El Significado Oculto De Tried
Estaba en un bar chido de Polanco, con luces tenues que bailaban sobre las botellas de tequila reposado. El aire olía a mezcal ahumado y a perfume caro, ese que te envuelve como un abrazo caliente. Yo, Valeria, acababa de salir de una junta eterna en la oficina, con el cuerpo tenso y ganas de soltarme. Llevaba un vestido negro ajustado que marcaba mis curvas, y mis tacones resonaban como un reto al piso de madera pulida.
Ahí lo vi. Se llamaba Alex, un morro gringo con acento texano suavizado por años en México. Alto, con hombros anchos y una sonrisa que prometía problemas del bueno. Pidió un trago y se sentó a mi lado, como si el destino nos hubiera dado un empujón. Órale, güey, pensé, este trae onda.
—¿Qué significa eso? —le pregunté, señalando el tatuaje en su antebrazo: tried, en letras cursivas negras.
Él se rió, bajo y ronco, un sonido que me erizó la piel. —Es inglés, mija. Significa intentado, probado. Pero para mí, es como decir que lo que valgo la pena, lo tried y no me arrepiento.
El significado de tried se me quedó grabado, como un secreto jugoso. Hablamos de la CDMX, de tacos al pastor en la esquina y de cómo la noche mexicana te hace sentir viva. Sus ojos verdes me recorrían sin prisa, y yo sentía el calor subiendo por mis muslos.
¿Y si lo tried yo a él?me dije, mordiéndome el labio.
La tensión crecía con cada sorbo. Su rodilla rozó la mía bajo la barra, un toque eléctrico que olía a cuero de su chamarra y a hombre listo para jugar. —Vamos a otro lado —me dijo, su aliento cálido en mi oreja—. Quiero mostrarte el verdadero significado de tried.
Acto uno cerrado, checa el dos. Salimos al valet, subimos a su camioneta lastimera con asientos de piel suave. El tráfico de Reforma era un río de luces neón, y su mano en mi pierna subía despacio, trazando círculos que me hacían jadear bajito. Llegamos a su depa en Lomas, un penthouse con vista al skyline, todo minimalista y con velas ya prendidas. Este cabrón planeó todo.
Me quitó el vestido con dedos firmes pero tiernos, besando mi cuello mientras el aroma de su colonia —sándalo y algo picante— me invadía las fosas nasales. Mi piel ardía bajo sus labios, ásperos por la barba incipiente. —Estás rica, Valeria —murmuró, su voz grave vibrando contra mi clavícula.
Yo lo empujé al sofá, desabrochando su camisa. Su pecho era duro, marcado por horas en el gym, y olía a sudor fresco mezclado con deseo. Le lamí el tatuaje, saboreando la sal de su piel. —Enséñame más del significado de tried —le susurré, mis uñas arañando su espalda.
La cosa escaló lento, como buen pozol que se cuece a fuego bajo. Nos besamos con hambre, lenguas enredadas, gusto a tequila y menta. Sus manos exploraban mis tetas, pellizcando pezones que se ponían duros como piedras. Yo gemía bajito, ay, wey, qué chingón, sintiendo mi panocha humedecerse, lista para él.
Me llevó a la cama king size, sábanas de algodón egipcio frías contra mi espalda caliente. Se arrodilló entre mis piernas, besando el interior de mis muslos, el roce de su aliento me volvía loca.
No pares, pendejo, tried esto ya, pensé, arqueando la cadera. Su lengua llegó a mi clítoris, lamiendo despacio, círculos húmedos que me hacían temblar. Olía a mi propia excitación, dulce y almizclada, mientras él chupaba con maestría, metiendo un dedo, luego dos, curvándolos justo ahí donde exploto.
Yo no me quedé atrás. Lo volteé, montándome en su cara mientras le bajaba el pantalón. Su verga saltó libre, gruesa y venosa, palpitando contra mi palma. La masturbe lento, sintiendo el calor y la dureza, el pre-semen salado en mi lengua cuando la lamí desde la base hasta la punta. Él gruñó, ¡carajo, mami!, sus caderas empujando.
La intensidad subía como el volcán Popo en erupción. Sudábamos, piel resbalosa pegándose, sonidos de besos chuposos y gemidos llenando la habitación. Él me puso a cuatro, su pecho contra mi espalda, una mano en mi pelo tirando suave. Entró despacio, centímetro a centímetro, llenándome hasta el fondo. ¡Qué rico, cabrón! grité, el estirón delicioso, su grosor rozando mis paredes.
Empezó a bombear, ritmos que variaban: lentos y profundos, luego rápidos y duros. Cada embestida hacía slap-slap contra mi culo, su sudor goteando en mi espalda. Yo me tocaba el clítoris, círculos frenéticos, el placer acumulándose como tormenta. Esto es el verdadero significado de tried, pensé, probar hasta romperte.
Él jadeaba en mi oído: —Dime que te gusta, Valeria. —¡Sí, pendejito, más duro! —le contesté, empujando contra él. Cambiamos posiciones: yo encima, cabalgándolo como reina, sus manos en mis caderas guiándome. Veía su cara de éxtasis, ojos entrecerrados, boca abierta. El olor a sexo puro nos rodeaba, intenso y adictivo.
El clímax nos alcanzó juntos. Sentí las contracciones primero, mi panocha apretándolo como vicio, oleadas de placer que me cegaban. Él se corrió dentro, caliente y espeso, gruñendo mi nombre. Colapsamos, cuerpos entrelazados, pulsos latiendo al unísono.
En el afterglow, recostados con la ciudad brillando afuera, tracé su tatuaje otra vez. —Ahora sí entiendo el significado de tried —le dije, besándolo suave—. Es esto: intentarlo todo, probar el fuego y no quemarte.
Él sonrió, jalándome más cerca. —Exacto, mi reina mexicana. Mañana lo tried de nuevo.
Me quedé ahí, piel pegajosa y satisfecha, el sabor de él en mi boca, el eco de nuestros gemidos en mis oídos. La noche mexicana había entregado su magia, y yo, probada y aprobada, me dormí con una sonrisa chueca. Qué chido es vivir así.