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Trio Ardiente con Mi Cuñada XXX

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Trio Ardiente con Mi Cuñada XXX

Era una noche de esas calurosas en la casa de la playa en Cancún, con el sonido de las olas rompiendo a lo lejos y el aroma salado del mar colándose por las ventanas abiertas. Yo, Juan, estaba recargado en el sillón de la sala, con una chela fría en la mano, viendo cómo mi esposa Laura y su hermana Ana, mi cuñada, reían a carcajadas mientras preparaban unas micheladas en la cocina. Laura, con su cuerpo curvilíneo envuelto en un vestido ligero de verano que se pegaba a sus tetas perfectas, y Ana, más delgada pero con un culo que no le pedía nada a nadie, meneando las caderas al ritmo de una cumbia que sonaba bajito en el estéreo.

Desde que Ana se había divorciado hace unos meses, las visitas se habían hecho más frecuentes. Ella siempre había sido coqueta, con esa mirada pícara que me ponía la verga dura sin querer. Pero esta vez, algo en el aire se sentía diferente. Laura me había contado que Ana andaba caliente, sin hombre, y que a lo mejor podíamos ayudarla. Yo pensé que era broma, pero su sonrisa traviesa me dejó pensando.

¿Y si de plano armamos un trio con cuñada xxx como en esas pelis que veo a escondidas?

Me sacudí el pensamiento, pero el calor entre mis piernas no se iba. Laura se acercó con dos vasos en las manos, su perfume de vainilla mezclándose con el limón de las bebidas. "Órale, carnal, ¿qué traes tan pensativo? ¿Ya te caló mi hermana?" me dijo guiñándome el ojo, mientras se sentaba en mi regazo, frotando su nalga contra mi paquete que ya empezaba a despertar.

Ana entró detrás, con el pelo suelto cayéndole por los hombros bronceados, y un short tan corto que dejaba ver la curva de sus cachetes. "¿De qué hablan, pendejos? ¿Ya andan de chismes?" Se rio, sentándose en el otro sillón, cruzando las piernas de forma que su piel suave brillaba bajo la luz tenue de las velas que Laura había encendido.

La plática fluyó fácil, como siempre en familia. Hablamos de la playa, de lo rico que estaba el ceviche que sobró de la comida, pero el roce de los pies de Laura en mi entrepierna bajo la mesita y las miradas que Ana me lanzaba empezaron a calentar el ambiente. Sentía el pulso acelerado, el sudor perlando mi frente, y un cosquilleo en la piel cada vez que Ana se inclinaba y sus tetas se asomaban por el escote de su blusa.

De repente, Laura soltó la bomba. "Oigan, ¿y si jugamos algo chido? Verdad o reto, pero versión adultos." Ana aplaudió emocionada. "¡Simón, güey! Hace rato que no me divierto de verdad." Yo asentí, con el corazón latiéndome como tambor, sabiendo que esto podía escalar rápido.

El juego empezó inocente: retos de shots, verdades sobre exnovios. Pero pronto, Laura retó a Ana a darme un masaje en los hombros. Sus manos calientes cayeron sobre mi piel, amasando con fuerza, bajando poco a poco por mi pecho. Olía a coco de su loción, y su aliento cálido rozaba mi oreja. "¿Te gusta, cuñado?" murmuró, y yo solo pude gruñir un sí, con la verga ya tiesa como poste contra mis shorts.

Mi turno: reto a Laura a besar a Ana. Ellas se miraron, riendo nerviosas, pero se acercaron. Sus labios se juntaron suaves al principio, un roce jugoso que me dejó babeando. El sonido de sus lenguas chocando fue como música, húmedo y pegajoso, y el gemido bajito de Ana me erizó la piel. Laura se separó, con los labios hinchados y brillantes. "¿Ves, amor? A mi hermana le late."

La tensión crecía como olla a presión. El aire estaba cargado de feromonas, el olor a sudor mezclado con sus perfumes, y mis manos temblaban de ganas. Ana me miró directo a los ojos. "Juan, ¿tú qué? ¿Verdad o reto?" "Reto", dije sin pensarlo. "Quítate la playera y déjanos verte nomás."

Me la quité, sintiendo sus miradas devorándome. Laura se levantó y empezó a besarme el cuello, mientras Ana se acercaba por el otro lado, sus dedos trazando mi abdomen. "Puta madre, qué rico estás, cuñado", susurró Ana, y su voz ronca me puso al borde.

