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Pasión Desatada con la Música de Rock del Tri

6950 palabras

Pasión Desatada con la Música de Rock del Tri

El bar estaba a reventar esa noche en el corazón de la Condesa, con luces neón parpadeando al ritmo de las guitarras roncas. Tú entraste sudando un poco por el calor de la calle, el aire cargado de humo de cigarro y ese olor inconfundible a cerveza fría mezclada con perfume barato. Qué chido lugar, pensaste, mientras tus ojos se adaptaban a la penumbra. La banda en el escenario tronaba con música de rock del Tri, esa pura madre que te erizaba la piel: "Piedras contra el vidrio" retumbando en los parlantes, el bajo vibrando en tu pecho como un latido acelerado.

Ahí la viste, recargada en la barra, con una chela en la mano y el cuerpo meneándose sutil al son de la rola. Morena, curvas que se marcaban bajo una blusa negra ajustada, jeans rotos que dejaban ver piel morena y suave. Su cabello negro suelto caía en ondas salvajes, y cuando volteó, sus ojos cafés te clavaron como alfileres.

¿Qué wey tan guapo?,
imaginaste que pensó ella, porque su sonrisa se curvó pícara, invitadora. Te acercaste, el sudor de tu nuca resbalando, el ruido de la multitud ahogando todo menos el pulso de la música.

—Qué onda, carnal —le dijiste, gritando por encima del solo de guitarra—. ¿Te late la música de rock del Tri?

Ella rio, un sonido gutural que te llegó al alma, y se acercó tanto que sentiste el calor de su aliento con olor a tequila. —Neta, me prende cañón. Soy Laura. ¿Y tú?

—Javier. Pero llámame Javi, como todos.

Charlaron de rolas, de cómo El Tri siempre te hace sentir vivo, rebelde. Ella pedía otra chela y te la pasaba, sus dedos rozando los tuyos, un toque eléctrico que te hizo tragar saliva. El bar olía a fritanga de la taquería de al lado, pero en ella solo captabas su perfume dulce, mezclado con el sudor fresco de su escote. Bailaron pegaditos cuando sonó "Abuso de autoridad", sus caderas chocando contra las tuyas, el roce de su nalga firme contra tu entrepierna. Ya me la puso dura esta morra, pensaste, mientras tu mano bajaba por su cintura, sintiendo la curva de su cadera bajo la tela áspera de los jeans.

La tensión crecía con cada acorde distorsionado. Sus pechos se apretaban contra tu torso al ritmo, duros pezones marcándose como promesas. Olías su cabello, champú de coco y algo más animal, deseo crudo. Ella volteaba la cara, labios carnosos entreabiertos, y te lamía el lóbulo de la oreja susurrando: —Me traes loca, Javi. Vámonos de aquí.

No lo pensaste dos veces. Salieron tomados de la mano, el aire nocturno fresco contrastando con el fuego en sus venas. Caminaron tres cuadras hasta su depa en una colonia chida, con vista al Parque México. Adentro, todo era desorden rockero: posters de El Tri en las paredes, una guitarra eléctrica en la esquina, y el estéreo ya encendido con más música de rock del Tri, "Triste canción de amor" flotando suave ahora, melancólica pero ardiente.

Acto dos: la escalada. Laura te jaló al sillón, sentándose a horcajadas sobre ti. Sus manos exploraban tu pecho, desabotonando tu camisa con urgencia, uñas rojas arañando leve tu piel, dejando rastros rojos que ardían delicioso. Tú subiste las manos por sus muslos, apretando la carne tibia, subiendo hasta desabrocharle el brasier por debajo de la blusa. Sus tetas saltaron libres, redondas, pezones cafés duros como piedras. Los chupaste, saboreando el salado de su piel, el gemido que soltó vibrando contra tu lengua.

¡Ay, wey, qué rico! —gruñó ella, moliéndose contra tu verga tiesa, sintiendo cómo palpitaba bajo el pantalón.

La música seguía, el riff de guitarra marcando el pulso de sus corazones acelerados. La desvestiste despacio, saboreando cada centímetro: jeans bajando por piernas largas, revelando calzones negros empapados. Olía a ella, a panocha mojada, almizcle que te volvía loco. Tus dedos se colaron ahí, resbalosos por sus jugos, frotando el clítoris hinchado. Ella jadeaba, arqueando la espalda, uñas clavadas en tus hombros.

Esto es puro fuego, no aguanto más
, pensaste, mientras la volteabas boca abajo en el sillón, besando su nuca, lamiendo el sudor que perlaba su espinazo.

Le bajaste los calzones, exponiendo su culo perfecto, redondo. La música tronaba ahora "Las chicas son guerreras", empoderándola, y ella se veía así: fiera, dueña de su placer. Tú te quitaste todo, verga saltando libre, venosa y lista. Ella volteó, ojos brillantes de lujuria: —Cógeme, Javi. Pero despacito primero.

Entraste en ella de rodillas, centímetro a centímetro, sintiendo las paredes calientes apretándote, húmedas como terciopelo. El olor a sexo llenaba la habitación, mezclado con el humo de su vela de vainilla en la mesa. Se movían al ritmo de la rola, lento al inicio, sus caderas subiendo a encontrar las tuyas. Gemidos ahogados, piel chocando con palmadas suaves, sudor resbalando entre vuestros cuerpos. Tus manos amasaban sus tetas, pellizcando pezones, mientras ella se retorcía, internalizando el placer: este wey me llena cabrón, me va a hacer venir como nunca.

La volteaste de nuevo, misionero en el piso alfombrado, piernas de ella en tus hombros. La música de rock del Tri seguía de fondo, ahora "ADIV" acelerando todo. Bombeabas más fuerte, profundo, el slap-slap de carne contra carne, sus jugos chorreando por tus bolas. Ella clavaba las uñas en tu espalda, arañando, gritando: —¡Más duro, pendejo! ¡No pares!

El clímax se acercaba, tensión enredada como cables de guitarra. Sentías su coño contrayéndose, ordeñándote, mientras tú contenías el chorro, prolongando el éxtasis. Besos salvajes, lenguas enredadas con sabor a tequila y saliva dulce.

Acto tres: la liberación. Ella vino primero, un grito ronco que ahogó la música, cuerpo temblando, paredes internas pulsando como un corazón desbocado. Olías su orgasmo, esencia femenina pura. Tú la seguiste, explotando dentro, chorros calientes llenándola, el placer cegador, venas latiendo al unísono con el bajo del Tri.

Colapsaron juntos, jadeantes, piel pegajosa de sudor y fluidos. La música bajó a un susurro, "Todo me sale mal" sonando irónica pero tierna. Laura se acurrucó en tu pecho, dedo trazando círculos en tu piel, riendo bajito. —Neta, Javi, eso estuvo de poca madre. La música de rock del Tri siempre me pone así de caliente.

Tú la besaste la frente, oliendo su cabello revuelto, sintiendo la paz post-sexo, pulsos calmándose.

Esto no fue solo un revolcón, hay algo aquí
, pensaste, mientras el amanecer teñía las cortinas. Se quedaron así, envueltos en sábanas revueltas, prometiendo más noches de rock y pasión, el eco de las guitarras aún vibrando en sus almas entrelazadas.

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