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Tríos Mhm Gif que Prenden Fuego

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Tríos Mhm Gif que Prenden Fuego

Estaba tirado en el sillón de mi depa en Polanco, con el cel en la mano, scrolleando sin chiste hasta que di con ese trío mhm gif. Órale, qué cosa tan rica. Tres cuerpos entrelazados en un loop eterno: una morra de tetazas rebotando, un vato embistiéndola por atrás y otra chava lamiéndole el cuello, soltando gemidos como mhm mhm que se repetían hipnóticos. El sudor brillaba en sus pieles, los movimientos fluidos como en cámara lenta. Sentí un cosquilleo en la verga que se me paró al instante.

Ana, mi morra, se acercó con una chela en la mano, su shortcito ajustado marcando ese culazo que me volvía loco. "¿Qué ves, cabrón?" me dijo riendo, asomándose por encima de mi hombro. Le pasé el cel y sus ojos se abrieron grandes. "¡Puta madre, qué trío mhm gif tan culero! Mira cómo se mueven, güey. Me mojo nomás de verlo". Su voz se puso ronca, y olí ese aroma suyo, mezcla de perfume dulce y algo más salvaje, como a concha lista.

Me jaló del pelo para besarme, su lengua invadiendo mi boca con sabor a cerveza y deseo. "¿Y si lo hacemos real?" murmuró contra mis labios. Mi corazón latió como tamborazo en quinceañera. "¿En serio, mi reina?" Ella sonrió pícara. "Llamo a Luisa, esa amiga mía que siempre anda coqueteando contigo. ¿Te late?" No pude ni articular, solo asentí, la verga ya dura como piedra.

Esto va a estar de poca madre, pensé. Ana y Luisa, dos bombas mexicanas listas para explotar. ¿Podré con las dos?

Media hora después, Luisa llegó con un vestido rojo que apenas contenía sus chichis. "¡Hola, pervs!" gritó abrazándonos. El aire se cargó de electricidad. Nos sentamos en el sillón grande, el trío mhm gif todavía sonando bajito en el cel sobre la mesa. Ana sirvió tequilas y platicamos pendejadas, pero las miradas decían todo. Luisa rozó mi muslo con su mano, "¿Ya vieron ese gif de los tríos? Me prende cañón". Ana se rio, "Por eso te llamé, para que hagamos el nuestro propio".

El calor subió. Ana se trepó a mis piernas, besándome el cuello mientras Luisa nos miraba mordiéndose el labio. Sentí las nalgas de Ana moliéndose contra mi paquete, suave y firme a la vez. "Quítate la playera, amor", me ordenó Ana. Obedecí, y Luisa se acercó, sus tetas rozando mi brazo. Olía a vainilla y a algo más, como a piel caliente. Sus dedos trazaron mi pecho, uñas largas arañando leve. Mhm, gemí bajito, recordando el gif.

Las dos se besaron frente a mí, lenguas danzando, manos explorando. Ana metió la mano en el short de Luisa, y esta soltó un mhm ronco que me erizó la piel. Mi verga palpitaba, pidiendo acción. "Ven, cabrón", dijo Luisa, jalándome la mano a su entrepierna. Estaba empapada, el calor de su concha traspasando la tela. La besé, sabor a tequila y lipstick cherry, mientras Ana me bajaba el pantalón.

Ahora en el piso, alfombra suave bajo mis rodillas. Ana chupaba mi verga con maestría, lengua girando en la cabeza, saliva tibia resbalando. Slurp slurp, el sonido húmedo llenaba la habitación. Luisa se quitó el vestido, sus chichis libres rebotando, pezones duros como balines. Se sentó en mi cara, su concha rosada y jugosa abierta para mí. La lamí despacio, saboreando ese néctar salado-dulce, clítoris hinchado bajo mi lengua. "¡Ay, sí, así!" gritó ella, moliéndose contra mi boca. Su culo perfecto temblaba, olor a sexo puro invadiendo mis fosas nasales.

Esto es mejor que cualquier gif, carajo. Dos morras mexicanas gimiendo por mí, piel morena sudada, curvas infinitas.

Ana se levantó, se quitó todo y se posicionó a cuatro patas. "Fóllame, papi". Me puse detrás, verga deslizándose en su concha resbalosa. Entró fácil, apretada y caliente como horno. La embestí fuerte, plaf plaf de carne contra carne, sus gemidos "mhm mhm" sincronizados con los del gif que pausamos en la tele ahora, proyectado grande. Luisa se acostó debajo de Ana, lamiéndole las tetas, dedos en su clítoris. Ana se retorcía, "¡Más duro, pendejo!".

Cambié posiciones, el sudor nos pegaba, habitación oliendo a sexo y tequilita derramada. Luisa se montó en mí, cabalgando como jinete en rodeo, tetas saltando hipnóticas. Su concha me ordeñaba, paredes pulsando. Ana se sentó en mi cara otra vez, moliendo su clítoris contra mi nariz. Gemidos everywhere: mhm ay sí fóllame. Sentía sus pulsos acelerados, pieles resbalosas rozándose, el calor subiendo como fiebre.

Luisa aceleró, "Me vengo, cabrones". Su concha se contrajo, jugos chorreando por mis bolas. Eso me prendió más. Saqué la verga y las puse a las dos de rodillas, chupándome alternadas. Lenguas juntas en mi tronco, ojos mirándome lujuriosos. "Échamela en la cara", suplicó Ana. No aguanté. El orgasmo explotó, chorros calientes salpicando sus lenguas y mejillas, sabor salado que lamían felices.

Pero no pararon. Ana me empujó al sillón, se sentó en reversa, rebotando mientras Luisa lamía donde nos uníamos. El sonido chapoteante, sus mhm ahogados contra mi piel. Mi segunda verga creció dentro de ella, bolas tensas. Luisa metió un dedo en mi culo, suave, masajeando próstata. "¡Puta madre!" grité, el placer eléctrico subiendo espina.

Estas chavas son diosas, pensé. Jamás imaginé un trío así de chingón, mejor que cualquier gif culero.

Ana se vino primero, gritando "¡Sí sí!", concha apretándome como puño. Eso me llevó al borde. Luisa se unió, frotándose contra Ana. Las tres respiraciones jadeantes, cuerpos temblando en cadena. Me vine adentro de Ana, llenándola, semen caliente mezclándose con sus jugos. Colapsamos en un enredo de piernas y brazos, pieles pegajosas, risas entre jadeos.

Después, tumbados en la cama king size, luces tenues. Ana acurrucada en mi pecho, Luisa en el otro lado, dedos trazando círculos perezosos. "Fue mejor que el trío mhm gif, ¿verdad?" dijo Luisa, besándome el hombro. Ana rio suave, "Mucho mejor, porque fue nuestro". Olía a sexo satisfecho, sábanas revueltas, el eco de gemidos aún en el aire.

Me quedé pensando en lo afortunado que era. De un gif random a esta noche épica. Sus respiraciones se calmaron, pechos subiendo bajando contra mí. El deseo inicial se transformó en algo más profundo, conexión real entre tres. "¿Repetimos pronto?" pregunté. Ambas asintieron, "Órale, cuando quieras, rey". Cerré los ojos, saboreando el afterglow, listo para soñar con más.

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