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Todo empezó una noche calurosa en mi depa de la Roma, con el ventilador zumbando como loco y el olor a tacos de la esquina colándose por la ventana. Yo, Ana, estaba recostada en la cama con mi carnal Marco, mi novio desde la uni, sudando la gota gorda mientras veíamos el cel. Neta, qué pinche calor, pensé, mientras mi mano jugaba distraída con el borde de mi blusita ligera. Marco, con su sonrisa pícara de siempre, abrió una pestañita que decía xxx videos caseros trios. "Mira esto, mi reina, pa que nos pongamos calientes", me dijo con esa voz ronca que me eriza la piel.

Los videos eran puro fuego: morros y morras mexicanos grabándose en sus casas, sin filtros, con gemidos reales y cuerpos sudados chocando en trios salvajes. Una chava en el centro, con dos vatos dándole amor por todos lados, el sonido de piel contra piel retumbando en los audífonos. Olía a sexo crudo, aunque solo fuera pantalla, y yo sentía mi concha humedeciéndose solo de verlos. Marco me miró, sus ojos oscuros brillando. "¿Y si lo hacemos nosotro', amor? ¿Un trio como en esos xxx videos caseros trios?" Su mano subió por mi muslo, rozando suave, y un escalofrío me recorrió la espina.

Al principio dudé,

¿Qué va a pasar con nosotro'? ¿No se va a poner celoso el pendejo?
pensé, pero la idea me prendió como mecha. Recordé a Lupe, nuestra amiga de toda la vida, la que siempre andaba coqueteando con Marco en las fiestas. Alta, con curvas de infarto y esa risa que te hace querer comértela. "Llama a Lupe", le dije, mordiéndome el labio. Él no lo pensó dos veces, marcó y en media hora ella llegó, con un vestido rojo ceñido que gritaba "ven por mí". El aire se cargó de tensión, el perfume dulce de ella mezclándose con el nuestro.

Nos sentamos en la sala, chelas frías en mano, riéndonos nerviosos. "Entonces, ¿vamos a grabar un xxx video casero trio como los que vimos?", soltó Lupe con picardía, sus ojos recorriéndonos. Marco se acercó, besándome primero lento, su lengua saboreando la mía con gusto a cerveza y deseo. Lupe nos miró, lamiéndose los labios, y se unió, su mano en mi cuello, suave como terciopelo. Sentí su aliento caliente en mi oreja, oliendo a menta y algo más prohibido. Chin, qué rico, pensé, mientras sus dedos bajaban por mi escote, pellizcando mis chichis endurecidas.

La cosa escaló rápido. Marco nos quitó la ropa con urgencia, su verga ya dura presionando contra mi panza. Lupe y yo nos besamos, lenguas enredadas, gimiendo bajito mientras él nos lamía el cuello alternadamente. El sonido de nuestras respiraciones agitadas llenaba el cuarto, mezclado con el zumbido del ventilador. "Eres tan rica, Ana", murmuró Lupe, su mano deslizándose entre mis piernas, tocando mi clítoris hinchado. Yo arqueé la espalda, el placer eléctrico subiendo como corriente. Marco sacó el cel, grabando con una mano mientras con la otra masajeaba las nalgas de Lupe. "Pa nuestro archivo personal, como esos xxx videos caseros trios", dijo riendo.

Me recostaron en la cama, las sábanas frescas contra mi piel ardiente. Lupe se sentó en mi cara, su concha depiladita rozando mis labios, saboreando salado y dulce a la vez. La lamí despacio, sintiendo sus jugos correr por mi barbilla, sus gemidos vibrando en mi lengua. Marco entró en mí desde atrás, su verga gruesa llenándome poquito a poco, el estirón delicioso.

¡Ay, cabrón, qué grande la tienes!
grité en mi mente, mientras empujaba contra él. Lupe se mecía, sus chichis rebotando, y bajaba para besar a Marco, sus lenguas chocando sobre mí.

El ritmo creció, sudor goteando de sus cuerpos al mío, el slap-slap de carne contra carne como música obscena. Olía a sexo puro: almizcle, sudor, fluidos mezclados. Marco sacó, lubricado con mis jugos, y entró en Lupe por atrás mientras ella seguía en mi boca. Yo metí dedos en ella también, sintiendo su calor apretado alrededor. "¡Más, wey, no pares!", jadeó ella, clavando uñas en mis hombros. Marco gruñía, su aliento entrecortado en mi oído: "Estás preciosa así, mi amor, abierta pa los dos". El cuarto giraba en un torbellino de sensaciones: el roce áspero de su vello púbico en mi piel, el sabor de Lupe explotando en mi boca, el pulso acelerado latiendo en mis sienes.

Cambiámos posiciones, yo encima de Marco, cabalgándolo lento al principio, su verga golpeando profundo, rozando ese punto que me hace ver estrellas. Lupe se arrodilló frente a mí, lamiendo donde nos uníamos, su lengua en mi clítoris y en los huevos de él. Puta madre, el placer era doble, triples ondas chocando. Gemí alto, mis paredes contrayéndose alrededor de Marco. Él me agarró las caderas, clavándome más fuerte, el sonido húmedo de penetración inundando todo. Lupe subió, frotando su concha contra la mía mientras Marco nos follaba alternando, su verga saliendo chorreante de una a la otra.

La tensión subió como volcán, mis muslos temblando, el corazón retumbando en el pecho.

Ya mero, no aguanto, van a hacer que me venga como nunca
, pensé, mordiendo el hombro de Lupe. Ella jadeaba: "¡Sí, Ana, córrete conmigo!". Marco aceleró, su verga hinchándose, gruñendo como animal. El clímax nos golpeó juntos: yo exploté primero, chorros calientes saliendo de mí, empapando todo; Lupe se convulsionó en mis brazos, gritando "¡Ay, Dios!"; Marco se corrió dentro de Lupe, su leche caliente goteando hacia mí. Ondas de éxtasis nos recorrieron, cuerpos temblando pegados, el aire espeso de nuestros alaridos.

Caímos exhaustos, enredados en la cama revuelta, el cel aún grabando los últimos espasmos. Sudor enfriándose en la piel, el olor a orgasmo flotando pesado. Marco nos besó a las dos, suave ahora, con ternura. "Eso fue mejor que cualquier xxx video casero trio", susurró. Lupe rio bajito, acurrucándose en mi pecho, su piel pegajosa contra la mía. Yo sonreí, sintiendo una paz profunda, el deseo saciado pero con chispas latentes.

Al día siguiente, desayunando tamales en la cocina, revisamos el video. Nuestros cuerpos en pantalla, reales, apasionados, nos prendieron de nuevo. "Esto va pa nuestra colección privada", dijo Marco, guiñando. Lupe y yo nos miramos, cómplices. Neta, qué noche. Desde entonces, esos xxx videos caseros trios nuestros son nuestro secreto, un lazo que nos une más, recordándonos que el placer compartido es el mejor.

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