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A Huevo La Cagas El Tri Pero Mi Verga No

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A Huevo La Cagas El Tri Pero Mi Verga No

Estábamos en mi depa de Polanco, con el aire acondicionado zumbando bajito y el olor a chelas frías mezclándose con el perfume dulce de Karla, mi morra. Era el partido del Tri contra los gringos, Mundial de nuevo, y la tele gritaba con los narradores locos. Yo, recargado en el sofá de piel, con mi playera verde puesta, sentía el corazón latiéndome como tambor de mariachi. Karla, esa chula con curvas que me volvían loco, se acurrucaba a mi lado, su mano ya juguetona en mi muslo, rozando despacito la costura de mis jeans.

Pinche Tri, no la caguen hoy, pensé mientras Chicharito corría por la banda. El estadio rugía en la pantalla, miles de voces mexicanas coreando, y yo imaginaba el calor húmedo allá en Qatar, el sudor chorreando por las frentes. Karla se rio bajito, su aliento cálido en mi cuello. "Relájate, amor, si pierden te consuelo yo", me dijo con esa voz ronca que me ponía la verga dura al instante. La miré, sus ojos cafés brillando, labios carnosos pintados de rojo, y le di un beso rápido, saboreando su gloss de fresa.

El primer tiempo fue un desmadre. Gol nuestro, euforia pura, saltamos del sofá abrazados, sus tetas suaves apretadas contra mi pecho. Olía a su shampoo de coco, y mis manos bajaron a su culo redondo, apretándolo bajo el short de mezclilla.

Qué chingón sería cogérmela aquí mismo, con el Tri ganando
, se me cruzó por la mente, pero el medio tiempo llegó y nos sentamos a comer unos tacos de suadero que pedimos por app, jugosos y picantes, el cilantro fresco explotando en la lengua.

Segundo tiempo, y a huevo la cagas el Tri. Un penal tonto, defensa dormida, y de repente empatados. Me paré, caminando de un lado a otro, el pulso acelerado, sudor en la frente pese al fresco del cuarto. Karla me jaló de la mano. "Ven, güey, siéntate. Mírame a mí". Se quitó la blusa despacio, quedando en bra de encaje negro, sus pezones ya duros asomando. El sonido del estadio en pánico, el silbato del árbitro, todo se volvió ruido de fondo. Mi verga palpitaba, dura como piedra.

La jalé hacia mí, nuestros cuerpos chocando con un plaf suave de piel contra piel. Sus labios en los míos, lengua danzando, sabor a salsa verde y deseo. Manos por todos lados: las mías desabrochando su bra, liberando esas tetas perfectas, pesadas y firmes, pezones cafés como chocolate. Los chupé, succionando fuerte, oyendo sus gemidos ahogados contra mi pelo. "Ay, cabrón, qué rico", jadeó ella, arqueando la espalda. El olor de su arousal subía, almizclado y dulce, mojando sus panties.

Pero el Tri seguía cagándola. Otro gol en contra, y grité: "¡A huevo la cagas el Tri, pendejos!". Karla se rio, bajándome el zipper. "Pues mi verga no la va a cagar", murmuró, sacándola al aire, gruesa y venosa, la cabeza brillante de precum. Su mano tibia la envolvió, masturbándome lento, el roce áspero de su palma enviando chispas por mi espina. Me recargué, ojos entrecerrados, el volumen de la tele bajo ya, solo sus jadeos y el shlick shlick de su mano.

La recosté en el sofá, quitándole el short y las panties de una. Su panocha depilada, labios hinchados y rosados, brillando de jugos. Olía a sexo puro, a mujer en celo. Me arrodillé, lengua directo al clítoris, lamiendo círculos, saboreando su salado dulce. Ella se retorcía, uñas en mi cabeza, "¡Sí, amor, chúpame así, no pares!". Sus muslos temblaban contra mis orejas, piel suave como seda, calor irradiando. Introduje dos dedos, curvándolos, tocando ese punto que la hacía gritar, jugos chorreando por mi barbilla.

Olvídate del pinche Tri, esto es lo que importa, su coño apretado esperándome
, pensé mientras la ponía a cuatro patas, el sofá crujiendo. Mi verga rozó su entrada, resbalosa, y empujé despacio. Entró como en mantequilla, caliente, envolviéndome en terciopelo húmedo. Plap plap plap, el sonido de carne contra carne, sus nalgas rebotando contra mi pelvis. Agarré sus caderas, embistiendo más fuerte, sudor goteando de mi frente a su espalda.

Karla volteó, ojos vidriosos de placer. "Más duro, wey, dame verga como hombre". Aumenté el ritmo, bolas golpeando su clítoris, el cuarto lleno de nuestros olores: sudor, sexo, chela derramada. Ella se tocaba el clítoris, gemidos convirtiéndose en gritos, "¡Me vengo, cabrón, no pares!". Su panocha se contrajo, ordeñándome, jugos salpicando mis muslos. Resistí, queriendo durar, volteándola para misionero, piernas en mis hombros, penetrándola profundo.

Sus tetas rebotaban con cada thrust, pezones duros rozando mi pecho. Besos salvajes, dientes mordiendo labios, lenguas enredadas. Sentía mi orgasmo subiendo, bolas apretadas, pinche paraíso. "Córrete adentro, amor, lléname", suplicó. Y exploté, chorros calientes llenándola, gruñendo como bestia, visión borrosa. Ella se vino otra vez, uñas clavándose en mi espalda, un grrr gutural escapando de su garganta.

Colapsamos, jadeando, cuerpos pegajosos de sudor, mi verga aún dentro, palpitando suave. La tele mostraba el final: Tri perdido, pero qué chingados. Karla me besó la frente, su pelo revuelto oliendo a sexo. "Ves, güey, el Tri la caga a huevo, pero nosotros no". Reí, abrazándola, el corazón calmado ahora, solo el zumbido del AC y nuestros suspiros.

Nos quedamos así un rato, ella trazando círculos en mi pecho con la uña, piel erizada aún. Pedimos más chelas, frías y espumosas, brindando por la próxima.

La neta, estos momentos son los que valen, su cuerpo contra el mío, olvidando derrotas
. Me incorporé, llevándola a la cama, donde el colchón king nos recibió mullido. La puse de lado, cucharita, verga deslizándose de nuevo en su coño resbaloso de semen y jugos.

Esta vez lento, sensual, embestidas profundas que nos hacían gemir bajito. Su mano entre las piernas, masturbándose, mi brazo alrededor apretando una teta. Olía a nosotros, almizcle intenso, piel salada bajo mi lengua en su cuello. "Te amo, pinche perra caliente", le susurré juguetón. Ella rio, contrayéndose. "Y yo a ti, pendejo futbolero". Ritmo building again, suspiros convirtiéndose en jadeos, el chap chap húmedo llenando la habitación.

Me vine suave, llenándola más, ella temblando en oleada pequeña. Nos dormimos enredados, piernas entrelazadas, su respiración rítmica en mi oído. Al día siguiente, desperté con sol filtrándose por las cortinas, su mano en mi verga matutina. "¿Revancha?", sonrió pícara. Y así, el Tri cagado quedó atrás, solo pasión mexicana pura.

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