Pitón Try Except Finally
Estaba en mi cubículo del trabajo en Polanco, rodeada de pantallas parpadeantes y el zumbido constante de los aires acondicionados. Yo, Ana, programadora chida de veintiocho años, con mi café negro en la mano y el cabello recogido en una coleta desordenada. Ese día, el código no me salía. Frustrada, tecleé furiosamente: try: algo nuevo. except Exception: maneja el error. finally: siempre ejecuta. Python try except finally, mi mantra diario para no volverme loca con los bugs.
Entonces llegó el correo: meetup de developers en la Roma. "¿Por qué no?", me dije. Necesitaba distraerme. Me puse mi falda negra ajustada, blusa escotada que dejaba ver justo lo suficiente, y tacones que me hacían sentir pinche poderosa. El lugar era un bar hipster con luces neón y olor a craft beer y tacos al pastor flotando en el aire.
Allí lo vi. Diego, alto, moreno, con barba de tres días y ojos que brillaban como código bien indentado. Estaba platicando de machine learning, pero yo solo oía su voz grave, ronca, como un bajo retumbando en mi pecho. Nuestras miradas se cruzaron.
"Órale, güey, este cuate es un chingón", pensé, sintiendo un cosquilleo entre las piernas.Me acerqué con una chela en la mano. "¿Pythonista?", le pregunté sonriendo. Él rio, "Try except finally, ¿no?". Coincidencia perfecta. Hablamos horas: de bugs, de deployments fallidos, de la vida en CDMX que a veces parece un loop infinito.
La tensión crecía con cada sorbo. Su rodilla rozaba la mía bajo la mesa, un toque eléctrico que me erizaba la piel. Olía a colonia fresca con un toque de sudor masculino, delicioso. "¿Vienes a mi depa? Vivo cerca, en la Condesa", soltó al fin. Mi pulso se aceleró. Try: aceptar. Except: si es pendejo. Finally: sexo chido.
Acto uno: la chispa. Llegamos a su departamento minimalista, con vistas a los árboles de Ámsterdam. Luces tenues, música de Natalia Lafourcade de fondo, suave como caricia. Me sirvió un mezcal ahumado, el vaso frío contra mis labios, el líquido quemándome la garganta con sabor a humo y promesas. Nos sentamos en el sofá de piel suave, nuestros muslos pegándose. Su mano en mi nuca, tirando suavemente de mi coleta. Nuestros labios se rozaron primero, tentative, como un if statement. Su boca sabía a tequila y deseo, lengua explorando la mía con hambre contenida.
Me levantó en brazos, fuerte, seguro. "Eres preciosa, Ana", murmuró contra mi cuello, su aliento caliente haciendo que mi piel se pusiera de gallina. Me llevó a la recámara, cama king size con sábanas de algodón egipcio que olían a lavanda fresca. Me recostó despacio, sus ojos devorándome. Desabotonó mi blusa con dedos temblorosos, revelando mis tetas en encaje negro. Las besó, lamió los pezones hasta que se endurecieron como piedritas, enviando descargas directas a mi clítoris palpitante.
Pero aquí empezó el juego. Yo quería más, quería montarlo como una jefa. Le quité la playera, admirando su pecho definido, vello oscuro bajando hasta el ombligo. Desabroché su jeans, y ahí estaba: su pitón, grueso, venoso, latiendo bajo el bóxer. "Python try except finally", susurré riendo, y él soltó una carcajada ronca. "¿En serio? Explícame eso en la cama".
Acto dos: la escalada. La habitación se llenó de nuestros jadeos, el aire pesado con olor a excitación, piel sudada y feromonas. Intenté bajarle el bóxer, pero se enganchó en su erección enorme. Try: jalón suave. Except ValueError: se atoró. Reímos, él lo arregló con un movimiento hábil, liberando al monstruo. Lo tomé en mi mano, piel aterciopelada sobre acero, caliente, pulsando. Lo masturbé despacio, sintiendo cada vena bajo mis dedos, el precum salado en mi lengua cuando lo probé. "Chingón", gemí.
