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Trios Sexuales Gif que Encienden la Piel

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Trios Sexuales Gif que Encienden la Piel

La noche en mi depa de Polanco estaba chida de verdad. Las luces tenues del skyline de la Ciudad de México parpadeaban por la ventana panorámica mientras el aire acondicionado zumbaba bajito, mezclándose con el sonido de las risas y el tintineo de los vasos. Yo, Marco, había invitado a Ana y Carla, mis dos carnalas del gym que siempre me sacaban una sonrisa pícara. Ana, con su pelo negro largo y ondulado que olía a coco fresco, y Carla, la güera explosiva con curvas que no acababan y una risa que te erizaba la piel. Estábamos tirados en el sofá de cuero negro, con una botella de tequila reposado a medio camino y unas chelas frías sudando en la mesa.

Neta, wey, ¿has visto esos trios sexuales gif que andan por todos lados? soltó Carla de repente, con los ojos brillando como si hubiera descubierto el santo grial. Su voz ronca, con ese acento chilango que me volvía loco, cortó el aire cargado de humo de mota light que flotaba sutil. Ana se rio, cruzando las piernas enfundadas en shorts vaqueros que dejaban ver sus muslos bronceados, y me miró de reojo.

Pues claro, puta —le contesté, sintiendo un cosquilleo en el estómago—. Son como un preview de lo que uno imagina en la cama, ¿no? Tres cuerpos enredados, sudando, gimiendo...

El corazón me latía más rápido. Las había visto en el celular una vez, esos trios sexuales gif con movimientos hipnóticos que te ponían la verga dura en segundos. Movimientos circulares de caderas, lenguas lamiendo piel salada, manos explorando sin prisa. Y ahora, con ellas dos tan cerca, el calor de sus cuerpos rozándome los brazos, la idea se colaba en mi mente como un fuego lento.

Ana se acercó más, su perfume dulce a vainilla invadiendo mis fosas nasales. ¿Y si lo hacemos real? murmuró, su aliento cálido contra mi oreja. Su mano se posó en mi muslo, dedos suaves trazando círculos que mandaban chispas directas a mi entrepierna. Carla no se quedó atrás; se inclinó desde el otro lado, su pecho generoso presionando mi hombro, y me plantó un beso juguetón en el cuello. Olía a tequila y a algo más primitivo, como deseo crudo.

¿Esto está pasando de veras? ¿O es el pedo hablando?
pensé, mientras mi pulso se aceleraba como tambores en una fiesta de pueblo. El sofá crujió bajo nuestro peso cuando Ana me giró la cara y me besó. Sus labios carnosos, suaves como mango maduro, sabían a sal y a tequila. La lengua se coló juguetona, explorando mi boca con una urgencia que me dejó sin aire.

La tensión crecía como una tormenta en el desierto. Carla observaba, mordiéndose el labio inferior, sus ojos verdes fijos en nosotros. Mi turno, cabrones, dijo con voz husky, y se unió. Ahora eran dos bocas devorándome: Ana chupando mi labio inferior, Carla lamiendo mi mandíbula. El sonido de sus respiraciones agitadas llenaba la habitación, mezclado con el zumbido lejano del tráfico en Reforma.

Nos levantamos como en un trance, tropezando un poco hacia el cuarto. El pasillo olía a mi colonia de siempre, pero ahora se impregnaba de su aroma combinado: coco, vainilla y sudor incipiente. La cama king size nos esperaba, sábanas blancas crujientes que pronto se arrugarían bajo cuerpos ansiosos.

Acto dos: la escalada. Ana me quitó la playera con manos temblorosas de excitación, sus uñas rozando mi pecho, erizando cada vello. Estás prieto, wey, susurró, mientras lamía mi pezón, un toque eléctrico que me hizo gemir. Carla se desvistió rápido, quedando en tanga negra que apenas cubría su panocha depilada. Su piel pálida contrastaba con la de Ana, morena y suave como chocolate fundido.

