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Prueba Virtual del Apple Watch Desnuda Deseos

7351 palabras

Prueba Virtual del Apple Watch Desnuda Deseos

Entraste a la tienda Apple en Polanco con el corazón latiéndole a todo lo que daba. El aire acondicionado te rozaba la piel como una caricia fresca, contrastando con el bochorno de la calle. Olía a nuevo, a plástico limpio y metal pulido, ese aroma que te ponía nervios de punta. Tú, Ana, una morra de treinta tacos bien puestas, con jeans ajustados que marcaban tus curvas y una blusa ligera que dejaba ver el encaje de tu brasier, buscabas el último modelo de Apple Watch. La prueba virtual del Apple Watch era lo que te tenía intrigada, esa función chida donde podías ver cómo te quedaría sin ponértelo siquiera.

—Órale, güey, ¿me ayudas con esto? —le dijiste al vato que atendía, un tipo alto, moreno, con ojos cafés que te clavaban como alfileres. Se llamaba Diego, según su placa. Sonrió con dientes blancos y perfectos, y su colonia, un toque cítrico y masculino, te invadió las fosas nasales.

—Claro, carnala. Ven, siéntate aquí. Vamos a hacer la prueba virtual del Apple Watch. Es bien padre, te lo juro.

Te sentó frente a una pantalla grande, conectada a un iPad. Te pusiste el reloj en la muñeca, suave como seda contra tu piel tibia. Sus dedos rozaron los tuyos al ajustarlo, un toque eléctrico que te erizó los vellos. En la pantalla, tu muñeca aparecía en 3D, rotando. Él deslizaba opciones: bandas rojas de cuero, azules deportivas, plateadas elegantes. Cada cambio era como un juego seductor, viéndote a ti misma, imaginando cómo se vería en momentos íntimos.

¿Qué pedo con este calor que siento? Es solo un pinche reloj, pero sus manos... neta, me traen loca.

La tensión crecía con cada clic. Su aliento cerca de tu oreja mientras explicaba funciones. —Mira cómo brilla en tu piel morena. Te queda cañón, como hecho para ti.

Saliste de la tienda con el Apple Watch puesto, pero no solo eso. Diego te dio su número. “Si quieres más pruebas virtuales en privado, avísame”. Reíste, coqueta. Esa noche, en tu depa en la Roma, con vistas a las luces de la ciudad, lo invitaste. El deseo bullía en tu vientre como tequila puro.

Abrió la puerta con una sonrisa pícara, botella de mezcal en mano. —Traje esto pa’ celebrar tu nueva adquisición, morrita.

Se sentaron en el sofá de piel suave, que crujía bajo sus cuerpos. El mezcal ardía en tu garganta, ahumado y dulce, calentándote por dentro. Encendiste tu iPhone, sincronizado al Apple Watch. —Muéstrame más de esa apple watch virtual try on, pero ahora en mi casa.

Él rio, voz grave como ronroneo. —Órale, pero hagámoslo interesante. Cada banda que pruebes virtualmente, te quitas algo de ropa.

El juego empezó lento. Primera banda: negra de acero. En la pantalla, fría y dominante en tu muñeca. Te quitaste la blusa, quedando en brasier negro. Sus ojos devoraban tus pechos, endureciéndose los pezones bajo la tela. Tocaste el reloj real en tu piel, vibrando con notificaciones que ignorabas. Su mano subió por tu muslo, áspera y cálida, oliendo a jabón y deseo.

—Estás rica, Ana. Neta, no mames.

Segunda: banda roja sport. Virtualmente, ardiente como fuego. Te bajaste los jeans, revelando tanga roja a juego. El aire fresco lamía tus piernas desnudas. Él se acercó, labios rozando tu cuello, barba incipiente raspando delicioso. Probaste la vibración del reloj contra tu pulso acelerado, bum-bum como tambores en fiesta.

Siento su calor tan cerca. Quiero que me toque ya, pendejo, no me hagas esperar.

