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El Blacked Trio que me Enloqueció

6254 palabras

El Blacked Trio que me Enloqueció

Estaba en el resort de Cancún, ese paraíso de playas turquesas y noches que huelen a sal y coco. Yo, Ana, una chilanga de veintiocho pirulos que se la pasa entre el caos de la CDMX y escapadas como esta para desconectarme. El sol del día me había dejado la piel dorada y el cuerpo pidiendo aventura. En el bar de la piscina, con un michelada helada en la mano, vi a esos dos morenos que parecían sacados de un sueño húmedo. Jamal y Tyrone, dos gringos negros, altos como torres, con músculos que se marcaban bajo camisas ajustadas y sonrisas que prometían pecado.

Ellos me miraron primero, con ojos que devoraban cada curva de mi bikini rojo. ¿Qué onda, güerita? ¿Quieres compañía? me dijo Jamal, con ese acento yankee que me erizaba la piel. Tyrone se acercó, su mano rozando la mía al pasarme una cerveza. Neta, el aire se cargó de electricidad. Hablamos pendejadas: de la playa, de tacos al pastor que extrañaban, de cómo México les volvía locos. Pero bajo las risas, sentía sus miradas en mis tetas, en mis muslos, y mi panocha ya palpitaba. Esto es lo que necesitaba, pensé. Un blacked trio en vivo, no como esos videos que me masturbo viendo en la neta soledad de mi depa.

La tensión creció con cada trago. Jamal me contó que eran amigos de la universidad, ahora en vacaciones, buscando diversión sin ataduras. Tyrone, el más callado, me susurró al oído: Eres fuego, mami. Su aliento cálido olía a ron y menta, y juro que mis pezones se endurecieron al instante. Yo, empoderada y cachonda, les propuse: ¿Vienen a mi suite? Tengo tequila y vista al mar. No dudaron. Caminamos por el pasillo del hotel, mi corazón latiendo como tambor de cumbia, el eco de sus pasos fuertes detrás de mí.

¿Y si es demasiado? No, pendeja, esto es tuyo. Tú lo quieres. Dos vergas negras enormes, listas para ti.

En la suite, las luces tenues del atardecer pintaban todo de naranja. Abrí el tequila, serví shots. El primer beso fue de Jamal: sus labios gruesos, su lengua invadiendo mi boca con sabor a sal y deseo. Tyrone observaba, su mano ya en mi cintura, bajando despacio. Desnúdate para nosotros, murmuró Jamal. Me quité el bikini lento, sintiendo sus ojos como caricias. Mis tetas saltaron libres, pezones duros como piedras. Ellos se desvistieron: torsos esculpidos, abdominales que brillaban con sudor ligero, y cuando vi sus vergas... ¡Madre mía! Gruesas, venosas, oscuras como chocolate negro, paradas y listas. Olían a hombre puro, a almizcle que me mareaba.

Me arrodillé entre ellos, el piso fresco contra mis rodillas. Tomé la de Jamal primero, lamiendo la punta salada, sintiendo su pulso en mi lengua. Así, chula, trágatela, gimió él, su mano en mi pelo. Tyrone se acercó, su verga rozando mi mejilla. Las chupé a las dos, alternando, saliva goteando, el sonido húmedo llenando la habitación. Sus gemidos roncos, como truenos lejanos, me ponían más mojada. Mi panocha chorrea, el olor de mi excitación mezclándose con el de ellos.

Jamal me levantó como pluma, me tiró en la cama king size. Sus manos grandes amasaron mis tetas, pellizcando pezones hasta que grité de placer. Tyrone se unió, besando mi cuello, mordiendo suave. Bajaron juntos, lenguas expertas lamiendo mi ombligo, mis caderas. Estás empapada, carnal, dijo Tyrone, su aliento en mi clítoris. Jamal abrió mis labios con dedos gruesos, metiendo dos adentro, curvándolos justo ahí, el punto G que me hacía arquear la espalda. Tyrone lamió mi botón, chupando fuerte, mientras Jamal me besaba, ahogando mis gritos.

La intensidad subía. Esto es el blacked trio perfecto, pensé, mientras ondas de placer me recorrían. Me corrieron así, mi cuerpo temblando, jugos salpicando sus caras. Pero querían más. Me puse a cuatro patas, el colchón hundiéndose bajo mi peso. Jamal atrás, su verga empujando lento mi entrada. ¿La quieres, puta rica? Sí, cógeme, wey, rómpeme, supliqué. Entró centímetro a centímetro, estirándome delicioso, llenándome hasta el fondo. El dolor-placer me nubló la vista, su piel negra contrastando con mi morena, sudor goteando.

Tyrone enfrente, metiendo su verga en mi boca. Los cogía los dos al ritmo, embestidas sincronizadas. El slap-slap de carne contra carne, gemidos guturales, mi garganta llena. Jamal aceleró, sus bolas golpeando mi clítoris, manos en mis caderas morenas de moretones. Te voy a llenar, mija, gruñó. Tyrone jaló mi pelo: Trágate todo. El orgasmo me pegó como ola gigante, mi panocha contrayéndose alrededor de Jamal, ordeñándolo. Él se vino adentro, caliente, espeso, mientras Tyrone explotaba en mi boca, semen salado que tragué ansiosa.

Cambiaron posiciones. Tyrone me tumbó de espaldas, piernas en hombros, penetrándome profundo. Jamal se sentó en mi cara, su culo firme sobre mi lengua. Lo lamí todo, ano, bolas, mientras Tyrone me martilleaba, su verga rozando spots que me volvían loca. Sudor chorreaba, sábanas empapadas, habitación oliendo a sexo puro: semen, sudor, panocha abierta. Mis uñas en la espalda de Tyrone, arañando, dejando marcas rojas en su piel negra.

Neta, soy una diosa. Este blacked trio es mío, lo controlo, lo vivo.

El clímax final fue brutal. Tyrone se vino dentro, uniéndose al semen de Jamal, desbordando. Yo grité, convulsionando, el placer tan intenso que vi estrellas. Colapsamos en un enredo de cuerpos: sus pieles oscuras contra la mía, respiraciones agitadas, besos suaves post-sexo. El mar rugía afuera, brisa fresca entrando por la ventana.

Después, tumbados, fumamos un cigarro –bueno, yo uno mentolado–. Jamal acariciaba mi pelo: Eres increíble, Ana. Tyrone: Vuelve a llamarnos si quieres round dos. Reí, empoderada, satisfecha hasta los huesos. Esto no fue solo cogida, pensé. Fue liberación, conexión cruda. Mañana vuelvo a la CDMX, pero llevo este blacked trio grabado en la piel, en el alma. Una noche que me cambió, que me hizo sentir viva, deseada, dueña de mi placer.

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