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Que Es Un Tria De Placer Intenso

6883 palabras

Que Es Un Tria De Placer Intenso

La noche en la playa de Cancún olía a sal marina y a coco fresco, con el rumor de las olas rompiendo suave contra la arena blanca. Ana se recargaba en la balaustrada del balcón de la villa rentada, su piel bronceada brillando bajo la luz de la luna llena. Llevaba un vestido ligero de algodón que se pegaba a sus curvas por la brisa húmeda, y sentía el pulso acelerado en el cuello. Marco, su carnal de tres años, se acercó por detrás, rodeándola con sus brazos fuertes y besándole el hombro.

¿Por qué carajos estoy tan nerviosa? pensó Ana, mientras el calor de su aliento le erizaba la piel. Habían hablado de esto durante semanas, en sus charlas calientes bajo las sábanas. Marco era un vato abierto, siempre proponiendo aventuras que la sacaban de su zona cómoda. Esa tarde, en la alberca, le había soltado la bomba de nuevo.

—Nena, ¿qué es un tría? —le dijo Marco con una sonrisa pícara, mientras le pasaba un trago de tequila con limón—. Es cuando tres cuerpos se enredan en puro desmadre placentero. Tú, yo y alguien más que nos prenda el ánimo.

Ana se rio, pero el cosquilleo entre sus piernas la delató. Sofia, la amiga de Marco de la uni, había llegado esa mañana. Alta, con cabello negro largo y ojos verdes que hipnotizaban, vestida con un bikini que dejaba poco a la imaginación.

¡Neta, es chida! ¿Y si de plano lo hacemos?
se dijo Ana, imaginando las manos de Sofia explorándola.

Entraron a la villa, donde Sofia ya estaba en la sala con música de reggaetón bajito de fondo. El aire acondicionado zumbaba suave, mezclándose con el aroma a velas de vainilla que Ana había encendido. Sofia levantó la vista de su teléfono, sonriendo con labios carnosos pintados de rojo.

—Ya llegaron los reyes de la noche —dijo Sofia, su voz ronca como miel caliente—. ¿Listos para la fiesta?

Marco sirvió más tequilas, y se sentaron en el sofá de piel suave. Las risas fluyeron fáciles, hablando de tonterías, pero la tensión crecía como una ola. Ana sentía el roce accidental de la pierna de Sofia contra la suya, piel tersa y cálida que le mandaba chispas por la espina. Marco observaba, sus ojos oscuros brillando de deseo contenido.

Acto primero: la chispa. Ana tomó la mano de Marco, entrelazando dedos, y miró a Sofia directo a los ojos.

—Oye, Sofi, Marco me explicó qué es un tría. Suena a que nos vamos a poner bien locos.

Sofia se acercó, su perfume floral invadiendo el espacio. —Es más que locos, morra. Es sentir dos bocas en tu cuerpo, dos pares de manos que te vuelven loca. ¿Quieres saberlo de verdad?

Ana asintió, el corazón latiéndole en los oídos. Marco se inclinó y besó a Ana profundo, lengua juguetona saboreando el tequila en su boca. Sofia no esperó: deslizó una mano por el muslo de Ana, subiendo lento bajo el vestido. El tacto era eléctrico, uñas rozando suave la piel sensible del interior.

Dios mío, esto es real, pensó Ana, mientras su cuerpo se arqueaba involuntario. El beso de Marco se rompió, y Sofia tomó su turno, labios suaves y urgentes, saboreando a fresas maduras. Ana gimió bajito, el sonido ahogado por la boca de Sofia.

La cosa escaló en la recámara. La cama king size con sábanas de satén blanco los esperaba, iluminada por lámparas tenues que pintaban sombras danzantes en las paredes de adobe. Marco quitó el vestido de Ana con dedos hábiles, exponiendo sus senos firmes y pezones ya duros como piedras. Sofia se desató el bikini, revelando curvas perfectas, piel oliva que olía a aceite de coco y sudor ligero.

Ana cayó de rodillas en la alfombra mullida, el corazón tronándole. Tomó la verga de Marco en la mano, gruesa y pulsante, venas marcadas bajo la piel caliente. La lamió desde la base, saboreando el gusto salado y almizclado, mientras Sofia se arrodillaba a su lado, besándole el cuello y masajeando sus senos. Sus tetas rozan las mías, suaves y pesadas, jadeó Ana en su mente.

Marco gruñó, ¡chingón!, enterrando dedos en el cabello de Ana. Sofia bajó más, lamiendo las bolas de Marco mientras Ana chupaba la punta, succionando con hambre. El sonido húmedo de lenguas y succiones llenaba la habitación, mezclado con gemidos roncos. Ana sentía su panocha mojada, palpitando, goteando por sus muslos.

Acto segundo: la subida. Marco levantó a Ana y la tiró en la cama, abriéndole las piernas. Sofia se subió encima, sentándose en su cara, la concha depilada rozando labios ansiosos. Ana lamió, lengua hundiéndose en pliegues calientes y dulces, saboreando jugos espesos como néctar. Sofia se mecía, gimiendo alto, ¡Ay, sí, morra, así!

Marco se posicionó entre las piernas de Ana, frotando su verga contra la entrada resbalosa. Entró despacio, centímetro a centímetro, estirándola delicioso. Ana gritó contra la panocha de Sofia, vibraciones que la hicieron temblar. El ritmo empezó lento, embestidas profundas que chocaban piel contra piel, sudor perlando cuerpos entrelazados.

Esto es qué es un tría: puro fuego compartido
, pensó Ana, mientras sus caderas se alzaban para más. Sofia se inclinó hacia Marco, besándolo salvaje, tetas rebotando. Cambiaron: Sofia se acostó, Marco la penetró duro mientras Ana montaba su cara, sintiendo lengua experta en su clítoris hinchado. El olor a sexo impregnaba todo, almizcle pesado y embriagador, con el sabor salado en la boca.

La intensidad creció. Ana se corrió primero, un orgasmo que la sacudió entera, muslos temblando, jugos salpicando la cara de Marco. ¡Me vengo, cabrones! gritó, uñas clavándose en la piel de Sofia. Marco aceleró, verga hinchándose dentro de Sofia, quien arqueaba la espalda gritando ¡Dame más, pendejo chulo!. Él se retiró justo, eyaculando chorros calientes sobre los senos de ambas, semen espeso goteando lento.

Acto tercero: el bajón dulce. Se derrumbaron en un enredo de miembros sudorosos, respiraciones agitadas calmándose gradual. Ana sentía el peso reconfortante de Marco a un lado, Sofia al otro, dedos trazando círculos perezosos en su vientre. El aire olía a semen, sudor y placer satisfecho. Besos suaves ahora, lenguas perezosas saboreando restos.

—Entonces, ¿ya sabes qué es un tría? —murmuró Marco, voz ronca, besándole la sien.

Ana sonrió, exhausta y plena. —Neta, es lo más chingón que he vivido. Puro desmadre bueno.

Sofia rio bajito, acurrucándose. Esto no acaba aquí, pensó Ana, mientras el sueño los envolvía con el sonido lejano de las olas. La luna seguía brillando afuera, testigo de su conexión nueva, más fuerte, más viva. En la quietud, Ana reflexionó: el deseo no era solo físico, era confianza, entrega mutua. Y eso, valía todo.

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