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Para Que Sirve El Try En La Piel Ardiente

7003 palabras

Para Que Sirve El Try En La Piel Ardiente

Me llamo Ana, tengo veintiocho años y vivo en un departamentito chido en la Condesa, de esos con balcón donde se oye el bullicio de la ciudad pero sin tanto desmadre. Esa noche, el aire estaba cargado de ese olor a lluvia fresca que tanto me prende, sabes, cuando las gotas caen tibias sobre el asfalto caliente. Estaba sola, recargada en el sillón de piel sintética que cruje un poco cuando me muevo, con una chela fría en la mano, sudando gotitas en el vidrio. Revisaba mis mensajitos cuando vi un paquete discreto en la mesa de centro. Lo había pedido por curiosidad, neta, después de ver un anuncio en redes: Try, el gel que despierta sensaciones nuevas. Pero ahora, mirándolo, me pregunté para qué sirve el Try de verdad. ¿Sería puro marketing o algo que valiera la pena probar?

El empaque era negro mate, con letras plateadas que brillaban bajo la luz amarillenta de la lámpara. Lo abrí con las uñas pintadas de rojo fuego, y saqué el tubito pequeño, suave al tacto, como terciopelo. Olía a vainilla y algo picante, como canela mexicana de la buena. Me mordí el labio, sintiendo un cosquilleo en el estómago.

¿Y si invito a Luis? Ese wey siempre anda listo para experimentar
, pensé, mientras mis dedos ya jugaban con el cierre del blusón holgado que traía. Saqué el celular y le mandé un audio: "Órale, carnal, ven pa'cá. Tengo una sorpresa que te va a volar la cabeza".

No pasaron ni veinte minutos cuando timbró la puerta. Abrí y ahí estaba él, con su playera ajustada que marcaba los pectorales duros de tanto gym, jeans desgastados y esa sonrisa pícara que me hace derretir las rodillas. Olía a colonia barata pero sexy, mezclada con el sudor ligero de la calle. "Qué onda, morra, ¿qué traes?", dijo mientras me jalaba pa' dentro y me plantaba un beso que sabía a chicle de menta y promesas. Lo guie al sillón, le puse la chela en la mano y le enseñé el Try. Sus ojos se agrandaron como platos. "¿Para qué sirve el Try este, Ana? ¿Es lo que pienso?" Reí bajito, sintiendo el calor subir por mi cuello. "Pues ni idea, wey, pero vamos a averiguarlo juntos. ¿Le entras o qué?"

Acto uno del jueguito: nos sentamos pegaditos, piernas entrelazadas, el roce de sus pantalones ásperos contra mis muslos lampiños. Le conté cómo lo vi en línea, prometiendo "sensaciones intensas que despiertan cada nervio". Él lo tomó, leyó las instrucciones en voz alta con su voz grave que vibra en mi pecho: "Aplica en zonas erógenas, espera el cosquilleo y disfruta". Se rió, pero sus pupilas ya estaban dilatadas, negras como la noche. Me acerqué, aspirando su aliento cálido, y le unté un poquito en el cuello, justo donde late la vena. Suspiró hondo, piel erizándose al instante. "¡Puta madre, Ana! Se siente como chispas, pero calientito". Mi mano temblaba un chingo cuando él me lo devolvió y me lo puso en el lóbulo de la oreja, bajando despacito por la clavícula. El gel se absorbía rápido, dejando un ardor placentero que se expandía como ondas en un estanque, despertando hormigueos en lugares que ni recordaba sensibles.

La tensión crecía como tormenta en el DF, nubes pesadas listas pa' reventar. Nos fuimos al cuarto, la cama king size con sábanas de algodón egipcio que olían a lavanda de mi detergente favorito. La luz de la luna se colaba por las cortinas entreabiertas, pintando sombras suaves en su torso desnudo cuando se quitó la playera. Yo me desabroché el blusón, dejando que cayera al piso con un susurro sedoso. Sus ojos me devoraban, recorriendo mis curvas, los pezones ya duros como piedritas bajo el brasier de encaje negro. "Estás cañona, mi reina", murmuró, jalándome contra él. Nuestros cuerpos chocaron, piel contra piel caliente, el Try ya haciendo de las suyas en mi vientre bajo, donde él untó más gel con dedos firmes pero tiernos.

En el medio del desmadre, las cosas se pusieron intensas. Me recargó en la cabecera, besos húmedos bajando por mi cuello, lengua trazando caminos que ardían delicioso gracias al gel. Gemí bajito, el sonido rebotando en las paredes insonorizadas.

Neta, este wey sabe cómo hacerme volar
, pensé mientras mis uñas se clavaban en su espalda ancha, dejando surcos rojos que él adoraba. Él se arrodilló entre mis piernas abiertas, el aire fresco lamiendo mi humedad creciente. Aplicó más Try en mis muslos internos, y ¡órale! Fue como electricidad suave, pulsos que subían directo al clítoris hinchado. "Siente eso, amor", susurró, su aliento caliente rozándome. Lamidas lentas, circulares, el sabor salado mío mezclado con la vainilla del gel. Mis caderas se arqueaban solas, buscando más, el colchón hundiéndose bajo mi peso. Él gruñía contra mi piel, vibraciones que me volvían loca.

Pero no era solo físico; había algo más profundo. Mientras sus dedos exploraban, untando gel en mi entrada palpitante, le confesé mis miedos internos. "A veces pienso que soy muy intensa pa'ti, Luis. ¿No te cansas de mis locuras?" Él levantó la cara, ojos brillosos de deseo y cariño genuino. "Jamás, pendejita. Por eso te amo, por esto, por querernos probar cosas nuevas". Sus palabras me calaron hondo, disolviendo la inseguridad como el gel en la piel. Volvió a mí con más hambre, dedos curvándose dentro, rozando ese punto que me hace ver estrellas. El olor a sexo llenaba el cuarto, almizcle dulce y sudor, mezclado con la canela ardiente. Mis jadeos se volvían gritos ahogados, "¡Sí, cabrón, así! ¡No pares!". Él se incorporó, quitándose los jeans con prisa, su verga dura saltando libre, venosa y lista. Untó Try en la punta, y cuando me penetró despacio, fue explosión pura: el gel amplificaba cada roce, cada embestida profunda que llenaba mi interior con fuego líquido.

Nos movíamos en ritmo perfecto, cuerpos sudados chocando con palmadas húmedas, el catre crujiendo como si fuera a romperse. Yo arriba ahora, cabalgándolo con furia, pechos rebotando, manos en su pecho peludo. Él me amasaba las nalgas, guiándome más hondo. "¡Dime para qué sirve el Try, morra!", jadeó entre risas roncas. "¡Pa' esto, wey! ¡Pa' volvernos locos de placer!", grité, sintiendo el orgasmo trepando como lava. El clímax nos golpeó juntos: yo convulsionando alrededor de él, chorros calientes mojando sus bolas; él gruñendo mi nombre, llenándome con pulsos calientes que se sentían eternos gracias al gel. Caímos exhaustos, enredados, piel pegajosa y temblorosa.

En el afterglow, la lluvia arrecia afuera, tamborileando en la ventana como aplausos. Nos quedamos así, respiraciones calmándose, él acariciándome el pelo húmedo. "Neta, Ana, para qué sirve el Try? Pa' unirlo más a ti", dijo bajito, besándome la frente. Sonreí, saboreando el remanente vainillado en sus labios. No era solo sexo; era conexión, descubrimiento mutuo en esta jungla urbana. Mañana probaríamos más, pero esa noche, en brazos del amor, todo valía la pena.

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