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Trios X Caseros en la Noche Prohibida

7218 palabras

Trios X Caseros en la Noche Prohibida

La luz tenue de las velas parpadeaba en la sala de la casa en Polanco, donde el aroma a incienso de copal se mezclaba con el dulzor de las flores de cempasúchil que Ana había puesto en el centro de la mesa. Tú, Marco, estabas recostado en el sofá de piel suave, con una cerveza fría en la mano, sintiendo el fresco del aire acondicionado contra tu piel desnuda de la cintura para arriba. Ana, tu carnala de tantos años, se movía con esa gracia felina que siempre te ponía la verga dura, vestida solo con una playera holgada que apenas cubría sus muslos morenos y torneados.

¿Por qué carajos no lo hemos hecho antes? pensabas, mientras la veías servir otra ronda de tequilas. Habían hablado de esto durante meses, de esos trios x caseros que veían en videos clandestinos, grabados en casas como la suya, con gente real, sudada y jadeante. Nada de porno falso de Hollywood. Neta, querían algo auténtico, algo que oliera a México, a deseo crudo y casero.

El timbre sonó como un latido acelerado. Ana te miró con ojos brillantes, mordiéndose el labio inferior.

"Es Luis, wey. ¿Estás listo pa'l desmadre?"
dijo con voz ronca, y tú asentiste, el pulso retumbando en tus sienes. Luis era su carnal del gym, un morro alto y fibroso, con tatuajes que asomaban por el cuello de su camiseta ajustada. Todos adultos, todos en la misma sintonía. Ningún pendejo forzado, solo pura química que había empezado con miradas coquetas en una fiesta hace semanas.

Cuando abrió la puerta, el olor a colonia masculina fresca invadió el espacio, mezclándose con el calor de sus cuerpos. Luis entró sonriendo picoso, con una botella de mezcal en la mano.

"Órale, pinches calientes. ¿Listos pa' los trios x caseros en vivo?"
bromeó, y Ana soltó una carcajada que vibró en tu pecho. Se sentaron los tres en el sofá grande, las piernas rozándose accidentalmente al principio, pero pronto con intención. El tequila bajaba ardiente por tu garganta, soltando las inhibiciones como hilos sueltos.

Ana se acomodó entre ustedes dos, su playera subiéndose lo justo para mostrar el encaje negro de sus calzones. Su mano izquierda cayó en tu muslo, masajeando con uñas pintadas de rojo, mientras la derecha rozaba el paquete de Luis. Tú sentiste el calor subirte por el cuello, el corazón golpeteando como tamborazo en una verbena. Esto es real, carnal. No video, no sueño. Su piel sabe a vainilla y sudor limpio.

La plática fluyó fácil, como siempre: del fut en la tele, al pinche tráfico de la Reforma, hasta que Ana giró el tema.

"Ya wey, basta de mamadas. ¿Quieren ver un video de trios x caseros pa' entrar en calor?"
Sacó su cel, y pusieron uno grabado en una casa humilde pero chida, con gemidos que llenaron la sala. La pantalla mostraba cuerpos entrelazados, caseros y crudos, y pronto sus respiraciones se sincronizaron con los jadeos del video.

El beso empezó inocente: Ana se inclinó hacia ti, sus labios suaves y húmedos saboreando a tequila y menta. Su lengua danzó con la tuya, un remolino caliente que te erizó la piel. Luis observaba, su mano ya dentro de sus jeans, frotándose despacio. Luego, ella se volteó, besándolo a él con la misma hambre, y tú viste cómo sus bocas se devoraban, el sonido chuposo y húmedo poniéndote como piedra.

Las manos exploraron. La tuya subió por la espalda de Ana, sintiendo los músculos tensos bajo la playera, mientras Luis bajaba la de ella por el estómago de tu carnala, hasta meterla entre sus piernas. Ana gimió contra tu boca, un sonido gutural que olía a excitación pura, a feromonas mexicanas. La panocha de Ana debe estar chorreando ya, pensaste, y no te equivocaste cuando ella te jaló la mano hacia allá. El calor húmedo te envolvió los dedos, resbaloso y pegajoso, mientras ella se arqueaba.

Se quitaron la ropa como si ardiera. Tu verga saltó libre, venosa y palpitante, y Luis la suya, gruesa y oscura, comparándose en broma.

"Mira nomás, pinche competencia chida"
rió Ana, arrodillándose entre los dos. Su boca te envolvió primero, chupando con labios carnosos, la lengua girando alrededor del glande como remolino en pozole. El sabor salado de tu pre-semen se mezcló con su saliva, y el sonido de succión era obsceno, chapoteante. Luego pasó a Luis, mamándosela profunda, mientras tú le acariciabas las tetas firmes, pezones duros como piedras de obsidiana.

La llevaron al cuarto, la cama king size crujiendo bajo su peso. Ana en el centro, piernas abiertas, invitando. Tú te posicionaste atrás, frotando tu verga contra su culo redondo y prieto, oliendo su aroma almizclado. Luis se hincó enfrente, penetrándola lento, centímetro a centímetro. Ana gritó de placer,

"¡Ay cabrón, así, métemela toda!"
Su coño se abría como flor de noche, chorreando jugos que corrían por sus muslos.

Entraste en su boca mientras Luis la cogía, sintiendo las vibraciones de sus gemidos en tu pija. El ritmo se aceleró: embestidas profundas, piel contra piel chapoteando, sudor perlando sus cuerpos morenos. Cambiaron posiciones; ahora Ana encima de ti, cabalgándote con caderas ondulantes, su clítoris frotándose contra tu pubis. Luis detrás, lubricando su ano con saliva y jugos, entrando despacio. Doble penetración casera, neta lo máximo, pensaste, el estiramiento visual poniéndote al borde.

Ana se retorcía, gritando

"¡Sí, pendejos, rómpanme! ¡Esto es un trio x casero de lujo!"
El cuarto apestaba a sexo: semen, sudor, pussy juice. Tus bolas chocaban contra las de Luis, un roce inesperado que intensificaba todo. Sus pechos rebotaban hipnóticos, y tú los chupabas, saboreando el salado de su piel, mientras ella clavaba uñas en tu pecho.

La tensión crecía como tormenta en el Popo. Ana se corrió primero, convulsionando, chorros calientes mojando tu verga y las sábanas.

"¡Me vengo, cabrones! ¡No paren!"
Su coño se contraía como puño, ordeñándote. Luis gruñó, sacándola para pintarle la espalda de leche espesa, olorosa a macho. Tú aguantaste, volteándola para cogérsela misionero, piernas en hombros, hasta que explotaste dentro, llenándola con chorros calientes que desbordaron.

Colapsaron en un enredo sudoroso, respiraciones agitadas calmándose poco a poco. El olor a sexo impregnaba las sábanas, y Ana besaba vuestras frentes,

"Pinches dioses. Los mejores trios x caseros ever."
Tú sentías el pulso bajar, el cuerpo lánguido pero satisfecho, pieles pegajosas uniéndose. Afuera, la ciudad ronroneaba indiferente, pero adentro, en esa casa chida, habían creado su propio paraíso casero.

Después, con mezcal en mano, rieron recordando los detalles: cómo Ana había squirteado como en esos videos, cómo Luis casi se resbala del sudor. No hubo culpas, solo promesas de más noches así. Esto no es el fin, wey. Es el principio de algo adictivo, pensaste, mientras Ana se acurrucaba, su mano aún jugueteando con tu verga floja. El deseo latía bajo la piel, listo para revivir.

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