El Precio Bedoyecta Tri del Placer Prohibido
Estaba recostada en la cama king size de nuestro depa en Polanco, con el cuerpo pesado como si me hubieran exprimido hasta la última gota de energía. La fiesta de anoche había sido épica, pero ahora pagaba el pato con un resaca de campeonato. Marco, mi carnalito, mi amor de años, entró al cuarto con una sonrisa pícara y una cajita en la mano.
"Mira, mi reina, te traje lo que necesitas. Precio Bedoyecta Tri bien chingón, lo conseguí en la farmacia de la esquina por una lana razonable. Vas a renacer como fénix, te lo juro."
Lo miré con ojos entrecerrados, oliendo su colonia fresca que siempre me ponía la piel chinita. Bedoyecta Tri, esa inyección de vitaminas B que en México todo mundo usa para espantar la flojera o el domingo de resaca. Nunca me la habían puesto, pero confiaba en él. Marco era enfermero en un hospital fancy, sabía de esas cosas.
"¿Y duele, pendejo?", le pregunté, incorporándome un poco, sintiendo el roce de las sábanas de algodón egipcio contra mis muslos desnudos. Llevaba solo una playera suya oversized, que me llegaba hasta las nalgas.
"Ni madres, amor. Solo un piquetecito y listo. Desnúdate la pierna, que te lo pongo en el muslo, donde se absorbe mejor."
Me quité la playera despacio, quedando en bolitas, el aire acondicionado besando mi piel como un amante tímido. Me recosté de lado, exponiendo mi nalga y muslo derecho. Él se sentó a mi lado, el colchón hundiéndose bajo su peso, y preparó la jeringa con movimientos precisos. El olor a alcohol swab me llegó, mezclado con su aroma masculino.
¿Por qué carajos me excita esto tanto? Su concentración, sus manos fuertes... ay, Ana, contrólate.
El algodón frío rozó mi piel, erizándome los vellos. Luego, la puntita de la aguja. Un pinchazo rápido, como un beso traicionero, y sentí el líquido fresco entrando en mi músculo. No dolió, solo una presión rica que se expandió como calor líquido.
"Listo, mi vida. El precio Bedoyecta Tri valió cada peso. En media hora vas a sentirte como diosa."
Se inclinó y besó el punto de la inyección, su barba raspándome delicioso. Sus labios calientes, su lengua lamiendo suave. El calor empezó a subir por mi pierna, un hormigueo que se esparcía hacia mi entrepierna.
Acto uno cerrado, pensé. Ahora venía lo bueno.
Pasaron veinte minutos y ¡boom! Energía pura. Mi corazón latió más rápido, como si me hubieran enchufado a la corriente. Me senté de golpe, riendo, y lo jalé hacia mí. Nuestros cuerpos chocaron, piel con piel, su pecho duro contra mis tetas suaves.
"¡Puta madre, Marco! ¿Qué me pusiste? Me siento invencible, caliente como volcán."
Él rio, esa carcajada grave que vibra en mi vientre. "Te lo dije, la Bedoyecta Tri es mágica. ¿Quieres probar cuánto energía tienes?"
Sus manos bajaron por mi espalda, apretando mis nalgas con fuerza juguetona. Yo le mordí el cuello, saboreando el salado de su sudor fresco. Olía a jabón y deseo, ese olor que me volvía loca. Le quité la camiseta, exponiendo su torso tatuado, músculos que se contraían bajo mis uñas.
No es solo la vitamina, es él. Siempre ha sido él quien me enciende así, pero hoy... hoy es eléctrico.
Nos besamos con hambre, lenguas enredándose, saliva dulce mezclada con el aftershave mentolado de su boca. Mis pezones se endurecieron contra su pecho, enviando chispas directas a mi clítoris. Bajé la mano, palpando su verga ya dura bajo el bóxer, gruesa y palpitante. La apreté, sintiendo las venas como ríos bajo la tela.
"Quítatelo todo, güey", le ordené, voz ronca. Él obedeció, su pija saltando libre, la cabeza brillosa de precum. La olí, almizcle puro, y la lamí desde la base hasta la punta, saboreando sal y hombre.
Marco gimió, un sonido gutural que me mojó más. Me tumbó boca arriba, sus manos abriendo mis piernas. El aire fresco en mi panocha expuesta, labios hinchados y húmedos. Él sopló suave, torturándome, antes de meter la lengua. Qué rico, lamiendo mis labios mayores, chupando el clítoris como caramelo. Sentí jugos corriendo, mi olor a excitación llenando la habitación.
"Estás empapada, mi amor. La Bedoyecta te puso en fiesta total."
Me retorcí, caderas alzándose, dedos enredados en su pelo. El placer subía en olas, tensión coiling en mi vientre. Pero no quería correrme aún. Lo empujé, montándolo a horcajadas. Su verga rozó mi entrada, resbalosa, lista.
Acto dos en pleno auge. La intensidad crecía, pero con pausas, besos lentos, miradas que decían todo.
Me hundí en él despacio, centímetro a centímetro, sintiendo cada vena estirándome. ¡Ay, cabrón! Llenándome hasta el fondo, su glande besando mi cervix. Gemí alto, el sonido rebotando en las paredes. Empecé a moverme, cabalgándolo como amazona, tetas botando, sudor perlando mi piel.
Él agarró mis caderas, guiándome, embistiéndome desde abajo. Plaf, plaf, piel contra piel, jugos chorreando por sus bolas. Olía a sexo crudo, a nosotros. "Más fuerte, Ana, rómpeme", gruñó.
Aceleré, interno monólogo gritando: Soy fuego, soy suya, esto es vida. Sus manos subieron a mis tetas, pellizcando pezones, dolor-placer que me arqueó la espalda. Sentí su verga hincharse más, lista para explotar.
No pares, no pares, déjame sentirlo todo, el precio de esta Bedoyecta Tri es este éxtasis.
Cambié posición, él encima ahora, misionero profundo. Piernas en sus hombros, penetrándome brutal pero consensual, ojos en ojos. "Te amo, pendejita mía", jadeó, besándome mientras me taladraba.
La tensión llegó al pico, mi clítoris frotándose contra su pubis. "¡Me vengo, Marco! ¡Chíngame!" grité. El orgasmo me rompió, olas y olas, coño contrayéndose alrededor de su pija, leche caliente salpicando.
Él rugió, corriéndose dentro, chorros calientes pintando mis paredes. Colapsamos, jadeantes, su peso delicioso sobre mí.
Acto tres: el afterglow. Nos quedamos así, unidos, su verga ablandándose dentro. Besos suaves, risas cansadas. El calor de la Bedoyecta aún corría por mis venas, pero ahora mezclado con paz.
"¿Ves? El precio Bedoyecta Tri fue una ganga por esto", murmuró, acariciando mi pelo.
Sonreí, oliendo nuestro amor en las sábanas revueltas. "La próxima te lo pongo yo, para que sientas mi precio."
Nos dormimos entrelazados, el sol filtrándose por las cortinas, prometiendo más rondas. Vida chida, amor real, placer infinito.