Él me desvistió del todo, sus manos grandes amasando mis nalgas, dedos hundiéndose en mi carne suave. Me abrió las piernas, inhalando mi aroma almizclado. "Estás chorreando, nena", dijo con voz husky. Su lengua en mi coño fue fuego: lamió mi clítoris hinchado, chupó mis labios mayores, metió dos dedos curvados rozando mi punto G. Grité, arqueándome, uñas clavándose en su espalda. El sonido de su succión obscena, mis jugos goteando, el slap de su boca contra mi carne húmeda.
"No pares, cabrón, me vas a hacer venir ya", pensé, mordiéndome el labio.
Pero quise control. Lo empujé boca arriba. Try: montarlo a lo cowgirl. Mi coño resbaloso rozó la cabeza de su pitón, pero el ángulo falló, resbalé. Except AngleError: risa compartida, sudor perlando su frente. Ajustamos, yo de rodillas, él guiándome con manos en mis caderas. Finalmente, lo sentí: la punta abriéndose paso, estirándome deliciosamente. Bajé despacio, centímetro a centímetro, su grosor llenándome hasta el fondo. "¡Python try except finally!", exclamé triunfante, y él gruñó, "Sí, joder, eres perfecta".
Cabalgaba con ritmo creciente, tetas rebotando, su mirada clavada en ellas. El slap de mi culo contra sus muslos, el squelch de mi coño tragándoselo entero. Sudor goteando entre mis pechos, su olor masculino invadiéndome, gusto salado cuando lamí su cuello. Él embestía arriba, golpeando profundo, roces en mi clítoris con cada thrust. La tensión subía: mis paredes contrayéndose, su pitón hinchándose más. "Más rápido, Ana, chíngame duro", rogó. Aceleré, jadeos sincronizados, corazón latiendo como tambores aztecas.
Inner struggle: quería durar, saborear, pero el orgasmo acechaba como un deadline. Sus manos pellizcando mis pezones, tirando, placer-pain exquisito. Olía a sexo puro, a nosotros mezclados.
"No resistas, déjate ir, pero hazlo épico", me dije.Cambiamos: él encima, misionero intenso. Piernas en sus hombros, penetrando tan hondo que veía estrellas. Sus bolas golpeando mi perineo, ritmo frenético.
Acto tres: la liberación. El clímax llegó como un commit exitoso. Finally: exploté primero, coño convulsionando, chorros calientes empapando las sábanas. Grité su nombre, "¡Diego, sí, cabrón!", uñas arañando su espalda, visión borrosa de placer cegador. Él siguió bombeando, gruñendo como bestia, hasta que se tensó, pitón palpitando dentro de mí, llenándome de semen caliente, chorros potentes que sentía salpicar mis paredes.
Colapsamos, entrelazados, piel pegajosa, respiraciones entrecortadas. Su peso sobre mí reconfortante, pitón ablandándose aún dentro. Besos perezosos, lenguas lentas. "Mejor que cualquier código", murmuró él, riendo bajito. Yo asentí, oliendo nuestro afterglow: semen, sudor, esencia compartida.
Nos duchamos juntos después, agua caliente cascando sobre cuerpos exhaustos, jabón espumoso en curvas y músculos. Manos explorando sin prisa, risas por el jabón resbaloso. "Otro round?", propuse juguetona. Él sonrió, "Try except finally, siempre". Pero esa noche, el finally fue perfecto: cierre emocional, conexión más allá del código.
Desperté con sol filtrándose por las cortinas, su brazo alrededor de mi cintura. CDMX rugía afuera: cláxones, vendedores ambulantes. Pero aquí, paz.
"Esto no fue un bug, fue feature completa", pensé sonriendo.Python try except finally: intentos fallidos, errores superados, y al final, éxtasis puro.