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De Duo a Trio y Cuarteto de Placeres

6259 palabras

De Duo a Trio y Cuarteto de Placeres

La brisa salada de Puerto Vallarta me acariciaba la piel mientras Marco y yo nos perdíamos en nuestra casita frente al mar. Qué chido estar aquí solos, pensé, sintiendo su mano grande y cálida deslizándose por mi espalda desnuda. Habíamos llegado esa tarde, mochilas al hombro, listos para desconectarnos del pinche estrés de la ciudad. Marco, mi carnal de aventuras, con ese torso moreno y marcado por horas en el gym, me miró con ojos que ardían como el sol del atardecer.

—Nena, ¿lista para nuestro duo privado? —me susurró al oído, su aliento caliente rozando mi cuello, oliendo a tequila y mar.

Le sonreí, mordiéndome el labio. Sí, cabrón, muévete ya. Nos besamos con hambre, lenguas enredadas, saboreando el salitre en su boca. Sus manos expertas desataron mi pareo, dejando mi cuerpo expuesto al aire tibio. Sentí mis pezones endurecerse al toque de sus dedos ásperos, un escalofrío delicioso bajando por mi espina. Lo empujé al colchón king size, con vistas al Pacífico rugiendo afuera. Me subí encima, frotando mi humedad contra su erección dura como piedra a través del short.

El duo empezó lento, sensual. Marco gemía bajito, “Qué rica estás, Ana”, mientras yo lo montaba, piel contra piel resbaladiza de sudor. El olor a sexo fresco llenaba la habitación, mezclado con el aroma de coco de mi loción. Cada embestida era un latido compartido, mis uñas clavándose en sus hombros anchos.

Esto es puro fuego, pero ¿y si lo hacemos más loco?
La idea me rondaba la cabeza desde que planeamos el viaje, hablando de fantasías en la cama de D.F.

La noche avanzaba, el sol se hundía en el horizonte tiñendo todo de naranja. Después del clímax que nos dejó temblando, jadeantes, con sábanas revueltas, Marco me abrazó fuerte. —Órale, amor, eso fue épico. Pero neta, ¿has pensado en un trio? —dijo, juguetón, trazando círculos en mi vientre.

Mi pulso se aceleró de nuevo. ¡Pinche Marco, siempre leyendo mi mente! —Sí, güey, con Sofia. Ella anda por aquí de vacaciones con Luis. ¿Llamamos?

Acto seguido, mandé un whats al grupo de cuates. Sofia, mi compa de la uni, tetas perfectas y culo de infarto, contestó al tiro: “¡Ya vamos, perras! Traemos chelas”. Minutos después, la puerta se abrió y entraron riendo, bronceados y en bikinis diminutos. El aire se cargó de electricidad, miradas pícaras cruzándose.

Empezamos con cheves frías, platicando de la playa, pero la tensión sexual era palpable. Sofia se sentó a mi lado, su perfume floral invadiendo mis sentidos. —Cuéntenme de su duo, ¿fue cabrón? —preguntó, lamiendo la espuma de su labial rojo.

Marco y Luis, alto y musculoso como mi carnal, se miraron con complicidad. Yo sentí un cosquilleo en el coño, anticipando el salto al trio. Esto va a estar de huevos. Sofia me tomó la mano, suave y manicureada, y me jaló para un beso. Sus labios carnosos sabían a lima y deseo, lengua juguetona explorando mi boca. Marco gruñó aprobador, su verga ya volviendo a la vida.

El trio se armó natural, como ola rompiendo. Sofia y yo nos desnudamos mutuamente, tetas rozándose, pezones duros chocando. Sentí su aliento en mi piel mientras lamía mi cuello, bajando a mis pechos. Qué chingón, su lengua es puro vicio. Marco se unió, besando mi espalda, sus manos amasando el culo de Sofia. Luis observaba, pajeadándose despacio, ojos fijos en nosotras.

Nos tumbamos en la cama enorme, cuerpos entrelazados. Yo chupé los pezones de Sofia, salados y dulces, mientras Marco me penetraba desde atrás, lento y profundo. Cada thrust hacía que mis gemidos vibraran contra su piel. El sonido de carne mojada contra carne, slap slap slap, se mezclaba con el oleaje lejano. Sudor perlando frentes, olor a panocha excitada y vergas calientes impregnando el cuarto. Sofia se arqueó, “¡Ay, wey, métemela ya!”, y Marco la complació, pasando de mí a ella sin perder ritmo.

Mi mente era un torbellino:

Esto es el trio soñado, pero falta el cuarteto para explotar
. Luis no se hizo rogar. Se acercó, su polla gruesa palpitando. Yo la tomé en mi boca, saboreando el precum salado, mientras Sofia me comía el clítoris con maestría, lengua girando como remolino. Marco follaba a Sofia por detrás, y Luis ahora me embestía el coño, alternando con su boca en mis tetas.

La escalada fue brutal. Cambios de posiciones fluidos: yo de rodillas, chupando a Marco mientras Luis me daba por atrás y Sofia lamía mis bolas... espera, no, mis labios hinchados. Neta, qué delicia este cuarteto improvisado. Gritos ahogados, “¡Más duro, cabrón!”, risas entre jadeos. El calor de cuatro cuerpos prensados, pieles resbalosas, dedos por todos lados explorando ano, clítoris, huevos. Olía a sexo puro, almizcle animal mezclado con sudor salobre y el leve toque de arena de la playa en sus pies.

Sofia y yo nos miramos, ojos vidriosos de placer. —¡Vamos a correrlas juntas, nena! —gritó ella. Yo asentí, sintiendo el orgasmo subir como tsunami. Marco aceleró en mi boca, su verga hinchándose. Luis martilleaba mi coño, pulgares en mi clítoris. El clímax nos golpeó en cadena: yo primero, convulsionando, chorro caliente escapando; Sofia chillando al correrse en la cara de Marco; los güeyes eyaculando, semen caliente salpicando tetas y barrigas.

Colapsamos en un enredo de extremidades, pechos agitados, risas exhaustas. El mar susurraba afuera, testigo de nuestro caos glorioso. Marco me besó la frente, “De duo a trio y cuarteto, amor. Eres la mejor”. Sofia acurrucada contra mí, Luis trayendo toallas húmedas con olor a limón.

En el afterglow, tumbados bajo la luna filtrándose por las cortinas, reflexioné.

Esto no fue solo sexo, fue conexión pura, confianza total. México nos regaló esta noche inolvidable
. Mañana playa, pero esta memoria quedaría grabada en la piel, en el alma. Cuerpos satisfechos, corazones latiendo en sintonía, listos para lo que venga. Qué chido ser libres así.

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