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El Encanto Sensual de la Canción Guan Tu Tri

6507 palabras

El Encanto Sensual de la Canción Guan Tu Tri

Tú caminas por la arena tibia de la playa en Puerto Vallarta, el sol ya se ha escondido dejando un cielo púrpura salpicado de estrellas. El aire huele a sal marina mezclada con el aroma dulce de las flores tropicales y el humo ligero de las fogatas lejanas. La fiesta en la hacienda cercana palpita con ritmos vivos, risas y el tintineo de botellas de cerveza fría. Qué chido está todo esto, piensas mientras el sonido de guitarras y un requinto te envuelve como una caricia.

Entras al jardín iluminado por luces colgantes, donde un trío toca en un escenario improvisado. La multitud baila pegadita, cuerpos sudados rozándose al compás. De pronto, empiezan con ella: la Canción Guan Tu Tri. Ese ritmo norteño sensual, con letras que hablan de deseo oculto, de cuerpos que se buscan en la noche. "Guan tu tri, mi amor, déjame sentirte ya", canta el vozarrón del líder, y sientes un cosquilleo en la piel, como si la música te lamiera despacito.

Órale, esta rola siempre me pone la piel chinita, te dices, mientras tus ojos recorren la pista.

Allí la ves. Una morena de curvas que quitan el hipo, con un vestido rojo ceñido que marca sus chichis firmes y su nalguita redonda. Baila sola al principio, moviendo las caderas como si el ritmo la poseyera. Sus ojos negros te atrapan, una sonrisa pícara se dibuja en sus labios carnosos. Tú sientes el pulso acelerarse, el calor subiendo por tu pecho. Te acercas, la cerveza fría en la mano sudando como tú.

—Qué buena onda esa Canción Guan Tu Tri, ¿no? —le dices, gritando un poco por sobre la música.

Ella se gira, su perfume a vainilla y coco te golpea como una ola. —¡Sí, wey! Me encanta cómo suena. ¿Bailamos?

Sus manos se posan en tus hombros, su cuerpo se pega al tuyo. Sientes el calor de su piel a través de la tela fina, sus tetas rozando tu pecho con cada giro. El trío acelera el tempo, y tú la agarras por la cintura, oliendo el sudor ligero en su cuello, ese olor almizclado que ya te tiene duro como piedra.

La noche avanza. Bailan varias rolas más, pero la Canción Guan Tu Tri se repite en tu cabeza como un mantra. Hablan de todo y nada: de la playa, de cómo el mar siempre llama al deseo. Ella se llama Lupita, viene de Guadalajara, y su risa es como campanitas. Pendejo, no la cagues, te adviertes mientras sus dedos trazan círculos en tu espalda.

El deseo crece lento, como la marea. Sus miradas se alargan, las caricias se vuelven intencionales. Te roza la entrepierna "sin querer", y tú le aprietas la nalga con disimulo. —¿Vamos a caminar? —propone ella, su voz ronca por el calor.

Salen del jardín, la música se aleja pero late en sus venas. Caminan por la playa, la arena fresca bajo los pies descalzos. El oleaje rompe suave, blanco espumoso lamiendo la orilla. Se detienen bajo unas palmeras, el viento trae el eco distante del trío. Lupita se gira hacia ti, sus ojos brillando con promesas.

—Esa canción... me pone caliente —murmura, y te besa. Sus labios suaves, calientes, saben a tequila y menta. Su lengua explora tu boca con hambre, mientras sus manos bajan por tu pecho, desabotonando tu camisa. Tú respondes, acariciando su espalda desnuda, bajando hasta su culo firme. Sientes su corazón galopando contra el tuyo, el olor de su excitación mezclándose con el mar.

Chin, qué rica besadora. Quiero comérmela ya.

La recuestas contra el tronco rugoso de la palmera, pero ella te empuja suave. —No aquí, papi. Vamos a mi cabaña.

La sigues, el camino de madera cruje bajo sus pasos. La cabaña es chula, con velas encendidas y una cama king size cubierta de sábanas blancas. Cierra la puerta, y el mundo se reduce a ustedes dos. Se quita el vestido de un tirón, quedando en tanguita roja y nada más. Sus chichis saltan libres, pezones oscuros endurecidos. Tú te desnudas rápido, tu verga parada como bandera, palpitando.

Ella se arrodilla, mirándote con ojos de fuego. —Déjame probarte —dice, y su boca caliente te envuelve. Sientes su lengua girando alrededor de la cabeza, chupando con maestría, saliva tibia resbalando. Gimes, tus manos en su pelo negro ondulado, el sonido húmedo de succión llenando la habitación. Huele a sexo puro, a su concha mojada que ya destila.

La levantas, la tiras a la cama. Besas su cuello, lames sus tetas, mordisqueando los pezones hasta que jadea. Bajas por su vientre suave, oliendo su aroma dulce y salado. Le quitas la tanga, y su panocha depilada brilla húmeda. La pruebas: lengua en su clítoris hinchado, saboreando sus jugos como néctar. —¡Ay, sí, ahí! —grita, sus muslos temblando alrededor de tu cabeza, uñas clavándose en tus hombros.

El ritmo sube, como la canción. La pones a cuatro patas, su culo en pompa invitándote. Escupe en tu mano, lubrica tu verga, y entras despacio. Su concha aprieta como guante caliente, húmeda y resbalosa. Empujas hondo, sintiendo cada vena palpitar dentro de ella. Qué chingón se siente, piensas, mientras la embistes, piel contra piel chapoteando.

—¡Más fuerte, cabrón! —suplica ella, arqueando la espalda. Cambian posiciones: ella encima, cabalgándote como amazona, tetas rebotando, sudor goteando de su frente a tu pecho. Sus gemidos son música, más salvajes que el trío. Tú la agarras de las caderas, clavándote hasta el fondo, su clítoris frotándose contra tu pubis.

La tensión crece, espirales de placer. Sientes el orgasmo venir, bolas apretadas. —Me vengo, nena —gruñes. Ella acelera, —¡Dentro, lléname! —Y explota: chorros calientes llenándola, su concha convulsionando ordeñándote, grito ahogado en tu cuello.

Caen exhaustos, cuerpos enredados, piel pegajosa de sudor y fluidos. El aire huele a sexo y velas de coco. Afuera, el mar susurra, y lejano, el trío toca de nuevo la Canción Guan Tu Tri.

Lupita acaricia tu pecho, sonriendo satisfecha. —Qué rico, wey. Esa canción siempre trae suerte.

Tú la besas suave, el corazón calmándose.

No fue solo la rola, fue ella. Pero qué pedo, la vida es para gozar.

Se duermen así, con el ritmo de sus respiraciones sincronizadas, la promesa de más noches como esta flotando en el aire salado.

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