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Xnxx De Trios Ardientes Con Mi Esposa

7052 palabras

Xnxx De Trios Ardientes Con Mi Esposa

La noche en nuestra casa de playa en Puerto Vallarta estaba perfecta. El aire salado del mar entraba por las ventanas abiertas, mezclándose con el aroma dulce de las velas de coco que Ana había encendido. Yo, Juan, estaba recostado en el sofá de mimbre, con una cerveza fría en la mano, viendo cómo mi esposa se movía por la sala con ese shortcito ajustado que le marcaba el culo redondo y firme. Llevábamos diez años casados, pero cada vez que la veía así, me la ponía dura como piedra. Ana era una morra de 32 años, con piel morena, tetas grandes y esa sonrisa pícara que me volvía loco.

—Órale, Juanito, ¿qué te pasa que me miras como si me fueras a comer viva? —me dijo riendo, mientras se acercaba contoneándose. Se sentó a horcajadas sobre mis piernas, su calor filtrándose a través de la tela delgada. Olía a vainilla y a ese perfume que siempre usaba para provocarme.

La besé con hambre, mis manos subiendo por sus muslos suaves.

Neta, esta mujer es un fuego que no se apaga
, pensé, mientras mi verga palpitaba contra ella. Pero Ana se apartó un poquito, con ojos brillantes.

—Espera, carnal, tengo una sorpresa. He estado viendo unas cositas en internet que nos van a poner bien calientes.

Me jaló hacia la recámara, donde la laptop estaba abierta en la cama king size. El cuarto olía a sábanas frescas de algodón egipcio y al jazmín del jardín. Ana tecleó rápido y abrió un sitio: xnxx de trios. Un video empezó a reproducirse, con gemidos suaves saliendo de los bocinas. Tres cuerpos entrelazados, sudados, moviéndose al ritmo de un placer compartido.

—¿Ves esto, amor? Imagínate nosotros así, con alguien más. ¿No te prende?

Mi pulso se aceleró. El sonido de piel contra piel en el video era hipnótico, y ver a Ana mordiéndose el labio mientras lo observaba me hizo tragar saliva. ¿Un trío? Con ella siempre había sido solo nosotros, pero la idea me picaba la curiosidad como chile en la lengua.

—¿Estás hablando en serio, mi reina? —le pregunté, mi voz ronca.

Ella asintió, frotando su panocha contra mi entrepierna. —Neta, sí. ¿Y si llamamos a Carla? Tu compa de la uni, la que siempre anda coqueteando contigo. Sé que le gustas, wey.

Carla. Alta, güera con ojos verdes, 30 años, soltera y con un cuerpo atlético de tanto gym. La habíamos visto en fiestas, y siempre había esa chispa. El corazón me latía fuerte, una mezcla de celos y excitación. Pero Ana me besó de nuevo, su lengua dulce explorando mi boca, y cualquier duda se evaporó.

Le mandamos un mensaje: "Ven a la playa, trae traje de baño y ganas de divertirnos. Xnxx de trios en vivo". Ella respondió en segundos: "¡Ya voy, pendejos! 😈".

La espera fue eterna. Ana y yo nos besuqueamos, manos por todos lados, pero paramos para no gastarnos antes de tiempo. Oíamos las olas rompiendo afuera, el viento susurrando promesas. Cuando sonó el timbre, mi verga ya estaba lista para la acción.

Carla entró como huracán, con un vestido playero que apenas cubría sus nalgas firmes y tetas respingonas. Traía una botella de tequila y esa risa contagiosa. —¡No mames, qué chido que me invitaron a su fiestón! —dijo, abrazándonos. Su piel olía a sol y crema bronceadora, cálida al tacto.

Nos sentamos en la cama con shots de tequila, el líquido quemándonos la garganta, soltando la lengua. Ana puso otro video de xnxx de trios, y los tres lo vimos, riendo al principio, pero pronto el ambiente se cargó. Carla se recargó en mí, su mano rozando mi muslo. —Esto se ve cañón, ¿no? Nunca he probado un trío, pero con ustedes dos... pinche suerte la mía.

Ana se acercó, besando el cuello de Carla. Su piel suave contra la de mi esposa, qué vista, pensé, mi respiración agitada. Carla gimió bajito, un sonido que vibró en mi pecho. Me uní, besando a Ana mientras mis dedos exploraban el vestido de Carla, bajándolo despacio. Sus tetas saltaron libres, pezones rosados endureciéndose al aire fresco.

—Chúpamelas, Juan —susurró Ana, guiando mi cabeza. El sabor salado de la piel de Carla era adictivo, su areola suave bajo mi lengua. Ella arqueó la espalda, manos en mi pelo, mientras Ana se quitaba la ropa, quedando desnuda, su panocha ya húmeda brillando a la luz de la luna que entraba por la ventana.

La tensión crecía como marea alta. Nos quitamos todo, cuerpos desnudos enredándose. Tocábamos, lamíamos, explorábamos. El olor a arousal llenaba el cuarto: almizcle dulce de Ana, fresco de Carla. Mis manos en las curvas de ambas, sus gemidos mezclándose con el mar.

Esto es un sueño, neta no puedo creerlo
.

Ana se puso de rodillas, chupando mi verga con esa boca experta, lengua girando en la cabeza sensible. Carla la besaba, tetas rozando mi estómago. Luego cambiaron: Carla tragándosela hasta la garganta, Ana lamiendo mis bolas. El calor húmedo, los sonidos chapoteantes, el sabor de su saliva en mi piel... me volvía loco.

—Quiero verte cogerte a Carla —dijo Ana, ojos llameantes. La puse a cuatro patas en la cama, su culo perfecto alzado. Entré despacio, sintiendo su concha apretada envolviéndome, caliente y resbalosa. Ella jadeó, empujando contra mí. Ana debajo, lamiendo donde nos uníamos, su lengua rozando mi verga y el clítoris de Carla.

El ritmo aumentó. Golpes firmes, piel palmoteando, sudor goteando. Carla gritaba placer: —¡Más duro, cabrón! ¡Sí, así! — Ana se masturbaba viéndonos, dedos hundidos en su humedad. Cambiamos posiciones: yo de espaldas, Ana montándome la verga, rebotando con tetas saltando, mientras Carla se sentaba en mi cara. Lamí su panocha jugosa, sabor ácido-dulce, mientras ella se mecía, mojándome la barba.

La intensidad subía. Gemidos fuertes, ahora, el colchón crujiendo, el tequila olvidado. Ana se corrió primero, su concha contrayéndose alrededor de mi verga, chillando mi nombre. Carla siguió, temblando en mi boca, jugos inundándome. Yo no aguanté más: saqué la verga y eyaculé chorros calientes sobre sus tetas, ellas lamiéndoselo mutuamente, besándose con mi semen en los labios.

Caímos exhaustos, enredados en sábanas revueltas. El aire olía a sexo puro, sudor y satisfacción. Carla entre nosotros, Ana acariciándome el pecho, yo besando sus frentes. —Pinche trío de xnxx de trios, pero mejor —rió Ana.

—La neta, esto hay que repetirlo —dijo Carla, su mano aún en mi verga floja.

Nos quedamos así, escuchando el mar calmarse como nosotros. No había celos, solo conexión más profunda. Mi esposa, mi amante temporal, un lazo nuevo forjado en placer puro. La luna testigo, la noche envolviéndonos en paz ardiente. Mañana sería otro día, pero esta memoria quedaría grabada, caliente como el tequila en la sangre.

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