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Mi Try On Haul de Bikinis Tentadores

7107 palabras

Mi Try On Haul de Bikinis Tentadores

Estaba en mi depa en Polanco, con el sol de la tarde colándose por las cortinas blancas, iluminando mi habitación como si fuera un set de filmación profesional. Yo, Ana, blogger de moda con miles de followers, había recibido un paquete fresquito de bikinis de una marca gringa que me mandó para mi próximo try on haul bikini. Me emocionaba un chorro, porque sabía que este video iba a romperla en redes. Pero lo que no esperaba era que Marco, mi carnalito del alma, mi novio de ojos café y sonrisa pícara, se apareciera de sorpresa con unas chelas frías en la mano.

¡Órale, mami! ¿Qué onda con tantos trapitos de playa? me dijo mientras se echaba en la cama king size, con esa camiseta ajustada que marcaba sus pectorales chingones.

Le sonreí, sintiendo un cosquilleo en el estómago. Qué güey tan sexy, pensé, mientras sacaba el primer bikini del paquete: uno negro con tirantes finitos y copas push-up que prometían milagros. Me metí al baño a cambiarme rápido, el espejo empañado por el calor del día me devolvía una imagen de curvas listas para la acción. El tejido era suave como seda contra mi piel morena, oliendo a nuevo, a esa fragancia química de fábrica que me ponía cachonda sin razón.

Salí posando como en mis videos, girando despacito frente a la cámara del celular que ya tenía grabando. ¡Hola, mis amores! Hoy les traigo mi try on haul bikini, con estos modelitos que me tienen loca. Miren este negro, ¿no está para morirse? Marco aplaudió desde la cama, sus ojos devorándome de arriba abajo. Sentí mis pezones endurecerse bajo la tela delgada, el roce sutil me erizaba la piel.

El segundo era rojo fuego, con lazos a los lados que se desataban con un jalón. Me lo puse y el espejo me mostró cómo acentuaba mis caderas anchas, mi nalguita redonda que tanto le gustaba a Marco. Salí y él silbó bajito, ese sonido ronco que me aceleraba el pulso. Ven pa'cá, pinche reina, murmuró, extendiendo la mano. Me acerqué, el piso de madera tibia bajo mis pies descalzos, el aire cargado con el olor a su colonia masculina mezclada con el mío, floral y dulce.

Se sentó en el borde de la cama y me jaló suave hacia él, sus dedos grandes rozando el lazo del bikini. Esto no estaba en el guion, pensé, pero mi cuerpo ya respondía, un calor húmedo creciendo entre mis piernas. ¿Te gusta? le pregunté con voz juguetona, girando para que viera todo. Él asintió, su aliento caliente en mi vientre mientras inspeccionaba el traje. Está chido, pero yo lo haría mejor sin él, dijo riendo, y sus labios rozaron mi ombligo, enviando chispas por mi espina.

Apagué la cámara un rato, el corazón latiéndome como tambor en desfile. Este try on haul bikini se estaba poniendo interesante de una forma que mis followers no verían. Me subí a horcajadas sobre sus piernas, sintiendo la dureza de su erección presionando contra mi concha a través de la tela. ¿Quieres ver el siguiente? susurré, mordiéndome el labio. Él gruñó un sí, sus manos amasando mis nalgas, el tacto áspero de sus palmas contrastando con la suavidad del bikini.

Me bajé y corrí al baño por el tercero: un verde esmeralda con transparencias en los lados, que dejaba ver justo lo suficiente para volver loco a cualquiera. El elástico mordía un poquito mi piel, marcando surcos rojos que dolían rico. Salí y Marco ya estaba sin camisa, su pecho velludo subiendo y bajando rápido, el sudor perlando su piel por el calor de la habitación. Ese sí es mi favorito, dijo, y me atrajo de nuevo, esta vez besándome con hambre, su lengua invadiendo mi boca con sabor a chela y deseo puro.

Mis manos exploraban su espalda musculosa, arañando suave mientras él desataba el lazo del bikini inferior. La tela se deslizó, exponiendo mi panocha depilada, ya mojada y palpitante. Olía a mí, a esa esencia almizclada de excitación que lo enloquecía. Qué chingón se siente su boca aquí abajo, pensé cuando se arrodilló y lamió mi clítoris con la punta de la lengua, círculos lentos que me hacían gemir bajito. El sonido de mi propia voz, ronca y suplicante, llenaba la habitación, mezclado con el lametazo húmedo y su respiración agitada.

Marco, no pares, cabrón, le rogué, enredando mis dedos en su pelo negro revuelto. Él levantó la vista, ojos brillantes de lujuria. Te voy a comer entera, mamacita. Sus dedos entraron en mí, dos de golpe, curvándose para tocar ese punto que me hacía ver estrellas. El jugo chorreaba por mis muslos, resbaloso y caliente, mientras yo me mecía contra su mano, los pechos rebotando libres ahora que el top del bikini colgaba suelto.

Lo empujé a la cama, queriendo mi turno. Le bajé el pantalón de mezclilla, liberando su verga gruesa y venosa, tiesa como fierro, con una gota perlada en la punta que lamí despacio, saboreando su salado amargo. ¡Qué rica tu pija! exclamé, chupándola hondo, mi garganta acomodándose a su tamaño mientras él gemía fuerte, ¡Sí, así, Ana, trágatela toda! El sonido obsceno de mi saliva y su piel chocando, el olor a sexo crudo impregnando el aire, me tenía al borde.

Pero quería más. Me trepé encima, frotando mi concha empapada contra su verga, lubricándola antes de empalarme despacio. Dios, qué llena me deja, internalicé mientras bajaba, centímetro a centímetro, sintiendo cada vena pulsando dentro. Empecé a cabalgar, lento al principio, el slap-slap de mi culo contra sus bolas resonando como ritmo de cumbia. Sus manos en mis tetas, pellizcando pezones duros, el dolor placer mezclándose con el roce interno que me acercaba al abismo.

La tensión crecía, mis paredes apretándolo más, su cadera subiendo para clavármela hondo. Sudábamos como locos, piel resbalosa pegándose, el colchón crujiendo bajo nosotros. ¡Más rápido, pendejo, dame duro! grité, y él obedeció, volteándome de golpe para ponerme a cuatro patas. Entró de nuevo, embistiendo con fuerza, sus bolas golpeando mi clítoris, el placer acumulándose como tormenta.

Mi mente era un torbellino: Esto es mejor que cualquier haul, su verga partiéndome en dos, el olor a nosotros, el sabor en mi boca aún. Grité su nombre cuando el orgasmo me partió, olas de fuego desde mi centro expandiéndose, piernas temblando, jugos chorreando por sus muslos. Él siguió unos segundos más, gruñendo como animal, y se corrió dentro, chorros calientes llenándome, su peso colapsando sobre mi espalda jadeante.

Nos quedamos así, enredados, el aire espeso con nuestro aroma post-sexo, pegajoso y satisfactorio. Besos suaves en mi cuello, sus dedos trazando lazy circles en mi piel enrojecida. El mejor try on haul bikini de mi vida, murmuró riendo contra mi oreja. Yo sonreí, el cuerpo lánguido, el corazón lleno. Encendí la cámara de nuevo para terminar el video, pero con un brillo nuevo en los ojos, sabiendo que este secreto nos unía más. La tarde se desvanecía, pero el calor entre nosotros duraría toda la noche.

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