El Bajo Pulsante del Avishai Cohen Trio
La noche en la Roma Norte estaba viva, con ese airecito fresco que te roza la piel como una promesa. Entraste al jazz club chiquito, de esos escondidos que solo los que saben encuentran. El humo del cigarro se mezclaba con el aroma del mezcal añejo, y de pronto, el bajo empezó a sonar. Era el Avishai Cohen Trio, esa música que te entra por los huesos, grave y sensual, como si te acariciara el alma desde adentro. Te sentaste en la barra, con tu vestido negro ajustado que te hacía sentir como una diosa, y pediste un tequila reposado. Neta, esa noche sentías el cuerpo encendido, lista para lo que viniera.
El bajo pulsaba, bum bum bum, vibrando en tu pecho, bajando hasta tu entrepierna. Las notas del contrabajo de Avishai se enredaban con la batería y el piano, creando un ritmo que te hacía mover las caderas sin querer. Ahí lo viste: alto, moreno, con ojos que brillaban como luces de neón en lluvia. Se acercó con una sonrisa pícara, oliendo a colonia cara y algo más, como deseo crudo.
¿Y si esta noche me dejo llevar? Órale, ¿por qué no? Hace meses que no siento esto, ese cosquilleo que me sube por las piernas.
—Qué chingona la música, ¿no? —te dijo, su voz ronca cortando el aire—. Soy Diego.
—A huevo que sí —respondiste, guiñándole el ojo—. Yo soy Ana. Y este Avishai Cohen Trio me tiene toda mojadita por dentro.
Se rio, ese carcajeo profundo que te erizó la piel. Pidieron otro trago, y platicaron de jazz, de la Ciudad de México que no duerme, de cómo el bajo de Avishai te hace sentir viva. Sus rodillas se rozaron bajo la barra, y sentiste el calor de su piel a través del pantalón. El deseo crecía lento, como el solo de contrabajo que llenaba el lugar: profundo, insistente, envolvente.
La banda terminó el set, pero la música seguía en tu cabeza. Diego te tomó la mano, su palma cálida y firme.
—Vámonos a mi depa, está cerca. Tengo el disco del Avishai Cohen Trio, lo ponemos y vemos qué pasa.
Tu corazón latió fuerte, el pulso sincronizado con ese bajo imaginario. Simón, pensaste, esta noche va a estar cañona.
Acto dos: la escalada
El departamento de Diego era en Polanco, minimalista y chulo, con ventanales que daban a las luces de la ciudad. Olía a madera y a él, ese aroma masculino que te mareaba. Puso el vinilo del Avishai Cohen Trio en el tocadiscos, y el bajo invadió la sala, vibrando en el piso, subiendo por tus piernas como una caricia eléctrica.
Se pararon frente a frente, el ritmo los mecía. Sus manos en tu cintura, las tuyas en su pecho ancho. Sentiste los músculos duros bajo la camisa, el latido acelerado de su corazón. Te acercó más, su aliento caliente en tu cuello.
Mierda, qué rico huele. Quiero probarlo todo, sentirlo dentro.
—Eres una tentación, Ana —murmuró, sus labios rozando tu oreja—. Neta, desde que te vi quise esto.
Lo besaste primero, con hambre. Sus labios suaves pero firmes, lengua explorando tu boca con el mismo ritmo sensual del jazz. El beso se profundizó, manos por todos lados: las suyas bajando por tu espalda, apretando tu culo con fuerza juguetona. Gemiste contra su boca, el sonido ahogado por la música. Te quitó el vestido despacio, besando cada centímetro de piel que dejaba al aire. Tus pezones se endurecieron al frío del aire y al calor de su mirada.
—Estás cañona, pendeja —dijo riendo, pero con voz cargada de lujuria—. Ven, siéntate.
Te llevó al sofá de piel suave, que crujió bajo tu peso. El bajo seguía pulsando, ahora como el latido entre tus piernas. Diego se arrodilló, besando tu vientre, bajando lento. Sus dedos abrieron tus muslos, y sentiste su aliento en tu chochita, ya empapada. Lamida suave primero, probando, luego más profundo, lengua girando en tu clítoris como un solo de sax que no existe pero imaginas.
—Sabrosa de pinga —gruñó, chupando con ganas.
Arqueaste la espalda, manos en su pelo, tirando suave. El placer subía en olas, sincronizado con la batería del Avishai Cohen Trio. Gemías alto, ay cabrón, el sudor perlando tu piel, el olor a sexo mezclándose con el jazz. Quisiste más, lo jalaste arriba.
Se desnudó rápido, su verga dura saltando libre, gruesa y venosa, lista. La tocaste, piel caliente y sedosa, palpitando en tu mano. La masturbaste lento, viéndolo cerrar los ojos, gimiendo tu nombre. Se puso condón —siempre responsable, qué chido— y te penetró despacio, centímetro a centímetro.
Qué llena me siento, el estirón perfecto, su calor invadiéndome.
Empezaron a moverse, ritmo lento al principio, como el intro del disco. Sus embestidas profundas, tocando ese punto que te hace ver estrellas. Sudor goteando, pieles chocando con plaf plaf, más fuerte que la música. Cambiaron posiciones: tú arriba, cabalgándolo, pechos rebotando, uñas en su pecho. Él te apretaba las caderas, guiándote, más rápido, Ana, así.
La tensión crecía, internal struggles: ¿me dejo ir por completo? Sí, neta, esta conexión es real. El clímax se acercaba, pulsos acelerados, respiraciones jadeantes. El bajo de Avishai parecía acelerarse contigo, urgiéndote.
Acto tres: la liberación
Explotaste primero, un orgasmo que te sacudió entera, contrayéndote alrededor de su verga, gritando su nombre mientras el mundo se volvía blanco. Olas de placer, piernas temblando, jugos corriendo por sus bolas. Él te siguió segundos después, gruñendo como animal, embistiendo fuerte hasta vaciarse dentro del condón, cuerpo rígido contra el tuyo.
Se quedaron así, pegados, jadeando. El Avishai Cohen Trio llegaba al final del lado A, notas suaves desvaneciéndose. Diego te besó la frente, suave, tierno ahora. Te cubrió con una cobija suave, oliendo a lavanda.
—Qué noche, Ana. Neta, fue de las mejores.
Te acurrucaste en su pecho, escuchando su corazón calmarse. El afterglow era perfecto: pieles pegajosas de sudor, sabor salado en tus labios, el aroma de sexo y jazz flotando. Pensaste en lo empowering que fue, tomar control, disfrutar sin culpas. México City brillaba afuera, pero aquí adentro, el mundo era solo ustedes dos.
Mañana quién sabe, pero esta noche fue mía. El Avishai Cohen Trio será mi banda sonora para recordar esto siempre.
Se durmieron así, con la aguja del tocadiscos en silencio, pero el ritmo aún latiendo en sus cuerpos.