Bedoyecta Tri Generico Despierta Mi Fuego Interior
Ana se recargó en el sillón de la sala, con el cuerpo pesado como si hubiera cargado costales todo el día. El trabajo en la oficina la había dejado hecha un trapo, con las ojeras marcadas y un cansancio que le calaba hasta los huesos. Afuera, en la bulliciosa colonia Roma de la CDMX, los cláxones y el olor a taquitos de la esquina se colaban por la ventana entreabierta. Carlos, su chavo desde hace dos años, entró de la cocina con una sonrisa pícara y una cajita en la mano.
Órale, mi reina, mira lo que te traje pa que revientes de energía, dijo él, agachándose a su lado. Era un Bedoyecta Tri Generico, esas inyecciones de vitaminas que venden en cualquier farmacia sin receta, bien baratas y efectivas. Ana lo miró con una ceja arqueada.
¿En serio, carnal? ¿Vas a jugar al doctor ahora?pensó, pero el calor de su mirada la hizo sonreír. Carlos era así, siempre inventando para mimarla, y ella lo amaba por eso.
Él le explicó que lo había comprado en la farmacia de la esquina, el genérico puro, sin pendejadas de marca cara. Esto te va a poner como toro mecánico, nena. Dicen que con B12 y todo eso, uno se siente como nuevo. Ana dudó un segundo, pero el roce de sus dedos en su muslo la convenció. Se remangó la blusa ligera de algodón, oliendo a su perfume de vainilla mezclado con el sudor del día. Carlos preparó la jeringa con cuidado, el líquido ámbar brillando bajo la luz cálida de la lámpara.
El pinchazo fue rápido, un ardor leve que se expandió como un río caliente por su vena. Ya está, mi amor. En media hora vas a sentir el power, murmuró él, besándole el cuello. Ana cerró los ojos, sintiendo ya un cosquilleo sutil en la piel, como si su sangre empezara a bullir.
La noche avanzaba con el rumor de la ciudad de fondo: risas de vecinos, un mariachi lejano tocando Cielito Lindo. Ana se levantó del sillón, y ¡órale! Sus piernas ya no temblaban. Un calorcito agradable le subía desde el estómago, expandiéndose a sus pechos y entre las piernas.
¿Qué chingados es esto? Me siento viva, como si me hubieran enchufado a la corriente, pensó, mirándose en el espejo del pasillo. Sus mejillas rosadas, los labios carnosos pidiendo beso.
Carlos la observaba desde el sofá, con los ojos brillantes de deseo. ¿Ves? Te lo dije, el Bedoyecta Tri Generico es la neta. Se acercó despacio, rodeándola con sus brazos fuertes, el olor de su colonia masculina invadiendo sus sentidos. Sus manos bajaron por su espalda, apretando su cintura. Ana sintió el pulso acelerado, el corazón latiéndole en el pecho como tamborazo. Lo miró a los ojos, esos ojos cafés que la volvían loca.
Ven pa cá, cabrón, le susurró ella, jalándolo hacia la recámara. El pasillo parecía eterno, cada paso cargado de electricidad. Dentro, la cama king size con sábanas blancas frescas los esperaba, iluminada por la luz tenue de la veladora de vainilla que siempre prendían. Se besaron con hambre, lenguas enredándose, saboreando el dulzor de sus bocas. Ana mordió su labio inferior, sintiendo cómo su verga se ponía dura contra su vientre.
La tensión crecía como tormenta. Carlos le quitó la blusa despacio, besando cada centímetro de piel expuesta. Sus tetas, firmes y redondas, se liberaron, los pezones ya duros como piedritas. Estás riquísima, mi vida, gruñó él, chupándolos con devoción. Ana jadeó, el placer disparándose desde ahí hasta su clítoris hinchado. El efecto de la inyección la hacía hipersensible; cada roce era fuego puro.
Pinche Bedoyecta, me tiene que ver con el diablo adentro.
Se tumbaron en la cama, el colchón hundiéndose bajo su peso. Ana le desabrochó el pantalón, liberando su pija gruesa, venosa, palpitante. La olió, ese aroma almizclado a hombre que la enloquecía. La lamió desde la base hasta la punta, saboreando la gota salada de precum. Carlos gimió, enredando los dedos en su pelo negro largo. Sigue, nena, no pares. Ella lo mamó con ganas, la boca llena, la lengua girando, mientras sus manos masajeaban sus huevos pesados.
Pero Ana quería más. Se quitó el shortcito, quedando en tanguita de encaje negro empapada. Carlos la volteó bocabajo, besándole la nuca, bajando por la espinita hasta sus nalgas redondas. Le separó las piernas, oliendo su excitación dulce y salada. Estás chorreando, mi reina, dijo, lamiéndole el culo con la lengua juguetona. Ana arqueó la espalda, gimiendo fuerte, el placer como ondas en su cuerpo. Sus dedos entraron en su panocha mojada, curvándose para tocar ese punto que la hacía ver estrellas.
La intensidad subía. Ana se giró, montándose encima de él. Sus tetas rebotaban mientras lo cabalgaba despacio al principio, sintiendo cada centímetro de su verga estirándola, llenándola. El sudor les perlaba la piel, goteando entre sus pechos. Carlos la agarraba de las caderas, embistiéndola desde abajo con fuerza controlada. ¡Más duro, pendejo! ¡Dame todo! gritó ella, las uñas clavadas en su pecho. El slap-slap de sus cuerpos chocando llenaba la habitación, mezclado con jadeos y el crujir de la cama.
El clímax se acercaba como avalancha. Ana sentía el calor acumulándose en su vientre, el clítoris rozando su pubis peludo. Carlos la volteó, poniéndola en cuatro, y la penetró profundo, una mano en su clítoris, la otra jalándole el pelo suave. Vente conmigo, amor, le rogó él. Ana explotó primero, el orgasmo partiéndola en dos, contracciones fuertes ordeñando su verga. Gritos ahogados, temblores, el olor a sexo impregnando el aire. Carlos la siguió, llenándola de leche caliente, gruñendo como bestia.
Se derrumbaron juntos, jadeantes, pegajosos de sudor y fluidos. Ana sentía aún el zumbido de la energía en sus venas, pero ahora era un glow cálido, satisfecho. Carlos la abrazó por detrás, besándole el hombro. ¿Ves? El Bedoyecta Tri Generico nos puso a volar, murmuró. Ella rio bajito, girándose para besarlo lento, saboreando el aftertaste salado.
En la quietud posterior, con la ciudad ronroneando afuera, Ana reflexionó.
Quién iba a decir que unas vitaminas genéricas desatarían esto. Mañana compro más, pa que no pare la fiesta. Se durmieron enredados, cuerpos calientes, almas plenas, listos para más noches de fuego.