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Palabras Tra Tre Tri Tro Tru en los Labios

6914 palabras

Palabras Tra Tre Tri Tro Tru en los Labios

La noche en el bar de Polanco estaba cargada de ese calor pegajoso que hace que la piel se sienta viva. Yo, Ana, acababa de salir del trabajo, con el escote de mi blusa negra marcando justo lo necesario para voltear cabezas. Me senté en la barra, pedí un paloma con sal, y ahí estaba él: alto, moreno, con una sonrisa que prometía travesuras. Se llamaba Marco, un diseñador gráfico que olía a colonia cara mezclada con algo salvaje, como tierra mojada después de la lluvia.

"¿Qué te trae por aquí, preciosa?" me dijo, su voz ronca rozando mi oído como un secreto. Nos pusimos a platicar de todo y nada: del tráfico infernal de Reforma, de lo chido que estaba el ambiente con esa rola de Natalia Lafourcade sonando bajito. De repente, saca el tema de los trabalenguas de la infancia. "¿Te acuerdas de esos que te enredaban la lengua?" Yo reí, recordando las tardes en casa de mi abuelita en Guadalajara, repitiendo tonterías para impresionar a mis primos.

"Dame palabras con la letra tra tre tri tro tru", le reté, juguetona, lamiéndome los labios sin darme cuenta. Él se acercó más, su aliento cálido con toques de tequila. "Tremendo trago, trágico triunfo, trucha trocada", balbuceó, y supe que el juego acababa de subir de nivel. Mis pezones se endurecieron bajo la tela, un cosquilleo traicionero bajando por mi vientre. Lo miré fijo, sintiendo cómo mi calzón se humedecía solo con imaginar su lengua enredándose en mí como en esas sílabas.

Salimos del bar tomados de la mano, el aire nocturno fresco contrastando con el fuego que nos ardía adentro. Su departamento estaba en una torre con vista al skyline, luces parpadeando como estrellas coquetas. Apenas cerramos la puerta, me empujó contra la pared, besándome con hambre. Sus labios sabían a sal y deseo, su lengua explorando mi boca como si buscara esas palabras prohibidas. "Trae tu cuerpo aquí", murmuró, y yo obedecí, arqueándome contra él.

¿Por qué carajos me excita tanto este jueguito? Esas sílabas tra tre tri tro tru resuenan en mi cabeza como un mantra sucio, haciendo que mi clítoris palpite con cada repetición.

Lo llevé al sofá de piel suave, que crujió bajo nuestro peso. Me quité la blusa despacio, dejando que viera mis tetas llenas, pezones oscuros erguidos como invitación. Él jadeó, "Tremendas", y yo reí bajito, guiando su cabeza hacia ellas. Su boca caliente las succionó, lengua girando en círculos húmedos, tirando suave con los dientes. Gemí, el sonido escapando ronco desde mi garganta, mientras mis manos se enredaban en su cabello negro, oliendo a shampoo de hierbas.

"Di más palabras con la letra tra tre tri tro tru", le pedí, voz temblorosa. "Tragarte entera, trío de placeres, trozo de tu piel", respondió, bajando besos por mi panza, lamiendo el ombligo donde brillaba una gota de sudor salado. Sentí su barba raspando mi piel sensible, un roce delicioso que me hacía retorcer. Le desabroché el pantalón, liberando su verga dura, gruesa, venosa, palpitando en mi palma. La apreté, sintiendo el calor irradiar, el pulso acelerado como tambores de mariachi en fiesta.

Me arrodillé, el piso alfombrado suave bajo mis rodillas. La miré desde abajo, lengua afuera rozando la punta, saboreando la gota perlada de precum, salada y musgosa. "Trágala", ordenó suave, y yo lo hice, labios estirándose alrededor de su grosor, garganta relajándose para tomarlo profundo. Él gruñó, manos en mi cabeza guiando sin forzar, caderas moviéndose en ritmo lento. El sonido era obsceno: chupadas húmedas, saliva goteando, mi respiración jadeante mezclada con sus "¡Qué rico, nena!". Mi coño ardía, jugos resbalando por mis muslos, el olor almizclado de mi excitación llenando el aire.

Me levantó como si no pesara nada, fuerte y decidido, y me llevó a la cama king size, sábanas de algodón egipcio frescas contra mi espalda ardiente. Me abrió las piernas, admirando mi concha depilada, hinchada y brillante. "Triunfo mío", susurró, antes de hundir la cara ahí. Su lengua era mágica: lamiendo largo desde el ano hasta el clítoris, chupando hinchándolo, metiendo dedos gruesos que curvaba justo en mi punto G. Grité, "¡Más, pendejo, no pares!", uñas clavándose en sus hombros. El placer subía en olas, mi vientre contrayéndose, oídos zumbando con mi propio pulso.

Estas palabras con la letra tra tre tri tro tru se me clavan en la mente, cada sílaba un latigazo de placer. Trae tu lengua, trepa mi cuerpo, traga mis jugos, trio de orgasmos que me esperan.

El clímax me golpeó como tormenta en el desierto: cuerpo convulsionando, chorros calientes salpicando su barbilla, gusto metálico en mi boca de tanto morder mi labio. Él no paró, lamiendo hasta que temblé incontrolable, lágrimas de puro éxtasis rodando por mis mejillas. Entonces, se posicionó encima, verga rozando mi entrada resbalosa. "¿Quieres que te trague?" pregunté juguetona, pero él empujó adentro de un golpe suave, llenándome hasta el fondo.

Follamos como animales en celo, pero con ternura. Él embistiendo profundo, yo envolviéndolo con piernas fuertes, talones clavándose en su culo firme. Sudor goteando de su pecho al mío, mezclándose salado en nuestros besos. Cambiamos posiciones: yo encima, cabalgándolo salvaje, tetas rebotando, manos en su pecho peludo sintiendo su corazón tronando. "Trofeo eres tú", jadeó, pellizcando mis pezones. El roce de su pubis contra mi clítoris era eléctrico, building el segundo orgasmo como volcán.

De lado, cucharita, su brazo rodeándome, mano en mi clítoris frotando en círculos mientras me penetraba lento, profundo. Susurraba en mi oído: "Tra tre tri tro tru, tu cuerpo es mi trabalenguas". Reí entre gemidos, el sonido vibrando en mi pecho. El aire olía a sexo puro: semen, jugos, sudor, un perfume embriagador. Sentía cada vena de su verga rozando mis paredes internas, estirándome delicioso.

El final llegó rugiendo: él aceleró, gruñendo "¡Me vengo!", y yo lo apreté con mi coño, ordeñándolo. Calor explotó dentro, semen espeso pintando mis entrañas, mientras mi tercer orgasmo me deshacía en espasmos. Colapsamos, enredados, respiraciones agitadas calmándose poco a poco. Su mano acariciaba mi cadera, labios besando mi nuca húmeda.

Después, en la penumbra, con la ciudad murmurando afuera, nos quedamos así. "Eres increíble", murmuró. Yo sonreí, pensando en cómo unas simples palabras con la letra tra tre tri tro tru habían desatado esto. No era solo sexo; era conexión, risa, deseo crudo envuelto en juego. Me dormí con su calor pegado a mi piel, sabiendo que mañana repetiríamos el trabalenguas, y lo que viniera después.

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