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Xnxx Trio Mhm Pasión Prohibida

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Xnxx Trio Mhm Pasión Prohibida

La noche en Playa del Carmen olía a sal marina mezclada con el humo de la fogata que Carlos había encendido en la playa privada de nuestra casa rentada. El aire cálido me acariciaba la piel, haciendo que mi vestido ligero se pegara a mis curvas como una segunda piel. Yo, Ana, de treinta años, con mi cabello negro suelto ondeando al viento, sentía esa cosquilla familiar en el estómago. Frente a mí, Carlos, mi novio de ojos verdes y cuerpo marcado por horas en el gym, reía con Lupe, mi mejor amiga desde la prepa. Lupe, esa morena de tetas firmes y culo redondo que siempre había sido la más desinhibida del grupo. Habíamos venido a desconectarnos, a celebrar nuestros cumpleaños juntos, pero el tequila ya corría por nuestras venas y la tensión sexual flotaba como el humo de la fogata.

Órale, esto se va a poner chido, pensé mientras tomaba otro sorbo de mi margarita. Carlos me miró con esa sonrisa pícara que me derretía. "Ven pa'cá, mi reina", me dijo, jalándome hacia él. Sus manos fuertes en mi cintura, su aliento a tequila y menta rozando mi cuello. Lupe se acercó bailando al ritmo de la cumbia que salía del Bluetooth, su cuerpo rozando el mío accidentalmente... o no tan accidental. "Neta, ustedes dos son la pareja perfecta, pero ¿y si le ponemos un poco de sabor?", soltó ella con esa voz ronca que siempre me ponía los vellos de punta.

El corazón me latía fuerte, como tambores en una fiesta de pueblo. Recordé esa vez que, solas en mi depa de la Roma, Lupe y yo hablamos de fantasías. "Un xnxx trio mhm, ¿has visto esos videos? Tres cuerpos enredados, gemidos que te hacen mojar al instante", me confesó una vez, mordiéndose el labio. Yo reí entonces, pero ahora, con Carlos observándonos, la idea prendía como yesca.

¿Y si decimos que sí? ¿Y si esta noche dejamos las reglas en la arena?

Acto seguido, Lupe se pegó a Carlos por detrás, sus manos subiendo por su pecho mientras yo lo besaba. Sus labios sabían a sal y deseo, su lengua explorando mi boca con hambre. "Si quieren parar, díganlo, weyes", murmuró Lupe, pero sus ojos brillaban de excitación. Nadie dijo nada. Nos movimos hacia la casa, la arena crujiendo bajo nuestros pies descalzos, el sonido de las olas rompiendo como un rugido lejano que ahogaba nuestros jadeos iniciales.

Adentro, la luz tenue de las velas iluminaba la cama king size, sábanas blancas invitando al pecado. Carlos nos miró a las dos, su verga ya dura marcando el pantalón. "Son unas diosas", gruñó, quitándose la camisa. Su piel bronceada, músculos tensos, olor a sudor masculino que me hacía agua la boca. Lupe y yo nos desvestimos lento, como en un ritual. Mi piel morena contrastaba con sus curvas más llenas; ella dejó caer su bikini, tetas rebotando libres, pezones oscuros endurecidos por el aire fresco.

Me tumbé en la cama, el colchón hundiéndose suave bajo mi peso. Carlos se arrodilló entre mis piernas, besando mi interior de muslos. Su aliento caliente, su barba raspando mi piel sensible. Lupe se unió, lamiendo mi cuello, sus tetas presionando contra mi brazo. "Déjame probarte, Ana", susurró, bajando a mis tetas. Su lengua en mis pezones, chupando suave al principio, luego con más fuerza, mordisqueando hasta que gemí alto. "¡Mhm, qué rico!", escapó de mis labios, evocando esos videos de xnxx trio mhm que tanto nos prendían.

