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El Placer Oculto de Trier les Déchets

7419 palabras

El Placer Oculto de Trier les Déchets

Era un sábado soleado en el parque Chapultepec de la Ciudad de México, con el aire fresco cargado del aroma a jacarandas en flor y el bullicio de la feria ecológica. Me había inscrito como voluntaria para ayudar en el puesto de reciclaje, motivada por esa onda verde que andaba en boga. Qué chido, pensé, algo diferente para romper la rutina. Llegué con mi chamarra ligera, shorts ajustados y tenis cómodos, lista para ensuciarme las manos sin drama.

Ahí estaba él, el francés expatriado que coordinaba el equipo. Se llamaba Pierre, con ese acento parisino que hacía que cada palabra sonara como un susurro seductor. Alto, moreno, con brazos musculosos que se marcaban bajo la camiseta sudada y una sonrisa pícara que prometía aventuras.

"¡Hola, mamacita! ¿Lista para trier les déchets?"
me dijo mientras me entregaba un par de guantes. Reí, confundida al principio. Trier les qué?

Me explicó que en francés, "trier les déchets" significa separar la basura, clasificar plásticos, vidrios, papeles y orgánicos. Su voz grave vibraba en el aire cálido, y el roce accidental de sus dedos al pasarme los guantes envió una chispa eléctrica por mi espina dorsal. Olía a jabón fresco mezclado con un leve sudor masculino, ese olor que te hace apretar los muslos sin querer. Órale, este wey está cañón, me dije, mientras empezábamos a trabajar codo a codo en las mesas improvisadas.

El sol pegaba fuerte, haciendo que el sudor perlase mi piel. Cada vez que me agachaba para recoger una botella, sentía sus ojos sobre mí, devorando la curva de mis nalgas en los shorts. Él clasificaba con movimientos precisos, sus bíceps flexionándose, y de vez en cuando nuestras manos se rozaban al lanzar algo al contenedor correcto. Su piel es tan cálida, áspera por el trabajo, pero suave en los puntos justos. Hablamos de todo: de su vida en México, de cómo amaba los tacos al pastor, de lo ridículo que sonaba "trier les déchets" en español. Reíamos, y con cada carcajada, la tensión crecía como una ola lenta.

En un momento, mientras separábamos una pila de cartones húmedos por la lluvia reciente, su mano cubrió la mía deliberadamente. El tacto fue como fuego líquido. Levanté la vista y sus ojos azules me atraparon, oscuros de deseo.

"Sabes, trier les déchets puede ser... excitante,"
murmuró, su aliento caliente contra mi oreja. Mi corazón latía desbocado, el pulso retumbando en mis sienes como tambores. El aroma a tierra mojada y plástico reciclado se mezclaba con su esencia varonil, embriagador.

No puedo creer que esto esté pasando aquí, en medio de la feria, pero joder, lo quiero. Asentí, mordiéndome el labio, y él me guió con disimulo hacia un cuarto improvisado detrás de las carpas, un almacén de materiales limpios con olor a madera nueva y bolsas frescas. La puerta se cerró con un clic suave, aislando el ruido exterior. Nos miramos, jadeantes ya por la anticipación.

Sus manos grandes subieron por mis brazos, erizándome la piel. "Eres preciosa, wey... quiero probarte," dijo, mezclando su francés con nuestro slang mexicano que había aprendido en la calle. Lo besé primero, devorando su boca con hambre acumulada. Sabía a menta y a algo salvaje, su lengua danzando con la mía en un ritmo frenético. Mis dedos se enredaron en su cabello oscuro, tirando suave mientras él me presionaba contra la pared, su cuerpo duro contra el mío.

El calor de su pecho traspasaba la tela fina, y sentí su verga endureciéndose contra mi vientre, gruesa y pulsante. Dios, qué tamaño, me va a volver loca. Bajé la mano, acariciándola por encima del pantalón, y él gimió en mi boca, un sonido gutural que vibró hasta mi centro. Me quitó la camiseta con urgencia, exponiendo mis senos al aire fresco. Sus labios bajaron, lamiendo un pezón endurecido, succionándolo con maestría. El placer era agudo, como rayos que bajaban directo a mi panocha, ya empapada.

Caímos sobre un montón de bolsas suaves, riendo entre besos por lo absurdo del lugar.

"Trier les déchets nunca fue tan sucio,"
bromeó él, y yo reí, abriendo las piernas para él. Sus dedos exploraron mis shorts, deslizándose bajo la tela, encontrando mi humedad. Sus yemas callosas rozan mi clítoris, circles lentos que me hacen arquear la espalda. Gemí alto, "¡Sigue, pendejo, no pares!" y él obedeció, introduciendo dos dedos en mi interior resbaladizo, curvándolos justo ahí, en ese punto que me hace ver estrellas.

La tensión subía como una tormenta. Lo desvestí, admirando su torso esculpido, cubierto de un brillo de sudor que lo hacía relucir. Tomé su verga en la mano, dura como acero, venosa, latiendo bajo mi palma. La lamí desde la base hasta la punta, saboreando su pre-semen salado, mientras él gruñía "Mierda, qué boca tan chingona." Lo chupé profundo, mi lengua girando, sintiendo cómo se hinchaba más en mi garganta. El sonido húmedo de mi boca llenaba el cuarto, mezclado con nuestros jadeos y el lejano eco de la feria.

No aguanté más.

"Cógeme ya, Pierre, métemela toda."
Me volteó boca abajo sobre las bolsas, que crujían suaves bajo nosotros. Sentí la cabeza de su verga presionando mi entrada, resbalando por mis jugos. Empujó lento al principio, centímetro a centímetro, estirándome deliciosamente. Es enorme, me llena por completo, tocando lo más hondo. Empezó a moverse, embestidas profundas y rítmicas, su pelvis chocando contra mis nalgas con palmadas resonantes. El olor a sexo impregnaba el aire, almizclado y adictivo, mientras sus manos apretaban mis caderas, guiándome contra él.

Cambié de posición, montándolo a mí ritmo. Sus ojos devoraban mis senos rebotando, y yo cabalgaba fuerte, mi clítoris frotándose contra su pubis peludo. "¡Sí, así, cabrón, dame más!" gritaba, perdida en el placer. Él se incorporó, succionando mi cuello, mordisqueando suave mientras sus caderas subían para encontrarme. El clímax se acercaba, un nudo apretándose en mi vientre, mis paredes contrayéndose alrededor de su verga.

Exploté primero, un orgasmo que me sacudió entera, olas de éxtasis recorriendo cada nervio, mis jugos chorreando por sus bolas. Él me siguió segundos después, gruñendo en francés mezclado con mexicano,

"¡Me vengo, chula!"
Su semen caliente inundándome, pulsación tras pulsación. Colapsamos juntos, sudorosos, pegajosos, respirando entrecortado.

Nos quedamos así un rato, su cabeza en mi pecho, escuchando mi corazón calmarse. El aroma a nosotros flotaba perezoso, mezclado con el leve olor a plástico limpio. Esto fue loco, pero perfecto. Trier les déchets acaba de volverse mi actividad favorita. Me besó suave, "¿Regresamos al puesto, o trier les déchets otra vez?" Reí, sintiéndome empoderada, viva, con un brillo nuevo en la piel.

Salimos del cuarto discretos, manos rozándose de nuevo mientras clasificábamos más basura bajo el sol poniente. La feria seguía animada, ajena a nuestro secreto. Esa noche, en mi depa, reviví cada roce, cada gemido, sabiendo que lo vería pronto. Quién iba a decir que separar la chingada basura llevaría a esto. Vida, eres una loca hermosa.

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