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Try On Ropa Caliente

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Try On Ropa Caliente

Entras conmigo a la boutique Try On Ropa en el corazón de Polanco, donde el aire huele a perfume caro y tela nueva. Tus ojos recorren mi cuerpo mientras camino entre los perchas llenos de prendas sexis, faldas cortitas que apenas cubren los muslos, blusas transparentes que dejan ver el encaje de mi brasier. Soy Ana, tu morra desde hace un año, y hoy te arrastré aquí porque sé que te encanta verme probarme cosas. Órale, piensas, esta chava me va a volver loco.

El dependiente, un tipo bien vestido y discreto, nos saluda con una sonrisa pícara. “¿En qué les ayudo? ¿Quieren un probador privado?” Le digo que sí, y tú sientes un cosquilleo en el estómago cuando agarro un vestido rojo fuego, ajustado como segunda piel. “Ven conmigo, carnal”, te susurro al oído, mi aliento caliente rozando tu oreja. Entramos al probador amplio, con espejo de cuerpo entero y una sillita para ti. La puerta se cierra con un clic suave, y el mundo afuera se apaga. Solo estamos nosotros, el roce de la cortina y el latido acelerado de nuestros corazones.

Me paro frente al espejo, mirándote por el reflejo. Lentamente, me quito la blusa, dejando que mis hombros se liberen. Mi piel morena brilla bajo la luz tenue, y ves cómo mis tetas se mueven libres dentro del brasier negro. “¿Listo para el try on ropa?”, digo juguetona, usando el nombre de la tienda como un código nuestro. Tú asientes, tu verga ya medio parada en los jeans, presionando contra la tela. Piensas: no mames, qué chingona está mi Ana. Me bajo la falda, quedando en tanga diminuta que deja ver mis nalgas redondas, firmes de tanto gym.

Tú quieres tocarme ya, pero te contienes. Sabes que esto es un juego, que la espera hace que todo sea más rico.

Me pongo el vestido rojo. La tela se desliza por mi cuerpo como seda caliente, abrazando mis curvas. Gimo bajito al sentir cómo se pega a mis pezones endurecidos. “¿Qué tal, amor? ¿Me hace ver puta o qué?”, pregunto girando para que veas el escote profundo que deja ver el valle entre mis chichis. Te acercas, tus manos grandes posándose en mis caderas. El calor de tus palmas quema a través del vestido. “Estás de loca, Ana. Quiero comerte aquí mismo”, murmuras con voz ronca, tu aliento oliendo a café y deseo.

Pero no paramos ahí. Me lo quito, quedando casi desnuda otra vez, y agarro una falda plisada cortísima, de esas que vuelan con el viento. Me la pruebo, inclinándome para que veas mi culo expuesto. Tus ojos se clavan en mí, y sientes tu pulso acelerarse, la sangre hirviendo en tus venas. Rozas tus dedos por mi muslo interno, subiendo despacio. Huele a mi excitación, ese aroma dulce y almizclado que te enloquece. “Güey, no seas pendejo, tócalo”, te digo, separando las piernas un poquito.

Tus dedos encuentran mi tanga húmeda, frotando el clítoris por encima de la tela. Gimo fuerte, tapándome la boca para no alertar al dependiente. El espejo refleja todo: tu cara de puro vicio, mis ojos cerrados de placer, el brillo de mi coño mojado. “Más”, suplico, y metes un dedo adentro, sintiendo mis paredes calientes apretándote. El sonido es obsceno, chapoteo suave en el silencio del probador. Piensas: esta morra es mía, y hoy la voy a partir en dos.

Escalo el juego. Agarro un conjunto de lencería, negro con ligas, puro fuego. Me lo pongo lento, como striptease privado. Primero el brasier, ajustándolo para que mis tetas queden perfectas, pezones duros como piedras. Luego las ligas en los muslos, estirándolas contra mi piel suave. Tú no aguantas más; te paras, me jalas contra ti. Sientes mi calor pegado a tu pecho, mis caderas restregándose en tu erección dura como fierro. “Te quiero dentro, ya”, jadeo, mordiendo tu labio inferior. Saboreas mi gloss de fresa, dulce y pegajoso.

Te desabrochas el cinto con manos temblorosas, tu verga salta libre, gruesa y venosa, goteando precum. La agarro, masturbándote despacio, sintiendo el pulso en mi palma. “Qué chida está tu pito, amor”, digo, arrodillándome. El piso es fresco contra mis rodillas, pero no importa. La chupo, lengua girando en la cabeza, saboreando tu salado. Tú gimes, enredando dedos en mi pelo. “Sí, Ana, chúpamela rico”. El sonido de succión llena el aire, mezclado con tu respiración agitada.

Me levantas, volteándome contra el espejo. Levantas la falda, bajas mi tanga. Ves mi coño rosado, hinchado de ganas, jugos corriendo por mis piernas. “Entra, carnal”, ordeno, empinándome. Tu verga empuja, abriéndose paso en mi calor apretado. Grito ahogado al sentirte llenarme, cada centímetro estirándome delicioso. Empiezas a bombear, lento al principio, el plaf-plaf de piel contra piel ecoando suave. Mis tetas rebotan, viéndolo en el espejo. Tus manos aprietan mis nalgas, dejando marcas rojas.

Piensas: esto es el paraíso, follando a mi Ana en Try On Ropa, con ella pidiéndome más.

La tensión sube como volcán. Acelero el ritmo, clavándome en ti, mis paredes ordeñándote. Sudor perla tu frente, gotea en mi espalda, salado al lamerlo. Huele a sexo puro, almizcle y perfume mezclado. “Más duro, pendejo, dame todo”, gruño juguetona. Tú obedeces, cogiéndome como animal, una mano en mi clítoris frotando círculos rápidos. El orgasmo me pega como rayo: tiemblo entera, coño convulsionando alrededor de tu verga, chorros calientes mojando tus bolas. Grito en tu boca, besándonos feroz.

Tú sigues, prolongando mi placer hasta que no aguantas. “Me vengo, Ana”, avisas, y sales justo a tiempo, pintando mi culo de leche espesa, caliente. Colapsamos jadeando, abrazados contra el espejo empañado. Tus labios besan mi cuello, suave ahora, tierno. “Eres lo máximo, morra”, susurras. Limpio todo con toallitas de la tienda, riéndonos bajito del riesgo.

Salimos del probador, yo con el vestido rojo en la mano –lo compro, obvio–. El dependiente nos guiña el ojo, sabiendo pero callando. Afuera, el sol de la tarde calienta nuestras pieles aún sensibles. Caminamos de la mano por las calles elegantes, tu brazo alrededor de mi cintura. Siento tu semen seco en mi piel, secreto nuestro, y una sonrisa pícara. Piensas: esta no será la última vez en Try On Ropa. Yo lo sé también. El deseo no se apaga; solo espera la próxima prenda, el próximo probador, el próximo try on ropa que nos vuelva locos.

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