Traductor Try Me La Traductora Tentadora
Entraste al bar en Polanco con el pulso acelerado, el aire cargado de ese olor a tequila reposado y jazmín fresco que flotaba desde las mesas. La noche en la Ciudad de México siempre tenía ese vibe chido, lleno de promesas. Te sentaste en la barra, pidiendo un mezcal neat, cuando la viste: ella, con su blusa escotada negra que abrazaba sus curvas como un secreto bien guardado, el cabello negro suelto cayendo en ondas salvajes sobre los hombros. Sus ojos cafés te clavaron en el sitio, y en su pecho, colgando de una cadena plateada, un dije que decía Traductor Try Me.
—Órale, güey, ¿qué se te ofrece? —te dijo con una sonrisa pícara, su voz ronca como el eco de un corrido prohibido.
Le sonreíste de vuelta, sintiendo el calor subir por tu cuello. Eras un tipo normal, de veintiocho, trabajando en marketing, pero esa noche querías algo más. —Soy Ana —se presentó, deslizando su cuerpo al taburete de al lado—. Traductora freelance. Traductor try me, ¿ves? Pruébame con lo que quieras.
El desafío en sus labios te prendió como yesca. Pediste otra ronda, y empezaste con algo inocente: traduce “I want to taste your lips”. Ella se inclinó, su aliento cálido rozando tu oreja, oliendo a menta y algo más dulce, como miel de maguey.
Quiere probar tus labios... pero no solo eso, ¿verdad? ¿Qué más quieres que te traduzca, papi?
Su acento mexicano, juguetón y callejero, te erizó la piel. El bar zumbaba con risas y el tintineo de vasos, pero entre ustedes el mundo se achicaba. Le dijiste una frase más sucia: “Your pussy is calling my name”. Ana soltó una carcajada baja, sensual, sus tetas subiendo y bajando con el movimiento.
—Tu panocha me está llamando por mi nombre —tradujo despacio, cada palabra como un lametón—. ¿Try me otra vez? ¿O ya te animas a probar el original?
El deseo te golpeó como un trago de raicilla. Sus dedos rozaron tu muslo bajo la barra, un toque eléctrico que te hizo apretar los dientes. Pagaste la cuenta, y en minutos estaban en la calle, el viento nocturno fresco contra tu piel caliente, caminando hacia su depa en una torre reluciente a dos cuadras.
La puerta se cerró con un clic suave, y Ana te empujó contra la pared del pasillo. Su boca se estrelló en la tuya, labios carnosos saboreando a mezcal y lipstick cherry. Mmm, gemiste, tus manos bajando por su espalda hasta esa nalga firme que pedía ser apretada. Ella olía a perfume vainilla mezclado con el sudor leve de anticipación, un aroma que te volvía loco.
—Despacio, cabrón —susurró contra tu cuello, mordisqueando la piel hasta dejarte un chupetón—. Primero el buildup. ¿Quieres que te traduzca lo que mi cuerpo dice?
Te llevó a su recámara, luces tenues de neón filtrándose por las cortinas, el colchón king size invitando. Se quitó la blusa con lentitud tortuosa, revelando un bra push-up rojo que apenas contenía sus pechos llenos. Tus ojos se devoraban su piel morena, suave como crema batida. Ella te jaló la camisa, sus uñas arañando tu pecho, enviando chispas directo a tu verga que ya palpitaba dura dentro del pantalón.
Caíste en la cama, ella encima, montándote como una reina. Sus caderas se mecían en círculos lentos, el roce de su falda contra tus jeans un tormento delicioso. —Try me ahora, traductor o no —jadeó, guiando tu mano bajo su falda. No traía calzón, solo humedad caliente resbalando por sus muslos. Tus dedos exploraron esa concha jugosa, hinchada y lista, el olor almizclado de su excitación llenando la habitación como un afrodisíaco puro.
¡Qué chingón! pensaste, mientras ella se arqueaba, gimiendo bajito, ese sonido gutural que te hacía querer devorarla entera. Introdujiste un dedo, luego dos, sintiendo sus paredes apretarte, chorreando jugo que te manchaba la mano. Ana cabalgaba tu mano, tetas rebotando, pezones duros como balas rosadas asomando por el bra.
—¡Más, pendejo! Pruébame con tu lengua —exigió, volteándose en un 69 perfecto. Su culo redondo en tu cara, esa raja húmeda brillando. Bajaste la boca, lamiendo desde el clítoris hinchado hasta su ano, saboreando salado dulce, su sabor único de mujer en celo. Ella chilló, vibrando contra tu boca, mientras desabrochaba tu pantalón y sacaba tu pija tiesa, venosa y goteando pre-semen.
Su lengua experta la envolvió, chupando la cabeza con succiones que te hacían ver estrellas. ¡Carajo, qué mamada! El slurpeo húmedo, sus labios estirados alrededor de tu grosor, el calor de su garganta tragándote hasta las bolas. Tus caderas se movían solas, follando su boca mientras tu lengua la llevaba al borde, sus jugos empapándote la barba.
Pero no querías acabar así. La volteaste, poniéndola a cuatro patas, su culo empinado como ofrenda. —Traductor try me con tu verga, métemela ya —suplicó, volteando con ojos vidriosos de lujuria. Te colocaste atrás, frotando la punta en su entrada resbalosa, sintiendo el calor abrasador. Empujaste despacio, centímetro a centímetro, su concha tragándote entera, apretada como un guante de terciopelo mojado.
¡Pum pum pum! Empezaste a bombear, lento al principio, sintiendo cada vena rozar sus paredes, el slap slap de piel contra piel resonando. Ella gritaba ¡Sí, cabrón, así!, empujando hacia atrás, sus nalgas temblando con cada choque. El sudor nos cubría, goteando, mezclándose con el olor a sexo crudo, ese musk animal que te volvía feral.
Cambiaste posiciones: la pusiste encima, cowgirl reversa, viendo su espalda arqueada, cabello azotando. Sus manos en tus muslos, rebotando duro, su clítoris frotándose contra tu pubis. Tus manos amasaban sus tetas, pellizcando pezones, mientras ella gemía en español sucio: ¡Me vengo, me vengo en tu pija!
Su orgasmo la sacudió como terremoto, concha convulsionando, ordeñándote, chorros calientes empapando las sábanas. No aguantaste: ¡Me corro! rugiste, sacándola y pintando su culo de semen espeso, chorros blancos calientes que ella esparcía con la mano, lamiendo un dedo con picardía.
Colapsaron juntos, respiraciones jadeantes sincronizadas, el cuarto oliendo a clímax compartido. Ana se acurrucó en tu pecho, su piel pegajosa contra la tuya, dedo trazando patrones en tu abdomen.
—¿Qué tal la traducción, güey? —murmuró, besando tu hombro.
Sonreíste, exhausto y satisfecho, el corazón latiendo aún fuerte. —Perfecta. Traductor try me fue lo mejor que probé en mi vida.
La noche se extendió en caricias perezosas, promesas de más pruebas, el amanecer filtrándose rosado por la ventana. En ese momento, México no era solo una ciudad: era ella, tentadora, tuya por completo.