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T-Rex Trying and Trying Hasta el Éxtasis

7368 palabras

T-Rex Trying and Trying Hasta el Éxtasis

Estás en la playa de Playa del Carmen, el sol del atardecer tiñe el cielo de naranjas y rosas, mientras el sonido de las olas rompiendo contra la arena blanca te envuelve como una caricia salada. El resort es de lujo puro, palmeras altas balanceándose con la brisa cálida que huele a coco y mar, y tú, con tu bikini rojo ceñido a tus curvas, sientes las miradas sobre tu piel bronceada. Has venido a desconectar, a dejar que el deseo acumulado de la ciudad se libere en este paraíso. En el bar al aire libre, con techos de palapa y luces tenues, pides un margarita helado, el vaso empañado goteando en tu mano.

Ahí lo ves: un tipo enorme, como sacado de una película de acción, con hombros anchos como los de un luchador, tatuajes tribales trepando por sus brazos musculosos que terminan en manos grandes y callosas. Su piel morena brilla con sudor ligero, y su sonrisa pícara revela dientes perfectos. Se acerca con paso confiado, su colonia amaderada mezclándose con el aroma salino del aire. "Hola, chula, ¿puedo invitarte esa chela?" dice con voz grave, ronca como un rugido lejano. Te ríes, porque neta, su presencia es imponente, como un depredador juguetón.

Se llama Raúl, pero todos lo llaman T-Rex. "¿Por qué T-Rex, wey?" le preguntas, lamiendo la sal del borde del vaso, sintiendo cómo tus pezones se endurecen bajo la tela fina por la brisa. Él se inclina, su aliento cálido rozando tu oreja: "Porque soy grande, fuerte, y no me rindo nunca. T-Rex trying and trying, hasta que cazo mi presa." Sus palabras te erizan la piel, un cosquilleo sube por tu espina dorsal. Hay algo en su mirada oscura, hambrienta pero respetuosa, que despierta el fuego en tu vientre. Charlan horas, riendo de tonterías, sus rodillas rozándose bajo la mesa de madera, cada toque enviando chispas eléctricas.

La tensión crece con cada trago. Su mano roza tu muslo accidentalmente —o no—, y sientes el calor de sus dedos a través de tu falda ligera.

¿Qué carajos, este vato me está prendiendo como mecha? Neta, quiero sentir esas manos por todo mi cuerpo.
Él nota tu rubor, tu respiración acelerada, y murmura: "¿Sabes? Me encanta una mujer que sabe lo que quiere. ¿Vamos a caminar por la playa?" Asientes, el corazón latiéndote como tambor, el deseo ya humedeciendo tus bragas.

La arena tibia se mete entre tus pies descalzos mientras caminan, el mar lamiendo la orilla con susurros seductores. T-Rex te toma de la mano, su palma áspera envolviendo la tuya, y de pronto te gira hacia él, su cuerpo presionando el tuyo. Sus labios capturan los tuyos en un beso feroz, su lengua invadiendo tu boca con sabor a tequila y menta. Gimes bajito, tus uñas clavándose en su pecho duro como roca. "Qué rico sabes, mamacita," gruñe contra tu cuello, mordisqueando la piel sensible, enviando ondas de placer directo a tu clítoris palpitante.

Pero él no se apresura. Te lleva a su suite en el resort, una habitación con vista al mar, sábanas de algodón egipcio y velas aromáticas encendidas que llenan el aire de vainilla y jazmín. La puerta se cierra con clic suave, y ahí estás, solos, el pulso retumbando en tus oídos. T-Rex te desnuda despacio, sus ojos devorando cada centímetro de tu cuerpo desnudo: pechos llenos con pezones rosados erectos, caderas anchas, el triángulo oscuro de tu pubis ya reluciente. "Eres una diosa, wey," dice, arrodillándose ante ti, su aliento caliente sobre tu monte de Venus.

