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Tríos RealesXXX Nuestra Pasión Desatada

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Tríos RealesXXX Nuestra Pasión Desatada

La noche en el Polanco bullía de luces neón y risas lejanas, el aire cargado con ese olor a tacos al pastor y tequila fresco que tanto me enciende. Yo, Ana, con mi vestido negro ceñido que marcaba cada curva de mi cuerpo moreno, caminaba del brazo de Marco, mi carnal de tantos años. Habíamos hablado mil veces de eso, de los tríos realesxxx que veíamos en la compu, esas mamadas que nos ponían como fieras. "Órale, güey, ¿y si lo hacemos de a de veras?", me soltó él una vez, con esa sonrisa pícara que me moja al instante.

Entramos al bar, el sonido de la banda norteña retumbando en mis huesos, el sudor perlado en mi escote brillando bajo las luces. Ahí estaba ella, Carla, la morra que Marco conoció en el gym. Alta, con tetas firmes que pedían ser tocadas y un culo que se movía como en slow motion. Nos miramos, y supe que la química estaba cañón. Pidimos unos chelas heladas, el vidrio empañado contra mis labios, el sabor amargo bajando por mi garganta mientras charlábamos pendejadas.

¿Será que esta noche pasa lo que soñamos? Dios, mi chucha ya palpita solo de pensarlo.

Marco me guiñó el ojo, su mano grande apretando mi muslo bajo la mesa, el calor de sus dedos subiendo como fuego. Carla reía, su voz ronca como miel caliente, contando anécdotas de sus aventuras. "Yo he probado de todo, carnales, pero un trío de verdad, con feeling, eso sí que es chingón". El pulso se me aceleró, el corazón latiéndome en el pecho como tamborazo. Salimos de ahí, el viento nocturno fresco rozando mi piel erizada, caminando hacia el depa de Marco en la colonia Roma, con ese aroma a jazmín de los balcones que me hacía sentir viva, cachonda.

Adentro, la luz tenue de las velas parpadeaba, proyectando sombras danzantes en las paredes blancas. Pusimos música de rock en español, bajo y sensual, el bajo vibrando en mi vientre. Nos sentamos en el sofá de cuero suave, yo en medio, sus cuerpos pegados a mí como imanes. Marco me besó primero, sus labios gruesos devorando los míos, lengua juguetona saboreando mi gloss de fresa. Carla observaba, mordiéndose el labio inferior, sus ojos verdes brillando de deseo. Qué rico se siente esto, tan prohibido y tan nuestro.

Extendí la mano, rozando el brazo de Carla, su piel tersa como seda bajo mis yemas. Ella se acercó, su aliento cálido en mi cuello, oliendo a perfume vainilla y algo más, ese musk femenino que me volvía loca. Nuestros labios se encontraron, suaves al principio, luego fieros, lenguas enredándose en un baile húmedo y caliente. Marco gemía bajito, su verga ya dura presionando contra mi cadera. "Pinches ricas", murmuró, quitándome el vestido con manos temblorosas de pura lujuria.

Desnuda, mis pezones duros como piedritas expuestos al aire fresco, sentí sus miradas devorándome. Carla se desabrochó la blusa, dejando ver sus chichis perfectas, rosadas y listas. Marco nos jaló a las dos, besándonos a turnos, su barba raspando delicioso mi piel sensible. Me recosté en el sofá, piernas abiertas invitando, el olor de mi propia excitación llenando la habitación, dulce y salado. Carla se arrodilló entre mis muslos, su lengua trazando caminos lentos por mi interior, lamiendo mi clítoris hinchado con maestría.

¡Ay, cabrón, qué chido! Esto es mejor que cualquier trío realesxxx que hayamos visto.
Grité bajito, arqueando la espalda, mis uñas clavándose en el cuero.

Marco se desnudó, su pito erecto grueso y venoso saltando libre, el glande brillando de precum. Se acercó a mi boca, y lo chupé ansiosa, saboreando su sal marina, la vena pulsando contra mi lengua. Carla no paraba, sus dedos hundiéndose en mí, curvándose justo donde duele de placer. El sonido de succiones húmedas, gemidos ahogados y piel contra piel era una sinfonía sucia y perfecta. Cambiamos posiciones, yo encima de Marco, su verga llenándome hasta el fondo, estirándome delicioso mientras Carla se sentaba en su cara, él lamiéndola como hambriento.

El sudor nos unía, resbaloso y caliente, sus cuerpos presionando el mío en un enredo de extremidades. Olía a sexo puro, a feromonas mexicanas revueltas con el aroma de nuestras pieles tostadas por el sol. "Más fuerte, pendejos", jadeé, cabalgando a Marco con furia, mis caderas girando en círculos que nos volvían locos. Carla se bajó, besándome mientras frotaba su chochito contra mi clítoris, el roce eléctrico enviando chispas por mi espina. Sus tetas rebotaban contra las mías, pezones rozándose como fuego.

La tensión crecía, mis músculos temblando, el orgasmo acechando como tormenta. Marco me agarró las nalgas, embistiéndome desde abajo con golpes profundos, su gruñido animal vibrando en mi pecho. Carla metió dos dedos en mi culo, lubricados con mi propio jugo, el doble relleno explotando mi mundo. No aguanto más, me voy a venir como nunca. Grité, el clímax rompiéndome en olas, mi coño contrayéndose alrededor de su verga, chorros calientes salpicando.

Marco se volteó, poniéndome a cuatro patas, follando mi boca mientras Carla lamía mis tetas colgantes. Ella se masturbaba viéndonos, sus dedos chapoteando en su humedad. "Córrete en ella, carnal", le pedí con la boca llena, tragando su sabor. Él rugió, sacándola y eyaculando chorros espesos en mi espalda, caliente y pegajoso rodando por mi piel. Carla se unió, lamiendo el semen de mí, su lengua limpiándome mientras se corría contra mi muslo, temblando y gimiendo mi nombre.

Colapsamos en un montón jadeante, el aire pesado con nuestro olor compartido, corazones galopando al unísono. Marco me besó la frente, sudada y sonriente. "Eso fue épico, mi reina". Carla se acurrucó contra mí, su mano suave en mi vientre.

Los tríos realesxxx palidecen al lado de esto, de nosotros tres conectados de verdad.
Nos quedamos así, piel con piel, el silencio roto solo por respiraciones calmándose, el afterglow envolviéndonos como manta tibia.

Al amanecer, el sol filtrándose por las cortinas, tomamos café negro humeante en la terraza, riendo de la noche loca. No hubo arrepentimientos, solo promesas de más. Carla se despidió con un beso largo, su número en mi cel. Marco y yo nos miramos, cómplices eternos. Esa noche nos cambió, nos abrió a un mundo de placer compartido, real y nuestro, sin filtros ni cámaras. Y mientras el tráfico de la ciudad rugía abajo, supe que repetiríamos, que los tríos realesxxx eran solo el principio de nuestra propia saga erótica.

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