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Prueba Black Ops 2 En Mi Piel Ardiente

6300 palabras

Prueba Black Ops 2 En Mi Piel Ardiente

Tú estás tirado en el sofá de tu depa en Polanco, con el control del Xbox en la mano, el aire acondicionado zumbando bajito y el olor a café recién hecho flotando desde la cocina. Mariana, tu morra de hace unas semanas, entra con dos chelas frías, meneando las caderas en ese shortcito que le marca todo. Neta, qué chingona está la mera mera, piensas mientras tus ojos se clavan en sus nalgas firmes. Ella se deja caer a tu lado, tan cerca que sientes el calor de su muslo contra el tuyo.

—Órale, wey, ¿qué onda con ese jueguito? —te dice con esa voz ronquita que te pone la verga dura al instante—. Nunca he jugado Black Ops 2, pero neta se ve chido. ¿Me enseñas?

Tú sonríes, sintiendo un cosquilleo en el estómago.

¿Y si le digo que lo probemos juntos? Try it out Black Ops 2, pero con un twist...
Le pasas un control, enciendes la tele grande y seleccionas el multijugador. —Va, carnala, vamos a try it out Black Ops 2. Pero si te mato, me debes un beso.

Ella se ríe, un sonido juguetón que te eriza la piel, y se acomoda más cerca, su hombro rozando el tuyo. El juego arranca: explosiones retumban en los parlantes, balas silbando, y el vibrador del control zumba en tus manos sudadas. Mariana aprieta los labios, concentrada, su perfume dulzón —mezcla de vainilla y algo más salvaje— invadiendo tus fosas nasales. Cada vez que mata a un enemigo, grita ¡Chin!

Acto 1: La escena se arma con el primer roce accidental. Tú disparas, pero ella te flanquea en el mapa y te revienta de un headshot. —¡Pendejo! Te hice pedazos —se burla, dándote un codazo juguetón. Su piel cálida toca la tuya, y sientes el latido acelerado de su pulso bajo esa blusa delgada. El sudor comienza a perlar su cuello, brillando bajo la luz de la tele. Carajo, huele a deseo puro, piensas, mientras tu verga se despierta en los boxers.

El juego sigue, ronda tras ronda. Pierdes a propósito un par de veces para verla celebrar: salta en el sofá, sus tetas rebotando, y te abraza efusiva. —¡Te amo, wey! —grita, y su boca roza tu oreja, aliento caliente y húmedo. El control vibra más fuerte en una explosión, y lo sientes como un pulso directo a tu entrepierna. Tensiones iniciales: quieres besarla ya, pero aguantas, dejando que el fuego crezca. Ella nota tu mirada, se muerde el labio inferior, juguetona. —¿¿Qué, ya te calientaste nomás jugando?

Pasan al modo cooperativo, backs to back virtuales, pero en la vida real sus piernas se enredan. Tocas su rodilla "sin querer", piel suave como seda, y ella no se aparta; al contrario, desliza su mano por tu muslo. El olor a su excitación empieza a mezclarse con el cuero del sofá: almizclado, tentador.

Esto no es solo un juego, pendejo. Es el preludio
.

Acto 2: La escalada arranca cuando ella tira el control al piso. —Ya wey, este Black Ops 2 está chingón, pero prefiero probar algo más... real —te susurra, volteando a ti con ojos que arden. Sus manos van a tu nuca, tirando de ti para un beso que sabe a chela fría y chicle de menta. Lenguas chocan, húmedas y urgentes, mientras el juego sigue sonando de fondo, olvidado.

Tú la recuestas en el sofá, manos explorando bajo su blusa: tetas pesadas, pezones duros como piedritas que pellizcas suave. Ella gime bajito, un sonido gutural que vibra en tu pecho. —Métele, cabrón, no pares —te pide, arqueando la espalda. Le quitas el short, revelando su panocha depilada, ya húmeda, brillando. El olor te golpea: salado, dulce, puro sexo mexicano. Metes dos dedos, lentos al principio, sintiendo las paredes calientes apretarte, jugos chorreando por tu mano.

Interno: ¿Cómo carajos pasamos de matar zombies a esto? Pero neta, su calor me quema. Ella te voltea, te baja los calzones y agarra tu verga tiesa, palpitante. La lame desde la base, lengua plana y juguetona, saboreando el precum salado. —Está rica tu verga, wey —murmura, chupando la cabeza con vacuums que te hacen ver estrellas. El sofá cruje bajo pesos, sudor goteando, pieles chocando con palmadas suaves.

La pones a cuatro, admirando su culo redondo, perfecto. Entras despacio, centímetro a centímetro, sintiendo el apretón virginal —no, experimentado pero hambriento—. —¡Qué chingón! Más duro —grita ella, empujando contra ti. Ritmo acelera: slap slap slap de carne contra carne, sus gemidos subiendo como sirenas, tus huevos golpeando su clítoris hinchado. Hueles su cabello mojado, tocas su espalda arqueada, pulsos latiendo al unísono. Tensiones internas: luchas por no acabar pronto, mordiendo tu labio, mientras ella tiembla, acercándose al borde.

La volteas para mirarla a los ojos: castaños, vidriosos de placer. Besos salvajes mientras la penetras profundo, su panocha contrayéndose en espasmos. —¡Me vengo, pendejo! —chilla, uñas clavándose en tu espalda, cuerpo convulsionando. Tú aguantas, giras sus caderas para un ángulo nuevo, frotando su punto G hasta que explota otra vez, jugos empapando el sofá.

Acto 3: El clímax tuyo llega como avalancha. —Ya, morra, agárrate —gruñes, embistiendo como bestia. Sientes el orgasmo subir desde las bolas, verga hinchándose, y sueltas chorros calientes dentro de ella, gritando su nombre. Ella aprieta, ordeñándote hasta la última gota. Colapsan juntos, jadeos pesados, pieles pegajosas de sudor y fluidos. El juego en pausa parpadea en la tele, testigo mudo.

Afterglow: Mariana se acurruca en tu pecho, dedo trazando círculos en tu piel. —Neta, wey, ese Black Ops 2 fue el mejor pretexto. Mañana probamos el modo zombies... desnudos —te dice con risa pícara. Tú la besas en la frente, oliendo su cabello, sintiendo paz profunda.

Esto no fue solo follar. Fue conectar, carnal a carnal
. El corazón late calmado, promesas de más noches así flotando en el aire tibio. Mañana, otro nivel.

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