Cojidas en Trío Inolvidables
La noche en la cabaña de Valle de Bravo olía a pino fresco y a humo de fogata, con el lago murmurando bajito a lo lejos. Yo, Laura, había llegado con mi carnal Marco y mi compa Sofia, esa morra que siempre me ha puesto a volar con su risa pícara y su cuerpo de infarto. Neta, nunca pensé que una escapada de fin de semana iba a terminar en cojidas en trío, pero el aire estaba cargado de esa electricidad que te eriza la piel.
Estábamos sentados en la terraza, con chelas frías en la mano y mariachi sonando de fondo en el Bluetooth. Marco, mi vato de ojos cafés y brazos tatuados, me abrazaba por la cintura mientras platicábamos pendejadas. Sofia, con su falda corta que dejaba ver sus muslos bronceados, se recargaba en mi hombro, oliendo a vainilla y tequila. "Órale, Lau, ¿ya probaste las cojidas en trío?", soltó de repente, con esa voz ronca que me hizo tragar saliva.
¿Qué pedo? Mi mente dio un brinco. Imaginé sus tetas rozando las mías, la verga de Marco entre nosotras. ¡Ay, wey, qué rico!
Me reí nerviosa, sintiendo el calor subir por mi cuello. "Neta, Sofi, ¿tú sí? Cuéntame chingón." Marco nos miró con una sonrisa de lado, su mano apretándome el culo disimuladamente. Ella se acercó más, su aliento cálido en mi oreja. "Ponte, carnala. Con un ex y su cuate. Fue de puta madre, sudamos como marranos, gime y gime."
La tensión creció como la marea del lago. Bailamos al ritmo de cumbia rebajada, cuerpos pegados. Sentí las caderas de Sofia contra las mías, suaves y firmes, mientras Marco nos rodeaba, su pecho duro presionando mi espalda. El sudor nos unía, olor a piel caliente y perfume mezclado. Mi panocha ya palpitaba, húmeda bajo el shortcito.
Adentro, en la sala con alfombra mullida y luces tenues, nos dejamos caer en el sofá. Marco me besó el cuello, mordisqueando suave, mientras Sofia me tomaba la cara y me plantaba un beso que sabía a limón y deseo. Sus labios carnosos se abrían contra los míos, lengua juguetona explorando. ¡Chingado, qué besos! Mi corazón latía como tamborazo.
Esto es real, Lau. Dos bocas en ti, cuatro manos. No pares.
Marco nos miró, verga ya marcada en el pantalón. "Mis reinas, ¿sí le entramos?" Asentimos, riendo. Sofia me quitó la blusa, exponiendo mis tetas al aire fresco. Sus pezones rosados rozaron los míos, enviando chispas por mi espina. "Qué chingonas estás, Lau", murmuró, chupando uno, lengua girando lento. Gemí, arqueándome. Marco se desabrochó, sacando su verga gruesa, venosa, lista.
La segunda parte de la noche fue un torbellino de sensaciones. Sofia se arrodilló primero, mamando la verga de Marco con maestría, labios estirados, saliva brillando. Yo la veía, fascinada, mi mano en su cabello negro. "Dale, Sofi, trágatela toda." Ella gorgoteaba, ojos lagrimeando de puro gusto. Luego me jaló a mí, besándome con la boca llena de su sabor salado. Puta madre, qué rico el pre-semen mezclado con su baba.
Nos movimos al piso, alfombra raspando rodillas. Marco me puso en cuatro, metiendo dos dedos en mi chochita empapada. "Estás chorreando, mi amor." Entró despacio, su verga abriéndome, llenándome hasta el fondo. El slap-slap de carne contra carne, mi gemido ronco. Sofia debajo de mí, lamiendo mi clítoris hinchado, lengua rápida como vibra. Olía a sexo puro, almizcle y sudor dulce.
Sus lenguas, sus manos... soy un río de placer. Más, cabrones, no paren.
Cambié posiciones, montando a Marco, su verga golpeando mi punto G con cada rebote. Sofia se sentó en su cara, panocha rasurada frotándose contra su boca. La veía rebotar, tetas saltando, uñas clavadas en mis hombros. "¡Sí, Lau, cógeme las tetas!" Las amasé, pellizcando pezones duros como piedras. Marco gruñía vibrando en Sofia, lamiéndola como hambriento.
La intensidad subía, pulsos acelerados, respiraciones jadeantes. Sudor goteaba por espaldas, mezclándose en charquitos. "Voy a venirme, wey", avisó Marco, verga hinchándose más. "Adentro, amor, lléname." Sofia se corrió primero, chillando, jugos chorreando en la cara de Marco. Yo la seguí, chochita contrayéndose, olas de éxtasis rompiéndome. Marco explotó, semen caliente inundándome, desbordando.
Pero no paramos. Segunda ronda: Sofia en cuatro, Marco cogiéndola doggy, yo debajo lamiendo sus bolas y su ano. Ella gritaba "¡Más duro, pendejo!", riendo entre gemidos. Su culo redondo temblaba con cada embestida. Luego yo la comí, lengua en su raja abierta, sabor ácido y dulce. Marco me penetró por atrás, verga lubricada con sus jugos.
El aire estaba espeso, olor a corrida y panochas calientes. Pieles resbalosas, besos salados. Esto son las verdaderas cojidas en trío, pensé, perdida en el morbo.
Nunca había sentido tanto. Somos uno, fusionados en placer puro.
Marco nos puso a las dos de rodillas, mamando su verga juntas. Lenguas entrelazadas en la cabeza, lamiendo eje, bolas. Él se pajeaba viendo, hasta que chorreado otra vez, semen en nuestras caras, tetas. Nos lamimos mutuo, tragando, riendo exhaustas.
Al final, recostados en la cama king size, sábanas revueltas oliendo a nosotros. Cuerpos entrelazados, piernas enredadas. Marco en medio, brazos rodeándonos. Sofia besó mi frente, "Gracias, carnala. Esto fue de lujo." Yo asentí, piel aún hormigueando, corazón lleno.
¿Repetimos? Claro que sí. Estas cojidas en trío nos unieron más, nos liberaron. Mañana, más.
El sol salió tiñendo el lago de oro, pero nosotros dormíamos profundos, satisfechos, con sonrisas pegadas en la cara. La cabaña guardaría nuestro secreto caliente para siempre.