Yo las miré, la verga ya dura latiendo contra mis jeans. Desnúdenme, ordené juguetón, y ellas obedecieron. Zipper bajando con un sonido metálico, jeans cayendo al piso. Mis boxers siguieron, y ahí estaba yo, expuesto, palpitante. Ana se arrodilló primero, su aliento caliente sobre la punta. Como en esos trios sexuales gif, ¿recuerdan? dijo Carla, riendo bajito mientras se posicionaba al lado.

Su boca se cerró alrededor de mi verga, succionando con maestría, lengua girando en espirales que me nublaban la vista. El sabor salado de mi piel en su boca, el sonido húmedo de succión, el calor envolvente... ¡Carajo! gemí, agarrando su pelo. Carla no se quedó atrás; lamió mis bolas, suaves y pesadas, mientras sus dedos jugaban con mi culo, un toque prohibido que me tensó todo el cuerpo.

Quiero probarlas a ellas, pensé, el deseo rugiendo en mis venas. Las tumbé en la cama, abriendo las piernas de Ana. Su concha rosada brillaba de humedad, olor almizclado y dulce invadiendo el aire. Lamí despacio, lengua plana desde el clítoris hasta el fondo, saboreando su néctar ácido como limón fresco. Ana arqueó la espalda, gimiendo ¡Sí, pendejo, así!, sus muslos temblando contra mis orejas.

Carla se montó en la cara de Ana, frotando su panocha contra la boca de su amiga. El sonido era obsceno: lengüetazos chapoteantes, gemidos ahogados. Yo metí dos dedos en Ana, curvándolos para golpear ese punto que la hacía gritar. Su interior apretado, caliente como lava, succionaba mis dedos. Carla se inclinaba para besarme, compartiendo el sabor de Ana en su lengua.

La intensidad subía. Sudor perlaba nuestras pieles, goteando y mezclándose. El cuarto olía a sexo puro: almizcle, sudor, jugos.

No aguanto más, necesito follar
, rugí internamente. Saqué un condón del cajón —siempre preparados, wey— y me lo puse. Primero Ana: la penetré de un solo empujón, su concha envolviéndome como guante húmedo. ¡Más duro! suplicó, uñas clavándose en mi espalda, dejando surcos ardientes.

Cambié a Carla, que ya jadeaba con los dedos de Ana en su clítoris. Su entrada más apretada, paredes pulsantes. La embestí mientras lamía los pechos de Ana, mordisqueando pezones duros como piedras. Gemidos se volvían gritos: ¡Fóllame, Marco! ¡Ay, sí, Carla, mámame! El colchón rebotaba, cabezas chocando, cuerpos enredados como en esos trios sexuales gif que habíamos mencionado, pero mil veces mejor, reales, sudorosos, vivos.

La tensión llegó al pico. Ana se corrió primero, su concha contrayéndose en espasmos, chorros calientes mojando mis bolas. ¡Me vengo, cabrones! chilló, cuerpo convulsionando. Carla la siguió, montándome con furia, sus caderas girando como en un rodeo. Yo no aguanté: el orgasmo me golpeó como un rayo, verga hinchándose, descargando en oleadas dentro del condón, mientras ellas me ordeñaban con manos y bocas.

Acto tres: el afterglow. Colapsamos en un montón de extremidades entrelazadas, respiraciones jadeantes calmándose poco a poco. El aire pesado de sexo y sudor, pieles pegajosas rozándose. Ana besó mi hombro, Eso fue neta épico, como un gif pero en HD, murmuró riendo. Carla acurrucada en mi pecho, su corazón latiendo contra el mío, lamió una gota de sudor de mi cuello.

¿Repetimos? pregunté, voz ronca. Ellas asintieron, ojos perezosos pero brillantes. La noche no acababa; el deseo lingüe, un eco dulce en el cuerpo cansado. Afuera, la ciudad dormía, pero nosotros, envueltos en sábanas revueltas, sabíamos que habíamos cruzado una línea chida, una que nos unía más. El olor a nosotros perduraría hasta el amanecer, recordándonos que los trios sexuales gif eran solo el comienzo.

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