Acto dos: la escalada

Nos movimos a la recámara como en trance, la alfombra mullida bajo mis pies descalzos, el ventilador zumbando arriba girando el aire caliente. Laura prendió la luz baja, iluminando la cama king size con sábanas blancas que olían a lavanda fresca. "Esto va a ser nuestro trio con cuñada xxx privado", dijo Laura riendo, mientras se quitaba el vestido de un tirón, quedando en tanga roja que apenas cubría su concha depilada.

Ana la imitó, su cuerpo desnudo era una delicia: pezones oscuros duros como piedras, y un triángulo negro de vello que invitaba a hundirse. Yo me desvestí rápido, mi verga saltando libre, venosa y palpitante, goteando ya de precum. Ellas jadearon al unísono. "¡Mira nomás esa pinga, hermana!" exclamó Ana, lamiéndose los labios.

Laura me empujó a la cama, montándose a horcajadas sobre mi cara. Su concha chorreaba jugos calientes sobre mi boca, sabor salado y dulce como mango maduro. Lamí con hambre, sintiendo sus muslos apretándome la cabeza, sus gemidos vibrando en mi piel. "¡Ay, sí, chúpame así, cabrón!"

Ana no se quedó atrás. Se agachó y engulló mi verga de un jalón, su boca caliente y húmeda succionando como vacío. El sonido de su garganta trabajando era obsceno, glug glug glug, saliva resbalando por mis bolas. Sentía su lengua girando alrededor del glande, el calor de su aliento, y mis caderas se alzaban solas follándole la boca.

No mames, esto es mejor que cualquier porno de trio con cuñada xxx. Sus dos cuerpos retorciéndose, piel contra piel, sudada y resbalosa.

Cambiaron posiciones. Ana se sentó en mi verga, su concha apretada tragándosela centímetro a centímetro. "¡Qué rica tu verga, cuñado! Lléname toda", gritó, cabalgándome con furia, sus tetas rebotando, el slap slap de su culo contra mis muslos resonando. Laura se frotaba el clítoris viéndonos, luego se unió, besando a Ana mientras yo las penetraba alternadamente.

El olor a sexo era espeso: almizcle de conchas húmedas, sudor salado, mi precum mezclado. Tocaba todo: la curva suave de la espalda de Ana, los cachetes firmes de Laura, pezones duros entre mis dedos. Gemidos everywhere, "¡Más duro! ¡Sí, así! ¡No pares, pendejo!" Mis bolas se contraían, el orgasmo acechando como tormenta.

Laura se puso a cuatro, yo la cogí por atrás, mi verga hundiéndose en su calor resbaladizo, mientras Ana se acostaba debajo lamiéndole el clítoris. El sabor de sus jugos en mi boca cuando besé a Ana después, todo mezclado. La intensidad subía, pulsos acelerados, piel en llamas, hasta que no pude más.

Acto tres: la liberación

"¡Me vengo!" rugí, sacando la verga y explotando sobre sus tetas. Chorros calientes y espesos salpicando piel, ellas gimiendo y frotándose el semen mutuamente, lamiéndolo de los dedos con sonrisas lujuriosas. Ana se corrió segundos después, su concha convulsionando contra la lengua de Laura, chorros de squirt mojando las sábanas. Laura nos siguió, temblando en mis brazos, su cuerpo arqueándose en éxtasis.

Nos derrumbamos en un enredo de extremidades sudadas, respiraciones agitadas calmándose poco a poco. El mar seguía susurrando afuera, ahora como arrullo. Besé a Laura, luego a Ana, sus labios suaves y cansados. "Esto fue chingón, hermanas", murmuré, sintiendo el calor residual en mi piel.

Ana se acurrucó contra mí, su mano trazando círculos en mi pecho. "Nunca pensé que un trio con cuñada xxx sería tan cabrón, pero contigo y Laura, todo es perfecto." Laura rio bajito. "Y repetimos cuando quieras, ¿eh? Somos familia, güeyes."

Me quedé ahí, envuelto en sus aromas, el corazón lleno, sabiendo que esta noche había cambiado todo para bien. El afterglow era puro, como el sol saliendo sobre el Caribe, prometiendo más placeres compartidos.

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