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El Precio Ardiente del Tequila El Tri de Alex Lora

7100 palabras

El Precio Ardiente del Tequila El Tri de Alex Lora

La noche en el bar de Polanco estaba cargada de ese calientón que solo México sabe armar. Luces neón parpadeando al ritmo de El Tri, la voz rasposa de Alex Lora retumbando en los parlantes con "Abuso de Autoridad". Yo, Ana, acababa de entrar con mis amigas, pero mis ojos ya habían clavado en él: alto, moreno, con una sonrisa pícara que prometía problemas del bueno. Se llamaba Marco, lo supe después, y estaba solo en la barra, tamborileando los dedos al son de la rola.

Me acerqué fingiendo casualidad, pidiendo un trago. ¿Qué onda, güey? ¿No te aburres aquí solo? le solté, con esa voz juguetona que siempre me saca de apuros. Él volteó, sus ojos cafés recorriéndome de arriba abajo, deteniéndose en mis labios pintados de rojo fuego.

"Nah, nena, ahora que llegaste, la cosa se puso interesante",
respondió, y su voz grave me erizó la piel. Pidió dos tequilas, pero no cualquier cosa: Tequila El Tri de Alex Lora, el que trae el sello del rockero en la botella. El barman lo sacó de atrás del mostrador, reluciente bajo las luces.

Órale, ese está caro —le dije, echando ojo al precio en la carta: tequila El Tri de Alex Lora precio de quinientos varos el shot doble. Marco se rio, sacando la cartera sin pensarlo dos veces.

¿Vale la pena tanto precio por un trago?
pensé, pero su mirada confiada me dijo que sí. El líquido ámbar cayó en los vasos, olor fuerte a agave quemado invadiendo mis fosas nasales, mezclado con el humo ligero de los cigarros electrónicos flotando en el aire. Chocamos vasos, el cristal frío contra mis dedos calientes, y el primer sorbo me abrasó la garganta como un beso prohibido. Dulce al principio, picante después, dejando un regusto que me hizo lamer mis labios.

La música cambió a "Triste Canción de Amor", y Marco me jaló a la pista. Sus manos en mi cintura, firmes pero suaves, guiándome al ritmo. Sentía su aliento cálido en mi cuello, oliendo a tequila y a hombre. Chingao, qué bien huele, me dije mientras mi cuerpo se pegaba al suyo, caderas rozando en ese vaivén lento. Sudor perlando su frente, el calor de su pecho contra mis tetas, palpitando al mismo pulso de la batería. Mis manos subieron por su espalda, sintiendo los músculos tensos bajo la camisa ajustada.

Volvimos a la barra por más Tequila El Tri de Alex Lora. Esta vez, él mojó su dedo en el borde salado y me lo pasó por los labios. Tómalo así, despacito, murmuró. Lamí la sal de su piel, áspera y salada, luego el tequila de su boca cuando me besó. Lenguas enredándose, sabor a agave y deseo puro. Mis pezones se endurecieron contra el encaje de mi bra, un cosquilleo bajando directo al entrepierna.

Este precio del tequila El Tri de Alex Lora ya lo estoy pagando con creces, pero quiero más,
pensé, apretando sus nalgas con disimulo.

La tensión crecía como la marea en Acapulco. Hablamos de todo y nada: de conciertos de El Tri, de cómo Alex Lora seguía rompiendo madres a sus años, de tatuajes escondidos. El suyo, un águila rockera en el pectoral, que me mostró discretamente al abrir un botón. Mi dedo lo trazó, sintiendo la piel caliente, el vello rizado que me hacía querer morderlo. Él me confesó que andaba soltero, yo le dije lo mismo, aunque mi ex pendejo ya era historia vieja. Cada rola de fondo avivaba el fuego: el bajo vibrando en mi vientre, como si Marco me estuviera tocando por dentro.

Vámonos de aquí, me dijo al oído, su aliento erizándome el vello de la nuca. Asentí, el corazón latiéndome a mil. Salimos al valet, su mano en mi rodilla en el Uber, subiendo despacio por mi muslo. El auto olía a cuero nuevo y a nuestra excitación creciente. Llegamos a su depa en Lomas, minimalista pero chido, con vista a la ciudad brillando como diamantes.

En su cuarto, la luz tenue de una lámpara de lava proyectaba sombras danzantes. Me quitó el vestido con urgencia contenida, besando cada centímetro de piel expuesta. Sus labios en mi clavícula, chupando suave, dejando marcas rojas que dolían rico. Yo le arranqué la camisa, arañando su espalda, oliendo su sudor fresco mezclado con colonia cítrica. Qué chingón se siente su piel contra la mía, gemí en silencio mientras sus manos amasaban mis nalgas, apretando con fuerza juguetona.

El tequila El Tri de Alex Lora precio alto, pero este momento no tiene precio,
se me cruzó por la mente cuando me tumbó en la cama king size, sábanas de algodón egipcio frescas contra mi espalda ardiente. Bajó por mi cuerpo, lengua trazando mi ombligo, deteniéndose en mis bragas de encaje negro. Las deslizó con los dientes, el roce enviando descargas eléctricas a mi clítoris hinchado. Olía a mi propia excitación, almizclada y dulce, y él inhaló hondo, como si fuera el mejor perfume.

Me abrió las piernas, besando el interior de mis muslos, mordisqueando suave hasta llegar al centro. Su lengua plana lamió mi raja despacio, saboreando cada gota. ¡Ay, cabrón! grité bajito, arqueando la cadera. Chupaba mi clítoris con succiones perfectas, dos dedos curvándose dentro de mí, tocando ese punto que me hacía ver estrellas. El sonido húmedo de su boca en mi coño, mezclado con mis jadeos y la ciudad zumbando afuera, era pura sinfonía erótica. Mis manos en su pelo, tirando suave, guiándolo más hondo.

No aguanté más. Córrete conmigo, Marco, le rogué. Él subió, quitándose el pantalón. Su verga saltó libre, gruesa y venosa, goteando precum. La tomé en mi mano, piel aterciopelada sobre acero, masturbándolo lento mientras él me penetraba con los ojos. Entró de un empujón suave, llenándome hasta el fondo. ¡Qué rico! El estiramiento delicioso, sus embestidas profundas, caderas chocando con palmadas rítmicas. Sudor goteando de su pecho al mío, resbaloso y caliente.

Cambié de posición, montándolo como reina. Sus manos en mis tetas, pellizcando pezones, mientras yo rebotaba, sintiendo su pija rozar cada pared sensible. El olor a sexo impregnaba el aire, tequila residual en nuestras bocas cuando nos besábamos feroz.

Esto es mejor que cualquier rola de Alex Lora,
pensé, acelerando hasta que el orgasmo me partió en dos. Grité su nombre, contrayéndome alrededor de él, ordeñándolo. Él gruñó, corriéndose dentro, chorros calientes inundándome.

Nos quedamos así, enredados, pulsos calmándose al unísono. Su cabeza en mi pecho, escuchando mi corazón. El tequila El Tri de Alex Lora precio justificado al mil, porque esa noche compramos no solo un trago, sino un recuerdo que sabía a placer eterno. Afuera, la ciudad seguía su fiesta, pero nosotros, en nuestro mundo privado, sonreíamos satisfechos. ¿Repetimos mañana? me susurró. Chido, güey, respondí, sellando con un beso salado.

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