Empieza con besos suaves en tus muslos internos, la barba incipiente raspando deliciosamente tu piel suave. Sus manos grandes separan tus piernas, y su lengua lame tu humedad, saboreando tu esencia salada y dulce.

¡Ay, pendejo, qué bien la mueves! Pero no pares, sigue...
Él trying and trying, alternando succiones en tu clítoris hinchado con penetraciones de lengua en tu entrada, chupando tus labios mayores hasta que tus rodillas flaquean. Gritas, "¡Más, T-Rex, no pares!" Tus jugos corren por su barbilla, el sonido húmedo de su boca mezclándose con tus jadeos y el rumor del océano.

Te tumba en la cama king size, el colchón hundiéndose bajo su peso. Se quita la ropa, revelando un torso esculpido, abdominales marcados y una verga gruesa, venosa, erguida como un poste, goteando precum cristalino. La tomas en tu mano, sintiendo su calor pulsante, la piel aterciopelada sobre acero. "Métemela, carnal," le ruegas, pero él sonríe travieso: "No tan rápido, chula. T-Rex trying and trying, voy a hacerte volar primero." Se acomoda entre tus piernas, frotando la cabeza bulbosa contra tu raja empapada, teasing tu entrada sin penetrar, el roce eléctrico volviéndote loca.

La escalada es brutal. Introduce solo la punta, luego sale, trying and trying con embestidas superficiales que rozan tu punto G, haciendo que tus paredes internas se contraigan ansiosas. Sudas, el olor almizclado de tu arousal mezclándose con su sudor masculino, terroso. Tus pechos rebotan con cada movimiento, él los amasa con manos expertas, pellizcando pezones hasta doler placenteramente. "¡Qué verga tan rica tienes, wey! Cógeme más duro," gritas, arañando su espalda. Él acelera, su pelvis chocando contra la tuya con palmadas húmedas, el sonido obsceno llenando la habitación.

Pero no es solo físico; hay conexión. En medio del frenesí, sus ojos se clavan en los tuyos, "Dime qué sientes, preciosa. ¿Te gusta cómo te lleno?" Asientes, ahogada en placer,

Este cabrón me lee el alma, neta me tiene en la palma de su mano... o de su verga.
Cambia posiciones: te pone a cuatro patas, el espejo frente a la cama reflejando tu rostro extasiado, sus bolas peludas golpeando tu clítoris con cada embestida profunda. El olor a sexo impregna el aire, tus gemidos convirtiéndose en alaridos, el clímax construyéndose como ola gigante.

Él trying and trying, sin cansarse, girándote de lado, levantando tu pierna para penetrarte en ángulo perfecto, su verga curvándose justo en tu spot dulce. Sientes cada vena, cada pulso, el estiramiento glorioso de tus paredes. Tus músculos internos lo aprietan, ordeñándolo, y él gruñe como bestia: "¡Me vengo si sigues así, panocha!" Pero resiste, frotando tu botón con el pulgar áspero, círculos rápidos que te hacen ver estrellas.

El pico llega como tsunami. Tu orgasmo explota, olas de éxtasis contrayendo tu coño alrededor de su polla, chorros de squirt mojando las sábanas. Gritas su nombre, "¡T-Rex, sí, cabrón!" Él se corre segundos después, inundándote con semen caliente, espeso, pulsación tras pulsación, hasta que gotea por tus muslos. Colapsan juntos, cuerpos entrelazados, pieles pegajosas de sudor y fluidos, respiraciones entrecortadas sincronizándose con las olas lejanas.

En el afterglow, él te acuna, besando tu frente húmeda. "¿Ves? T-Rex trying and trying siempre funciona," murmura con risa ronca. Tú sonríes, exhausta pero plena, el aroma de sexo y mar persistiendo.

Neta, este viaje valió cada peso. Quién sabe, tal vez vuelva por más intentos.
Duermen abrazados, el amanecer filtrándose por las cortinas, prometiendo más aventuras en este paraíso mexicano.

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