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Triada Ecologica Oms el Despertar Sensorial

6632 palabras

Triada Ecologica Oms el Despertar Sensorial

Tú llegas al centro ecológico en las faldas de la Sierra de Juárez, en Oaxaca, con el sol filtrándose entre las copas de los cedros gigantes. El aire huele a tierra húmeda y flores silvestres, un aroma que te envuelve como un abrazo cálido. Has venido por un retiro de bienestar, pero desde el momento en que bajas del camión, sientes esa cosquilla en el estómago, como si la selva supiera algo que tú aún no. El lugar es chido, cabañas de madera con vistas al río, todo sostenible, cero huella de carbono. Te registras y conoces a tus guías: Ana, una morena de curvas pronunciadas, ojos negros como el petróleo y una sonrisa que promete pecados; y Luis, alto, musculoso, con tatuajes que asoman por su camisa ajustada, barba recortada y una voz grave que vibra en tu pecho.

Estos dos van a ser mi perdición, piensas mientras te dan la bienvenida. Ana te roza el brazo al entregarte el mapa, su piel suave y tibia contra la tuya, y Luis te guiña el ojo, diciendo:

—Bienvenida, wey. Aquí la triada ecológica OMS nos enseña que todo está conectado: el agente, el huésped y el ambiente. Tú eres el huésped perfecto para esta selva.
Su aliento sabe a menta y café fresco cuando se acerca. La triada ecológica OMS, explican, es el modelo de la Organización Mundial de la Salud para entender cómo se transmiten las pasiones... digo, las enfermedades, pero ellos lo tuercen con picardía, hablando de cómo el deseo se propaga igual: un agente infeccioso de placer, un huésped receptivo y un ambiente propicio como esta jungla húmeda.

El primer día es un tour guiado. Caminan por senderos cubiertos de musgo, el crunch de las hojas bajo tus tenis, el zumbido de insectos y el lejano rugido de un mono aullador. Ana va adelante, su culo perfecto meneándose en shorts ajustados, y Luis atrás, su mano rozando tu espalda cada rato para "apartar una rama". Sientes el calor subiendo, el sudor perlando tu escote, mezclándose con el olor almizclado de sus cuerpos. Neta, esto no es casual, te dices. En una cascada, se detienen. El agua cae como una cortina plateada, salpicando tu piel, refrescante pero excitante. Ana se quita la blusa, quedando en sostén de encaje, y dice:

Vente, el agua está deliz.

Tú la sigues, el chorro golpeando tus pechos, endureciendo tus pezones. Luis se une, sin camisa, sus abdominales brillando bajo el sol moteado. Sus manos te estabilizan en las rocas resbalosas, dedos fuertes presionando tu cintura. Siento su verga dura contra mi muslo, piensas, el pulso acelerándose. Hablan de la triada ecológica OMS otra vez: Ana es el agente, seductora e infecciosa; tú, el huésped; la selva, el ambiente que acelera todo. Ríen, pero sus ojos arden.

La tensión crece en la cena, alrededor de una fogata. El crepitar de la leña, el humo perfumado con copal, el sabor picante del mole en tu lengua. Beben pulque, que te calienta las venas como fuego líquido. Luis cuenta anécdotas de la selva, su rodilla contra la tuya, y Ana te peina el cabello con los dedos, sus uñas rozando tu nuca. Ya no aguanto. Susurras algo sobre la triada, y ellos asienten, cómplices.

—La triada ecológica OMS aplica al amor también —dice Luis, su mano subiendo por tu muslo bajo la mesa—. El agente soy yo, penetrando... el ambiente. Tú eres el huésped que lo recibe todo.

Ana ríe bajito:

—Y yo soy el medio que lo une todo, ricura.
Te llevan a tu cabaña, la noche llena de grillos y el aroma de jazmín nocturno. La puerta se cierra, y el mundo se reduce a sus respiraciones jadeantes.

En el segundo acto de esta danza selvática, todo escala. Están en tu cama king size, sábanas de algodón orgánico revueltas. Ana te besa primero, sus labios suaves y jugosos, lengua danzando con la tuya, sabor a pulque dulce y salado de sudor. Su boca es un río de fuego. Sus manos expertas desabrochan tu bra, liberando tus tetas, y las chupa con hambre, succionando pezones que duelen de placer. Luis observa, palmeándose la verga gruesa a través del pantalón, ojos fijos en ti.

Quítate todo, cabrón —le ordenas, voz ronca. Él obedece, su pinga saltando libre, venosa y palpitante, goteando precum que huele a macho puro. Tú te arrodillas, el piso de madera cálido bajo tus rodillas, y lo tomas en la boca. Sabe a piel salada, a deseo crudo, mientras Ana te lame la panocha desde atrás, su lengua plana lamiendo clítoris hinchado. ¡Dios, qué chingón! Gimes alrededor de la verga de Luis, vibraciones que lo hacen gruñir como bestia.

Cambian posiciones, el aire cargado de gemidos y el slap de piel contra piel. Tú encima de Luis, su verga abriéndote centímetro a centímetro, llenándote hasta el fondo, rozando ese punto que te hace ver estrellas. Ana se sienta en su cara, él lamiéndola con fervor, sus jugos chorreando por su barba. Tú besas a Ana, mamando sus tetas firmes, pezones duros como piedras. El ritmo aumenta: tus caderas moliendo, el sudor goteando entre vuestros cuerpos, mezclándose en un charco resbaloso. Sientes el orgasmo building, como una tormenta en la selva, truenos en tu vientre.

La triada perfecta, piensas en medio del éxtasis. Agente: el placer de Luis embistiéndote profundo, bolas golpeando tu culo. Huésped: tu coño apretándolo, ordeñándolo. Ambiente: la cabaña temblando con vuestros gritos, la selva testigo indiferente.

Ana se corre primero, arqueándose, gritando ¡Sí, wey, no pares!, su concha convulsionando en la boca de Luis. Eso te empuja al borde. Tu clímax explota, paredes internas pulsando, chorros de squirt mojando el vientre de Luis. Él ruge, llenándote de leche caliente, espesa, que se desborda por tus muslos. Colapsan en un enredo de miembros sudorosos, corazones latiendo al unísono, el olor a sexo impregnando todo: semen, jugos, sudor dulce.

En el afterglow, yacen en la terraza bajo las estrellas, brisa nocturna secando sus pieles. Ana acaricia tu cabello:

—Ves, la triada ecológica OMS no falla. Todo en equilibrio.
Luis te besa el hombro, su mano aún entre tus piernas, suave ahora. Esto es armonía pura, reflexionas, el cuerpo saciado pero el alma anhelando más. La selva susurra aprobación, y tú sabes que esta conexión trasciende la noche: agente, huésped, ambiente, unidos en un ciclo eterno de placer mexicano, chido y sin fin.

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