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Trios de Boleros en la Piel

7267 palabras

Trios de Boleros en la Piel

Entraste al bar de Coyoacán con el corazón latiéndole fuerte, como si ya supieras que esa noche iba a ser de esas que se clavan en la memoria. El lugar era chido, con luces tenues que bailaban sobre mesas de madera pulida y un olor a mezcal ahumado mezclado con jazmín fresco de los floreros. Afuera lloviznaba, pero adentro el calor humano te envolvió como un abrazo. Trios de boleros tocaban en el escenario chico, tres vatos guapísimos con guitarras relucientes y trajes ajustados que marcaban sus hombros anchos. Sus voces roncas llenaron el aire con "Sabor a Mí", y sentiste un cosquilleo en el estómago, como si la letra te hablara directo al alma.

Te sentaste en la barra, pediste un tequila con limón y sal, y no pudiste quitarles los ojos de encima. El del requinto, Javier, tenía ojos negros como la noche mexicana y una sonrisa pícara que prometía pecados. A su lado, Marco, el guitarrista principal, con barba recortada y manos grandes que acariciaban las cuerdas con una delicadeza que te imaginabas en tu propia piel. El tercero era el cantante, pero tus ojos se clavaron en esos dos. ¿Por qué no? pensaste,

sintiendo el pulso acelerarse entre las piernas. Hacía meses que no te echabas un desmadre así de intenso, y esa música te ponía cachonda como pocas veces.

Terminaron la rola y bajaron del escenario entre aplausos. Javier te miró directo, guiñándote el ojo mientras se acercaba a la barra. "Órale, morra, ¿te gustó el bolero? ¿O nomás estabas pensando en otras cosas?", dijo con voz grave, oliendo a colonia fresca y sudor ligero. Te reíste, coqueta, y Marco se acercó por el otro lado, su aliento cálido rozándote la oreja. "Si quieres, te dedicamos una privada. ¿Qué dices?". El deseo te subió por la espina como tequila puro. "Neta, estaría chido", respondiste, y en un rato ya estabas bailando con ellos en la pista semivacía, sus cuerpos pegados al tuyo al ritmo de otro bolero, "Bésame Mucho".

Las manos de Javier en tu cintura, firmes pero suaves, te apretaban justo lo necesario para que sintieras su calor a través del vestido ligero. Marco te tomaba la mano, girándote lento, su pecho rozando tu espalda. El sonido de las guitarras imaginarias en tu cabeza, mezclado con risas y el roce de telas. Olías su aroma masculino, a jabón y deseo contenido.

Esto es lo que necesitaba, un par de galanes que me hagan olvidar el pinche estrés del día a día.
La tensión crecía con cada vuelta, cada mirada cargada de promesas. "Vamos a un lado más privado, ¿va?", murmuró Javier, y asentiste sin pensarlo dos veces.

Acto dos: la escalada

Te llevaron a una mesita apartada, detrás de un biombo de caña, donde la música de los otros trios de boleros llegaba amortiguada, como un susurro erótico. Pidieron más tequilas, y entre sorbos, las conversaciones se volvieron íntimas. "Somos Javier y Marco, del Trio Romántico. ¿Y tú, ricura? ¿Qué te trae por acá buscando problemas?", preguntó Marco, su dedo trazando un círculo en tu muslo desnudo. "Me llamo Ana, y busco justo eso: problemas buenos, de los que dejan huella", contestaste, mordiéndote el labio. Javier se inclinó, su boca cerca de la tuya. "¿Quieres que te cantemos un bolero solo para ti?".

Empezaron a tararear "Solamente Una Vez", bajito, sus voces envolviéndote como humo. Tus pezones se endurecieron bajo el bra de encaje, y sentiste la humedad crecer entre tus piernas. Marco te besó primero, lento, su lengua explorando tu boca con sabor a tequila y menta. Javier observaba, su mano subiendo por tu espalda, desabrochando el vestido con maestría. No mames, qué chingón se siente esto, pensaste, mientras te quitaban la prenda, dejando tu piel expuesta al aire tibio del bar. Sus ojos devoraban tus curvas, tus chichis firmes y el tanga negro que apenas cubría tu panocha palpitante.

Te recargaste en la mesa, Javier arrodillándose para besar tu vientre, su barba raspando delicioso. "Qué rica estás, Ana. Neta, un manjar", gruñó, lamiendo bajito hasta tu ombligo. Marco te besaba el cuello, mordisqueando suave, sus manos amasando tus nalgas. El olor a tu propia excitación se mezclaba con el de ellos, almizclado y adictivo.

Quiero que me cojan ya, pero que lo hagan lento, que me hagan rogar.
Javier subió, chupando un pezón mientras Marco bajaba, sus dedos separando tus labios húmedos. "Estás chorreando, morra. ¿Tanto te prenden los boleros?", bromeó Marco, metiendo un dedo adentro, curvándolo justo en ese punto que te hace arquear.

Los gemidos se te escapaban, ahogados por la música lejana. Cambiaron posiciones, Javier de pie frente a ti, sacando su verga dura, gruesa, con venas marcadas que pedían atención. La tomaste en la mano, sintiendo su pulso caliente, y la lamiste desde la base hasta la punta, saboreando el precum salado. Marco, atrás, te quitó el tanga y entró con la lengua, lamiendo tu clítoris hinchado. "¡Ay, cabrones, qué bueno!", jadeaste, la boca llena de Javier. El ritmo era perfecto, como un bolero bien tocado: lento al inicio, acelerando con pasión.

Te pusieron en la mesa, piernas abiertas. Javier se colocó primero, frotando su pija en tu entrada resbalosa. "¿Lista para el trio en tu piel?", susurró, y empujó despacio, llenándote centímetro a centímetro. El estirón delicioso te hizo gritar bajito, tus paredes apretándolo. Marco se paró a tu lado, ofreciéndote su verga para mamarla mientras Javier te cogía firme, sus bolas chocando contra tu culo con cada embestida. Sudor perlando sus pechos, el slap-slap de piel contra piel, el sabor de Marco en tu lengua... todo era una sinfonía sensorial.

Cambiaron: Marco te entró por atrás, doggy style sobre la mesa, su verga más larga tocando fondo, mientras Javier te besaba profundo y pellizcaba tus chichis. "¡Más duro, wey! ¡Dame todo!", rogabas, perdida en el placer. Tus orgasmos venían en olas: primero uno chiquito con los dedos de Javier en tu clítoris, luego uno brutal cuando Marco aceleró, gruñendo tu nombre. Javier se corrió en tu boca, caliente y espeso, tragaste todo con gusto, mientras Marco te llenaba adentro, su semen caliente mezclándose con tus jugos.

Acto tres: el afterglow

Se derrumbaron contigo en un montón de brazos y piernas entrelazadas, respiraciones agitadas calmándose poco a poco. El bar seguía con su murmullo, los trios de boleros tocando ahora "Contigo Aprendí", como si celebraran. Javier te acariciaba el pelo húmedo, Marco besaba tu hombro. "Neta, Ana, fuiste la mejor rola de la noche", dijo Javier riendo suave. Te sentías empoderada, saciada, como si hubieras dirigido la orquesta perfecta.

Esto no fue solo un polvo; fue poesía en movimiento, boleros vivientes en mi cuerpo. Mañana quizás vuelva, o no. Pero esta noche, soy reina.
Se vistieron lento, ayudándote con tu ropa, besos tiernos de cierre. Saliste al fresco de la noche, el cuerpo zumbando de placer residual, piernas flojas pero alma plena. Los trios de boleros seguían sonando en tu cabeza, un eco sensual que te acompañaría por días.

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