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El Elefante de Lars von Trier

6978 palabras

El Elefante de Lars von Trier

La noche en la Cineteca Nacional estaba cargada de ese aire bohemio que tanto me gusta en la Ciudad de México. Luces tenues, olor a palomitas quemadas mezclado con perfume caro y el zumbido constante de la gente platicando de directores europeos. Yo, sentada en la fila del medio, con mi falda negra ajustada y una blusa escotada que dejaba ver justo lo suficiente, esperaba que empezara Ninfómana de Lars von Trier. Ese danés cabrón siempre me ponía la piel chinita con sus historias retorcidas y sexuales, como si te metiera la mano en el alma y te revolviera todo.

De repente, siento un roce en el brazo. Giro y ahí está él: alto, moreno, con barba de tres días y ojos que brillan como si supieran todos mis secretos. "¿Fan de von Trier?", me dice con voz grave, sentándose a mi lado sin pedir permiso. "Neta, este wey es un genio. Sus pelis son como un elefante en la habitación: enormes, imposibles de ignorar." Sonrío, porque justo eso pensaba yo. Platicamos bajito durante los créditos, su nombre es Alex, artista gráfico freelance que vive en la Roma Norte. Hablamos de Anticristo, de cómo von Trier hace que el sexo duela y excite al mismo tiempo. Mi corazón late más rápido, siento un calor subiendo por mis muslos. Chingado, este pendejo me está calando hondo, pienso mientras su rodilla roza la mía.

La peli arranca y yo ya no presto tanta atención. Su mano descansa casualmente en el apoyabrazos, dedos cerca de los míos. El olor de su colonia, madera y algo ahumado, me envuelve. Al final, cuando las luces prenden, me dice: "¿Quieres seguir la plática en mi depa? Tengo mezcal y la secuela lista." No lo dudo. Salimos al fresco de la noche, el ruido de los coches en Insurgentes como un pulso lejano. Caminamos riendo, yo sintiendo su mirada en mis caderas.

¿Qué chingados estoy haciendo? Saliendo con un extraño que menciona elefantes y Lars von Trier. Pero neta, su voz me hace cosquillas en la piel. Quiero saber qué más tiene guardado este vato.

Su depa en la Roma es chido: paredes blancas con posters de pelis de arte, una tele grande y un sofá de piel suave. Sirve mezcal en vasos de cristal, el líquido ámbar quema dulce en mi lengua, con un toque salado de gusano. Nos sentamos cerca, piernas tocándose. Ponemos Ninfómana volumen 2. La pantalla se llena de cuerpos retorcidos, gemidos que llenan la habitación. Su mano en mi muslo, subiendo despacio. "Von Trier sabe de deseo reprimido", murmura. "Como un elefante Lars von Trier aplastando todo a su paso." Río, pero siento mi panocha humedeciéndose. Lo miro, sus labios carnosos, el bulto creciendo en sus jeans.

Me inclino y lo beso. Su boca sabe a mezcal y tabaco, lengua invadiendo con fuerza pero tierna. Manos en mi pelo, tirando suave. Me carga al sofá, mi falda sube, exponiendo mis tangas negras. Él se quita la camisa, torso marcado, tatuajes abstractos como escenas de von Trier. Su piel huele a sudor limpio y deseo. Roza mis pechos por encima de la blusa, pezones endureciéndose al instante. "Eres preciosa, como una musa de él", dice, voz ronca.

La tensión crece como en una peli de suspense. Le bajo el zipper, meto la mano y ¡órale! Ahí está su verga, gruesa, venosa, enorme como un elefante juguetón. La acaricio, piel caliente y sedosa, palpitando en mi palma. "Este es mi elefante de Lars von Trier", bromea él, pero sus ojos arden serios. Neta, es la verga más grande que he chingado en mi vida. Me moja toda solo de verla. Lo masturbo lento, sintiendo cada vena, el pre-semen untándose en mis dedos, olor almizclado subiendo.

Quiero que me rompa, que me haga sentir como en esas escenas crudas de von Trier. Consiente, mutuo, puro fuego.

Me desnuda despacio, besando cada centímetro de piel expuesta. Sus labios en mi cuello, chupando, dejando marcas rojas. Baja a mis tetas, lengua girando en los pezones, mordisqueando suave hasta que gimo alto. "¡Sí, cabrón, así!" El sonido de mi voz rebota en las paredes. Manos en mi culo, amasando carne, dedos rozando mi ano y luego mi concha empapada. Introduce dos, curvándolos, tocando ese punto que me hace arquear la espalda. Huelo mi propia excitación, dulce y salada, mezclada con su sudor.

Lo empujo al sofá, me arrodillo. Su elefante erecto frente a mi cara, cabeza morada brillando. Lo lamo desde la base, lengua plana, saboreando piel salada y ese gusto único de hombre. Lo chupo profundo, garganta acomodándose, él gimiendo "¡Pinche chula, qué rica boca!" Saliva chorreando, sonidos chapoteantes llenando el aire. Sus caderas se mueven, follando mi boca con cuidado, ojos clavados en mí como si fuera su obra maestra.

No aguanto más. Me monto encima, frotando mi concha en su verga, clítoris hinchado rozando. Siento cada pulgada, dura como acero caliente. Bajo despacio, abriéndome, dolor placentero al estirarme. "¡Chingada madre, qué prieta!" grita él. Empiezo a cabalgar, tetas rebotando, sudor perlando nuestros cuerpos. El sofá cruje, ciudad zumbando afuera. Acelero, piel contra piel cacheteando, su elefante de Lars von Trier llenándome hasta el fondo.

Cambio de posición: él me pone en cuatro, rodillas en el piso mullido. Entra de nuevo, profundo, manos en mis caderas tirando. "¡Dame todo, Alex!" Cada embestida manda ondas de placer, clítoris frotando el aire. Su mano baja, dedos en círculos rápidos. Siento el orgasmo construyéndose, vientre apretado, piernas temblando. Olor a sexo puro, mezcal evaporado, nuestros jadeos como banda sonora de von Trier.

Esto es mejor que cualquier peli. Su elefante me destroza en el buen sentido, me hace reina.

Exploto primero, grito ahogado, concha contrayéndose alrededor de él, jugos chorreando por mis muslos. Él sigue, gruñendo, acelerando hasta vaciarse dentro, chorros calientes pintando mis paredes. Colapsamos, cuerpos pegajosos, respiraciones entrecortadas. Su elefante sale suave, semen goteando, olor intenso en el aire.

Nos acurrucamos en el sofá, piel fresca ahora, besos lentos. "Eres increíble", murmura, acariciando mi pelo. Yo sonrío, saboreando el afterglow, cuerpo pesado y satisfecho. Afuera, la Roma duerme bajo luces neón, pero adentro, el eco de nuestro elefante de Lars von Trier late aún.

Quién iba a decir que una plática de cine terminaría así. Von Trier estaría orgulloso: deseo crudo, sin filtros. Quiero más noches como esta, con este vato y su bestia juguetona.

Nos dormimos entrelazados, el mezcal olvidado, solo el pulso de nuestros cuerpos y el recuerdo de esa follada épica.

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