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Tipos de Tría que Encienden el Deseo

6204 palabras

Tipos de Tría que Encienden el Deseo

Imagina que estás en una noche calurosa en la Ciudad de México, el aire cargado con el olor a tacos de la esquina y el humo de los coches en Insurgentes. Tú y tu novia, Ana, están en el depa que rentan en la Roma, con las luces tenues y una botella de tequila reposado a medio acabar sobre la mesa. Ana es de esas morras que te vuelven loco: curvas perfectas, piel morena que brilla bajo la luz de las velas, y unos ojos negros que prometen travesuras. Llevan meses hablando de fantasías, de romper la rutina, y esta noche el tema sale de nuevo mientras se acurrucan en el sofá, sus cuerpos pegados, el calor de su muslo contra el tuyo enviando chispas por tu espina.

¿Y si probamos algo nuevo, carnal? dice ella con esa voz ronca, mordiéndose el labio inferior. Tú sientes cómo tu verga se despierta bajo los jeans, el pulso acelerado. Hablan de tipos de tría, esas combinaciones que has visto en porno pero nunca te has aventado. "Hay el clásico dos morras y un vato, o dos vatos con una reina como yo", ríe ella, pasando la mano por tu pecho. El deseo crece como una ola, lento al principio, pero imparable. Deciden invitar a Lupe, la amiga de Ana del gym, una culona tetona con tatuajes que siempre coquetea contigo. Todo consensual, todo chido, neta que sí quieren esto.

La noche avanza y Lupe llega, oliendo a perfume dulce mezclado con sudor fresco de la calle. Trae un vestido ajustado que marca cada curva, sus chichis rebotando al caminar. "¡Qué onda, güeyes! ¿Listos pa'la fiesta?", dice con esa sonrisa pícara. Se sientan los tres, shots de tequila bajando como agua, risas llenando el aire. Tus manos tiemblan un poco de nervios, pero Ana te besa profundo, su lengua explorando tu boca con sabor a limón y sal, mientras Lupe observa, lamiéndose los labios. El ambiente se calienta, el sonido de sus respiraciones pesadas, el roce de telas al quitarse la ropa.

En el cuarto, la cama king size los espera con sábanas de algodón fresco. Tú estás en el centro, Ana a tu derecha, Lupe a la izquierda. Comienzan despacio, como en un ritual. Ana te besa el cuello, su aliento caliente contra tu piel, mordisqueando suave hasta que gimes.

Esto es lo que queríamos, ¿verdad? Sentirnos vivos, sin límites.
Piensas mientras Lupe desabrocha tu chamarra, sus uñas largas raspando tu pecho, enviando escalofríos deliciosos. Sus tetas grandes presionan contra tu brazo, suaves y pesadas, el pezón endurecido rozándote.

El primer tipo de tría que prueban es el equilibrado: toques por todos lados. Ana baja la mano a tu entrepierna, masajeando tu verga ya dura como piedra a través del bóxer. "Mira cómo está mi rey", susurra, y Lupe se une, sus dedos finos uniéndose a los de Ana, alternando caricias que te hacen arquear la espalda. El olor a excitación llena la habitación: ese almizcle femenino, mezcla de jugos y sudor, embriagador. Tú exploras sus cuerpos, una mano en la panocha depilada de Ana, húmeda y resbalosa, el clítoris hinchado bajo tu pulgar; la otra en Lupe, más peluda, jugosa como una fruta madura. Ellas gimen al unísono, sonidos guturales que vibran en tu alma.

La tensión sube. Ana se sube encima de ti, frotando su concha contra tu verga, el calor húmedo torturándote. "Fóllame primero", pide, y lo haces, embistiéndola despacio al principio, sintiendo cómo sus paredes te aprietan, cada centímetro de fricción eléctrica. Lupe no se queda atrás: se arrodilla y lame tus huevos, su lengua experta trazando círculos, chupando suave hasta que sientes que vas a explotar. Cambian posiciones, el segundo tipo de tría: foco en ella. Tú y Ana atiendes a Lupe. La pones de perrito, tu verga entrando en su culo apretado –lubricado y consensual, neta que ella lo ruega–, mientras Ana lame su clítoris desde abajo. Los sonidos son obscenos: chapoteos húmedos, palmadas contra carne, gemidos como "¡Más duro, pendejo! ¡Así, cabrón!". El sudor perla sus espaldas, goteando salado en tu lengua cuando las besas.

Internamente luchas: Esto es demasiado bueno, ¿aguantaré? Quiero que duren eternamente. Ana siente tu duda y te susurra al oído: "Relájate, amor, esto es nuestro". La intensidad crece, corazones latiendo como tambores en una fiesta de pueblo. Prueban el tercer tipo: cadena humana. Lupe te mama la verga, profunda hasta la garganta, arcadas suaves que vibran delicioso, saliva chorreando por tu tronco. Tú comes la panocha de Ana, saboreando su néctar dulce y ácido, lengua hundida mientras ella se retuerce, tirando de tu pelo. El ciclo cierra con Ana lamiendo a Lupe, un triángulo perfecto de placer.

El clímax se acerca como tormenta. Cambian al final: tú de pie, Ana y Lupe arrodilladas, mamándote alternadamente. Sus bocas calientes, lenguas compitiendo por tu pija, ojos mirándote con lujuria pura. "Córrete con nosotras", ordena Ana, y no aguantas más. Explotas en chorros calientes, semen salado cubriendo sus lenguas, caras, tetas. Ellas se besan, compartiendo tu esencia, gimiendo en éxtasis mientras se tocan a sí mismas hasta correrse, jugos salpicando el piso, cuerpos temblando en olas de placer.

Caen los tres en la cama, exhaustos, pieles pegajosas de sudor y fluidos. El aire huele a sexo crudo, a satisfacción profunda. Ana se acurruca en tu pecho, Lupe en el otro lado, dedos entrelazados. "Estos tipos de tría fueron la neta, ¿no?", ríe Lupe, voz ronca. Tú asientes, besándolas suave, el corazón lleno. No hay arrepentimientos, solo una conexión más fuerte, un secreto compartido que los une. La noche termina con promesas de más exploraciones, el amanecer filtrándose por las cortinas, tiñendo sus cuerpos de oro suave.

Al día siguiente, mientras desayunan chilaquiles con las morras en bata, transparentes y provocativas, sientes el afterglow: músculos adoloridos placenteramente, sonrisas cómplices.

Esto cambió todo para bien. Los tipos de tría no son solo sexo, son confianza, deseo mutuo.
Ana te guiña: "¡Prepárate pa'más rondas, mi amor!". Y tú sabes que sí, que esta aventura apenas empieza, en esta ciudad de pasiones infinitas.

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