Genérico de Bedoyecta Tri en mi Vena de Fuego
Estaba hecha un trapo después de una semana de puro estrés en la oficina. El sol de la tarde se colaba por las cortinas de mi depa en la Roma, tiñendo todo de un naranja cálido que me hacía sentir aún más pendeja por no haber dormido bien. Luis, mi carnal del alma desde hace dos años, llegó con esa sonrisa pícara que siempre me desarma. Traía una cajita en la mano, genérico de Bedoyecta Tri, dijo, que se lo recomendó un compa del gym para recargar pilas rapidito.
Órale, mi reina, esto te va a poner como nueva
, me soltó mientras sacaba la jeringa ya preparada. Lo miré con esa mezcla de desconfianza y curiosidad que me da cuando saca sus trucos de macho alfa. No era la primera vez que probábamos algo para darnos energía —la neta, con nuestros trabajos locos, a veces necesitamos un empujón. Me recargué en el sofá de piel suave, el aroma a café recién hecho flotando en el aire, y le subí la manga de mi blusa floja. Su dedo rozó mi brazo, fresco y firme, enviando un escalofrío que no era solo del aire acondicionado.
El pinchazo fue leve, como un beso traicionero. Ya estuvo, güeyita
, murmuró, y me plantó un beso en la frente que olía a su loción de sándalo. Al principio no sentí nada más que el ardor chiquito en la vena, pero mientras nos echábamos en la cama king size, con las sábanas de algodón egipcio arrugadas de la noche anterior, algo empezó a cambiar. Mi corazón latió más fuerte, como si la sangre se hubiera encendido de golpe. ¿Qué chingados es esto?, pensé, mientras un calorcillo subía desde el brazo hasta el pecho, haciendo que mis tetas se sintieran pesadas y sensibles.
Luis se recostó a mi lado, su cuerpo moreno y musculoso pegándose al mío. Llevaba solo unos bóxers ajustados que marcaban todo lo que me volvía loca. ¿Cómo te sientes?
, preguntó con voz ronca, su aliento cálido en mi cuello. Yo solo atiné a gemir bajito, porque de repente cada roce de su piel contra la mía era como electricidad pura. El olor de su sudor limpio, mezclado con el mío que empezaba a brotar, llenaba la habitación. Mis manos, como si tuvieran vida propia, se colaron bajo su bóxer, sintiendo el calor de su verga ya medio dura, palpitante bajo mis dedos.
Pinche genérico de Bedoyecta Tri, esto no es solo vitaminas, es puro afrodisíaco, se me cruzó por la mente mientras lo apretaba suave, oyendo su jadeo ronco que me erizaba la piel.
Nos besamos con hambre, su lengua invadiendo mi boca con sabor a menta y deseo crudo. Yo me trepé encima de él, frotando mi conchita húmeda contra su dureza a través de la tela delgada de mis panties. El roce era delicioso, un cosquilleo que subía por mi espinazo. Te sientes... diferente, mi amor
, gruñó él, sus manos grandes amasando mis nalgas, separándolas con fuerza juguetona. El sonido de nuestras respiraciones agitadas rebotaba en las paredes, mezclado con el tráfico lejano de la calle Insurgentes.
Me quité la blusa de un jalón, dejando que mis chichis rebotaran libres, los pezones duros como piedras rozando su pecho velludo. Él se incorporó y los chupó con avidez, su lengua girando alrededor de uno mientras pellizcaba el otro. ¡Qué rico! grité en mi cabeza, el placer punzante bajando directo a mi clítoris hinchado. Bajé la mano y saqué su verga gruesa, venosa, oliendo a hombre puro. La lamí desde la base hasta la punta, saboreando el precum salado que brotaba como miel. Él se arqueó, ¡Mamacita, no pares!
, y yo me la metí hasta la garganta, sintiendo cómo latía contra mi paladar.
Pero el fuego en mis venas no se calmaba. Lo empujé de vuelta a la cama y me quité las panties de un movimiento fluido, mi coño depilado brillando de jugos. Me senté en su cara, y él lamió como poseído, su nariz frotando mi clítoris mientras su lengua entraba y salía de mis labios hinchados. El sonido era obsceno, chapoteante, y yo me mecía cabalgándolo, oliendo mi propia excitación almizclada mezclada con su saliva. Esto es lo que necesitaba, carajo, pensé, mientras ondas de placer me recorrían las piernas temblorosas.
La tensión crecía como tormenta. Luis me volteó con facilidad, su fuerza me hacía sentir pequeña y protegida. Se puso de rodillas entre mis muslos abiertos, su verga apuntando como lanza. Rozó la punta contra mi entrada, untándola de mis fluidos, y yo supliqué: Métemela ya, pendejo, no me hagas esperar
. Entró despacio al principio, centímetro a centímetro, estirándome deliciosamente. Sentí cada vena, cada pulso, mientras él gemía Estás tan apretada, tan mojada...
. El olor de sexo puro invadía todo, sudor perlando su frente, goteando en mi piel ardiente.
Empezó a bombear, lento y profundo, sus bolas golpeando mi culo con palmadas húmedas. Yo clavaba las uñas en su espalda, dejando marcas rojas que lo volvían más salvaje. El genérico de Bedoyecta Tri me tiene en llamas, neta, reflexioné en medio del éxtasis, mientras él aceleraba, el colchón crujiendo bajo nosotros. Cambiamos a perrito: yo de rodillas, él detrás, jalándome el pelo suave mientras me taladraba. Su mano bajó a mi clítoris, frotándolo en círculos rápidos, y el orgasmo me golpeó como rayo. Grité, mi coño contrayéndose alrededor de su verga, jugos chorreando por mis muslos. Él no paró, prolongando mi placer hasta que colapsé temblando.
Pero él aún no terminaba. Me puso boca arriba, piernas en sus hombros, y se hundió de nuevo, profundo hasta el fondo. Sus ojos clavados en los míos, sudor goteando de su pecho al mío. Voy a llenarte, mi reina
, jadeó, y con tres embestidas brutales, se vino dentro, chorros calientes inundándome, su verga pulsando mientras yo lo ordeñaba con mis paredes internas. El calor de su semen me llevó a un segundo clímax, suave y prolongado, como olas rompiendo en la playa de Mazatlán.
Nos quedamos pegados, jadeando, el aire espeso con olor a sexo y sábanas revueltas. Luis se salió despacio, un hilo de semen conectándonos aún. Me besó suave, ¿Ves? Te dije que el genérico de Bedoyecta Tri era chido
. Reí bajito, mi cuerpo pesado de placer, la energía aún zumbando en mis venas pero ahora calmada, satisfecha. Afuera, la ciudad seguía su ritmo, pero en nuestra cama, el mundo era perfecto. Quién diría que unas vitaminas genéricas nos pondrían así de locos, pensé mientras me acurrucaba en su pecho, oyendo su corazón latir al unísono con el mío. Mañana pediré más.