Carlos separó mis piernas, su boca encontrando mi panocha ya empapada. El sabor salado de mi excitación en su lengua, lamiendo mi clítoris con vueltas expertas. Sentí cada roce como electricidad, mis caderas alzándose solas. Lupe me besó entonces, su lengua dulce invadiendo mi boca, manos amasando mis tetas.

Esto es real, no un pinche video. Sus cuerpos contra el mío, piel con piel, calor compartido
. Olía a nosotras tres: perfume floral de Lupe, mi loción de coco, el almizcle crudo de la arousal.

La tensión subía como la marea. Cambiamos posiciones; yo me puse de rodillas, mamando la verga de Carlos. Gruesa, venosa, palpitando en mi boca. Sabía a él, a mar y hombre, mi saliva chorreando mientras la tragaba hasta la garganta. "¡No mames, Ana, eres la mejor!", jadeó él, manos en mi pelo. Lupe debajo de mí, lamiendo mi panocha desde atrás, su lengua hurgando profundo. Gemidos ahogados, "mhm mhm", saliendo de su garganta vibrando contra mi carne. El cuarto se llenaba de sonidos húmedos, slap de piel, respiraciones entrecortadas.

Pero queríamos más. Lupe se recostó, piernas abiertas como invitación. "Cógeme, Carlos, y Ana, siéntate en mi cara". Obedecí, mi panocha rozando sus labios carnosos. Ella lamió con furia, chupando mi botón mientras Carlos la penetraba lento. Su verga entrando en ella, estirándola, el sonido squish de humedad. Yo veía todo: sus tetas botando con cada embestida, Carlos sudando, gotas cayendo en su vientre. Mi mano en mi clítoris, frotando rápido, el placer acumulándose como tormenta.

Esto es poder, nosotras mandando el ritmo, él nuestro juguete consensuado y ansioso.

Carlos salió de Lupe, brillante de sus jugos, y me volteó a mí. De perrito, su verga me llenó de un jalón. "¡Ay, cabrón, qué grande!", grité, placer doloroso al principio, luego puro fuego. Lupe debajo, lamiendo donde nos uníamos, su lengua en mis bolas... no, en mi clítoris y sus bolas. Sensaciones dobles: embestidas profundas tocando mi punto G, lamidas expertas. Sudor goteando, mezclándose, olor a sexo puro, intenso, adictivo. "Más rápido, pendejo, chíngame duro", le rogué, y él obedeció, nalgas chocando contra mí con palmadas rítmicas.

Cambiando otra vez, Lupe cabalgó a Carlos, su culo rebotando mientras yo besaba su espalda, dedos en su ano juguetón. Ella gritaba, "¡Sí, wey, así! ¡Mhm!". Yo me senté en la cara de Carlos, su lengua devorándome mientras follaba a Lupe. El mundo se reducía a tacto: piel resbalosa, pulsos acelerados, venas latiendo. Gemí alto, orgasmo acercándose como ola gigante. "¡Me vengo, no paren!", chillé. Explosión: jugos chorreando en la boca de Carlos, cuerpo temblando, visión borrosa de placer.

Lupe se corrió después, gritando mi nombre mientras apretaba la verga de Carlos. Él nos volteó a las dos, verga en mano, pajeándose furioso. "Abren la boca, reinas". Salpicó semen caliente en nuestras caras, lenguas lamiendo, compartiendo besos salados. Exhaustos, colapsamos en la cama, cuerpos enredados, respiraciones calmándose. El aire olía a clímax compartido, piel pegajosa enfriándose.

Al amanecer, con el sol filtrándose por las cortinas, Lupe murmuró: "Esto fue mejor que cualquier xnxx trio mhm". Carlos rio, abrazándonos. Yo sonreí, sintiendo una conexión nueva, profunda. No era solo sexo; era confianza, deseo mutuo, empoderamiento en trio. La playa nos llamaba de nuevo, pero ahora éramos distintos, marcados por la noche.

Y si vuelve a pasar, que así sea, pensé, saboreando el afterglow en mi piel aún sensible.

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