada sobre acero, latiendo contra mis palmas. "Chúpamelas, reina", suplicó Marco, voz ronca. Me arrodillé, el piso fresco contra mis rodillas. Primero Diego: sabor salado, venas pulsando en mi lengua. Lo mamé profundo, garganta relajada, sus gemidos como música. Marco se unió, frotando su punta en mi mejilla. El olor almizclado me volvía loca, jugos chorreando por mis piernas.

Pero quería más, como la segunda pose del calendario. "Cógeme los dos", les ordené, empoderada, dueña de la noche. Me recosté en la cama, piernas abiertas. Diego se hundió primero, lento, estirándome delicioso. ¡Ay, cabrón, qué grande! Su ritmo empezó suave, piel chocando piel con palmadas húmedas. Marco se acercó a mi boca, follándome la garganta mientras Diego me taladraba. El cuarto olía a sexo puro: sudor, fluidos, placer crudo. Mis uñas clavadas en las sábanas, el colchón hundiéndose.

Escalamos. Cambiamos: Marco debajo, yo cabalgándolo, su verga golpeando mi G directo. Diego atrás, lubricante fresco chorreando, dedo primero explorando mi ano. "Relájate, Xime, te va a gustar", susurró. Entró despacio, doble penetración como en mis sueños más sucios. Llenos, estirados al límite. Gemidos se mezclaban: míos agudos, suyos guturales. El sudor nos pegaba, cuerpos resbalosos. Sentía cada vena, cada pulso, el roce interno enviando ondas de éxtasis.

Me vengo, me vengo... La ola creció, tensión en mi vientre como resorte. Grité, explotando, chocha contrayéndose ordeñándolos. Marco gruñó primero, caliente llenándome adentro. Diego siguió, jalándose para eyacular en mi espalda, chorros calientes salpicando. Colapsamos, jadeando, pieles pegajosas, el ventilador secando el sudor.

En el afterglow, abracé el Calendario Tri contra mi pecho desnudo. Marco y Diego flanqueándome, manos perezosas acariciando. "Eso fue épico, Xime. Gracias al pinche calendario", dijo Diego riendo. Bebimos las chelas tibias, hablando pendejadas, cuerpos aún temblando.

Neta, esto no acaba aquí. El Calendario Tri nos dio la excusa perfecta para soltarnos.
Afuera, la ciudad zumbaba, pero en mi depa, el mundo era solo nosotros tres, satisfechos, conectados en un lazo de placer puro.

Al día siguiente, lo colgué en la pared, recordatorio vivo. Cada mirada al Calendario Tri me hacía sonreír, el aroma fantasma de esa noche aún en las sábanas. Marco y Diego se volvieron fijos, y las sesiones se multiplicaron. Empoderada, dueña de mis deseos, supe que el verdadero calendario era el de mis orgasmos infinitos.

Contenido Adulto

Este sitio web contiene material explícito y relatos eróticos destinados exclusivamente a adultos. Debes tener al menos 18 años para acceder a relatossalvajes.cc.

Al ingresar, aceptas nuestros términos de servicio y confirmas que resides en una jurisdicción donde el consumo de este material es legal.