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Try Catch en Visual Basic Caliente

5856 palabras

Try Catch en Visual Basic Caliente

Era una noche de esas en el DF que se siente eterna, con el skyline de la CDMX parpadeando por la ventana del cubículo. Yo, Ana, programadora de sistemas legacy, estaba hasta la madre con este proyecto viejo en Visual Basic 6. Luis, mi carnal del equipo, se sentó a mi lado con su café negro humeante, oliendo a vainilla y a algo más, como a hombre que no se baña con jabón de lavanda. "Órale, wey, ¿qué pedo con ese error? Vamos a meterle un try catch en Visual Basic pa' que no se nos caiga el chingo", dijo con esa sonrisa pícara que me hacía cosquillas en el estómago.

El aire del office olía a impresora caliente y a tacos de suadero del carrito de abajo. Mis dedos volaban en el teclado, el clic-clac resonando como un ritmo de cumbia rebajada. Luis se acercó más, su muslo rozando el mío bajo la mesa. Sentí el calor de su piel a través del pantalón de mezclilla gastado. "

Try... algo aquí...
", murmuró sobre mi hombro, su aliento cálido en mi oreja, con olor a chicle de menta. Mi corazón dio un brinco, neta, como si el código se hubiera compilado perfecto de repente.

Ya llevábamos horas: el jefe se había largado a su casa en Polanco, el piso estaba vacío salvo por el zumbido de las máquinas. Yo traía una blusa blanca pegadita por el sudor, mis tetas marcadas contra la tela, y él no quitaba la vista. "Mira, Ana, este try catch en Visual Basic va a salvarnos el culo", dijo riendo, pero sus ojos decían otra cosa. Me volteé y nuestros rostros quedaron a centímetros. Olía su colonia barata mezclada con sudor fresco, ese aroma que te pone la piel de gallina.

Acto uno del deseo: la tensión. Nuestras manos se rozaron al teclear. "¿Sabes qué, pendejo? Tú eres el error que no quiero cazar", le solté juguetona, sintiendo cómo mi chucha empezaba a palpitar. Él se rio bajito, un sonido ronco que vibró en mi pecho. "Pues atrápame tú, carnala". El primer beso fue tentativa, como un try en el código: labios suaves, probando, su lengua rozando la mía con sabor a café y urgencia. Me levantó en brazos, mis piernas envolviéndolo, y me sentó en la mesa llena de papeles y mouse pads.

El medio tiempo empezó a escalar. Sus manos grandes, callosas de tanto teclear, subieron por mis muslos, arrugando mi falda plisada. Sentí sus dedos ásperos contra mi piel suave, encendiendo chispas. "Qué rica estás, Ana, neta como código optimizado", susurró, mordisqueándome el lóbulo de la oreja. Yo gemí bajito, el sonido ahogado por el ventilador del server room. Le quité la camisa, revelando su pecho moreno, velludo justo lo necesario, oliendo a macho sudado. Mis uñas rasguñaron su espalda mientras él me bajaba los calzones, el aire fresco golpeando mi monte de Venus húmedo.

¿Por qué carajos me excita tanto este wey con sus rollos de programación?
, pensé mientras él se arrodillaba. Su lengua experta lamió mi clítoris, un catch perfecto de mi placer. Saboreé mi propia excitación en su boca cuando lo besé después, salada y dulce como el mezcal de Oaxaca. "Luis, no pares, cabrón", le rogué, mis caderas moviéndose solas contra su cara barbuda. Él chupaba con hambre, sus dedos metiéndose en mí, curvándose para tocar ese punto que me hacía ver estrellas. El olor de mi arroyo mezclándose con su sudor llenaba el cubículo, embriagador como tequila reposado.

La intensidad subía como un loop infinito. Lo empujé contra la silla ergonómica, me subí encima, desabrochando su chamarra. Su verga saltó libre, dura como acero, venosa, con una gota perlada en la punta que lamí despacio, saboreando su gusto almendrado y salado. "¡Qué chido, Ana! Sigue así", gruñó él, sus manos enredadas en mi pelo negro largo. Lo monté lento al principio, sintiendo cómo me llenaba centímetro a centímetro, estirándome delicioso. El roce de su pubis contra mi clítoris era eléctrico, try tras try de embestidas profundas.

Nos movíamos en sincronía, el escritorio crujiendo bajo nosotros. Sus bolas chocaban contra mi culo con un plaf-plaf húmedo, sudor goteando de su frente a mis tetas. Le pellizcaba los pezones oscuros, él me magreaba las nalgas, abriéndome más. "Catch mi corrida, mi reina", jadeó, pero yo controlaba el ritmo, cabalgándolo como jinete en feria de Texcoco. Mi mente era un torbellino:

Este try catch en Visual Basic del amor es lo mejor que me ha pasado, carajo, no quiero que termine el debug
.

El clímax se acercaba como un crash evitado. Cambiamos a perrito sobre la mesa, él atrás, embistiéndome fuerte. Sentía su vientre contra mi espalda, sus manos en mis caderas, jalándome hacia él. Cada estocada tocaba mi fondo, ondas de placer subiendo por mi espina. "¡Ya, Luis, dame todo, wey!", grité, mi voz ronca. Él aceleró, su respiración agitada en mi nuca, oliendo a sexo puro. Mi orgasmo explotó primero, un estallido de luz detrás de mis ojos cerrados, mi chucha contrayéndose alrededor de su pija, leche chorreando por mis muslos.

Él se vino segundos después, un rugido gutural, su semen caliente inundándome, goteando fuera. Nos quedamos pegados, jadeando, el aire pesado con olor a corrida y sudor. Se salió despacio, un hilo blanco conectándonos aún. Me giró y me besó tierno, labios hinchados rozándose.

El afterglow fue puro. Nos vestimos riendo, papeles por todos lados. "Ese try catch en Visual Basic nos salvó la noche, ¿no?", dijo él, guiñándome. Yo asentí, sintiendo su semilla adentro, cálida recordatorio. Caminamos a la salida, luces de Reforma brillando, mano en mano.

Neta, Luis, eres mi excepción al error, mi código perfecto
. La noche mexicana nos envolvió, prometiendo más debugs calientes.

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