La intensidad subía. Tercera banda: cuero marrón suave. En la prueba virtual, sensual, envolvente. Te quitaste el brasier, pechos libres, oscuros pezones tiesos pidiendo atención. Él gimió, manos cubriéndolos, pulgares girando lentos. Olía a tu excitación, almizcle dulce mezclándose con su sudor salado. Besos húmedos en tu clavícula, lengua trazando venas palpitantes.

—Qué chingón se ve en ti. Pero mejor en vivo —murmuró, quitándose la camisa. Su pecho ancho, músculos duros bajo piel bronceada, te llamaban. Lamiste su piel, salada y viva, mientras él activaba otra prueba virtual: oro rosa, romántico. Te recostaste, tanga aún puesta, pero sus dedos la corrieron a un lado, rozando tu humedad resbalosa.

El reloj vibraba ahora con tu pulso desbocado, sincronizado a tu app. Cada notificación era un pulso en tu clítoris hinchado. Diego bajó, boca caliente en tu vientre, lamiendo el ombligo. —Prueba esta, virtualmente perfecta —dijo, mientras su lengua hallaba tu panochita empapada. Gemiste alto, sonido ronco en la habitación tenuemente iluminada por luces neón de la calle.

Chupaba despacio, succionando tu jugo dulce y salado, dientes rozando labios mayores. Tus caderas se arqueaban, nalgas apretando el sofá. El Apple Watch pitaba bajo, marcando el ritmo de tu placer creciente. La prueba virtual del Apple Watch corría en segundo plano, pero ya no importaba; la real era él entre tus piernas, dedos curvándose dentro, tocando ese punto que te hacía ver estrellas.

—No pares, cabrón... ¡órale, así! —gritaste, uñas clavándose en su espalda.

Lo jalaste arriba, desabrochaste su jeans. Su verga saltó libre, gruesa, venosa, cabeza morada brillando de precum. La probaste con la lengua, plana y lenta, saboreando su esencia salobre, musk almizclado. Él jadeaba, manos en tu pelo. —Métetela, Ana. Quiero sentirte.

Te montaste encima, guiándola a tu entrada húmeda. Entró de un empujón suave, llenándote hasta el fondo. El estiramiento ardía placer, paredes apretándolo. Rebotabas, pechos saltando, sudor perlando tu piel. Él chupaba un pezón, mordisqueando, mientras tu mano en el reloj sentía cada embestida en las vibraciones. Olores: sexo crudo, mezcal derramado, pieles chocando con palmadas húmedas.

Es enorme, me parte en dos de puro gusto. Cada prueba virtual fue preludio de esto, de su pija clavándome.

Intensidad pico: te volteó a cuatro patas, vista al espejo del clóset. Ahí, el Apple Watch brillaba en tu muñeca, prueba virtual pausada en una banda plateada que reflejaba el sudor. Entró duro, bolas golpeando tu clítoris, gruñidos animales llenando el aire. Tus jugos chorreaban por muslos, resbalosos. Él pellizcaba nalgas, azotando leve, rojo en piel clara.

—¡Me vengo, pendejo! —chillaste, orgasmo explotando, contracciones ordeñándolo. Él siguió, profundo, hasta derramarse dentro, chorros calientes inundándote, gemido gutural en tu oído.

Colapsaron en la cama, cuerpos enredados, pegajosos de sudor y fluidos. El Apple Watch pitó suave, recordatorio de batería baja. Reíste, besándolo lento. —La mejor prueba virtual del Apple Watch ever. Pero la real contigo es insuperable.

—Neta, morra. Somos compatibles al cien —dijo, acariciando tu espalda, piel sensible post-orgasmo.

Durmieron así, con el pulso calmándose, ciudad zumbando afuera. Al amanecer, luz dorada filtrándose, supiste que esto era inicio. El reloj en tu muñeca, símbolo de deseo despertado, vibraba con promesas. Él despertó, ojos lujuriosos otra vez. —Otra ronda? ¿Prueba virtual o directa?

Sonreíste, jalándolo encima. El deseo, eterno como notificaciones infinitas.

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