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Xnxx Trio Esposa Prohibida

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Xnxx Trio Esposa Prohibida

Neta que todo empezó una noche de esas en que el calor de Guadalajara nos tenía sudando como marranos en el departamento. Yo, Juan, y mi esposa Laura, llevábamos diez años casados, pero la chispa seguía viva, carnal. Ella, con su piel morena y curvas que volvían loco a cualquier wey, me miró con esa sonrisa pícara mientras veíamos tele. "Oye, amor, ¿has visto esos videos de xnxx trio esposa? Dicen que son la neta", soltó de repente, recargando su cabeza en mi pecho. Su aliento olía a tequila y a esa menta que siempre masticaba. Sentí un cosquilleo en la verga, como si me hubiera dado un voltaje directo.

Yo me quedé pasmado, pero la idea ya me traía de cabeza. "¡Puta madre, Laura! ¿En serio? ¿Quieres que busquemos uno?". Ella rio bajito, su risa como campanitas en la noche húmeda, y se subió a horcajillas sobre mí. Sus tetas rozaban mi cara, suaves y calientes bajo la blusa ligera. "No nomás ver, pendejo. Imagínate si lo hacemos real". El corazón me latía a mil, el olor de su perfume mezclado con su sudor me invadió las fosas nasales. Esa noche follamos como animales, pero la semilla del xnxx trio esposa ya estaba plantada.

Al día siguiente, en el gym del barrio, platicando con Marco, mi carnal de toda la vida, se me escapó el chisme. Él es alto, musculoso, con esa barba que las morras adoran, y siempre ha sido el rey de las fiestas. "Wey, Laura y yo estamos pensando en un trio. Como esos de xnxx trio esposa", le dije medio en broma, sudando bolas en la pesa. Marco se detuvo, sus ojos brillaron. "¿En serio, cabrón? Yo me apunto si ella dice sí". El aire del gym olía a goma quemada y testosterona, y mi mente ya volaba imaginando su verga gruesa junto a la mía entrando en Laura.

Se lo propuse a Laura esa tarde, mientras preparaba unos tacos al pastor en la cocina. El humo de la carne chisporroteante llenaba el aire, jugoso y picante. Ella se giró, con el delantal ceñido marcando su culo redondo. "

¿Marco? El guapo de tu amigo. Neta que sí, pero todo con respeto, ¿eh? Nada de pendejadas
", dijo lamiéndose los labios. Su voz ronca me puso la piel de gallina. Ahí empezó la tensión, un nudo en el estómago que mezclaba celos dulces y excitación pura.

Invitamos a Marco el viernes, en nuestra casa en la colonia Chapalita, con luces tenues y música de Maná de fondo suave. Laura se puso un vestido negro ajustado que dejaba ver sus pezones duros como piedritas. Yo servía chelas frías, el vidrio empañado sudando como nosotros. Marco llegó con una botella de mezcal, su colonia fuerte invadiendo el espacio. "Qué chida casa, carnales", dijo, pero sus ojos devoraban a Laura. Ella se sonrojó, pero coqueteó: "Siéntate, guapo, que hoy hay fiesta".

Empezamos con plática, riendo anécdotas de la uni, pero el aire se cargaba de electricidad. Laura se sentó entre nosotros en el sofá, su muslo rozando el mío y el de Marco. Sentí el calor de su piel a través de la tela, su perfume floral mezclado con el mezcal ahumado. "¿Y si jugamos verdad o reto?", propuso ella, su mano posándose juguetona en mi rodilla. Marco asintió, su voz grave: "Yo elijo reto". Laura lo miró fijo: "Bésame".

Marco se inclinó, sus labios carnosos capturaron los de ella en un beso lento, húmedo. Yo vi de cerca: el chasquido suave de sus lenguas, el brillo de saliva al separarse. Mi verga se endureció al instante, latiendo contra el pantalón. Laura gimió bajito, un sonido gutural que me erizó el vello. "Tu turno, Juan", murmuró ella, volteando a mí con ojos vidriosos. La besé con hambre, probando el sabor salado de Marco en su boca, mientras su mano bajaba a mi entrepierna, apretando mi paquete hinchado.

La cosa escaló rápido. Marco desabrochó el vestido de Laura, dejando al aire sus tetas perfectas, pezones oscuros y erectos. El aire fresco los hizo arrugarse, y él los lamió con deleite, chupando fuerte. Laura arqueó la espalda, sus uñas clavándose en mi brazo. "¡Ay, cabrón, qué rico!", jadeó. Yo bajé la cabeza, mamando el otro pezón, sintiendo su textura rugosa en la lengua, el sabor salado de su sudor. Sus gemidos llenaban la sala, mezclados con el zumbido del ventilador y nuestros resuellos pesados.

La llevamos al cuarto, el colchón king size crujiendo bajo nuestro peso. Laura de rodillas, nos miró con picardía: "Chúpenme la panocha, pendejos". Nos arrodillamos como perros fieles. Yo abrí sus labios rosados, hinchados de deseo, oliendo a almizcle dulce y excitación. Mi lengua hundió en su clítoris, saboreando sus jugos calientes, espesos como miel. Marco lamía su entrada, su barba raspando los muslos internos de ella. Laura temblaba, sus caderas ondulando, gritando "¡Sí, así, no pares!". El sonido húmedo de lenguas en carne mojada era obsceno, delicioso.

Pero ella quería más. "Quiero sus vergas", suplicó, voz entrecortada. Nos paramos, bajándonos los calzones. Mi verga saltó libre, venosa y palpitante; la de Marco era más gruesa, con cabeza morada reluciente de precum. Laura las tomó en manos, piel contra piel ardiente, masturbándonos lento. "Qué chingonas están", ronroneó, lamiendo primero la mía, su lengua plana recorriendo la base hasta la punta, tragándosela hasta la garganta. Tosió un poco, saliva chorreando, luego pasó a Marco, mamando con avidez, sus mejillas hundiéndose.

La tensión crecía, mis huevos doliendo de necesidad. La puse boca arriba, abriéndole las piernas anchas. Marco y yo nos miramos, un pacto silencioso. Entré primero, su coño apretado me succionó como un vicio, caliente y resbaloso. "¡Fóllame duro!", ordenó. Embestí profundo, el slap-slap de pelvis contra pelvis resonando, su aroma a sexo invadiendo todo. Marco se arrodilló sobre su cara, ella chupándolo mientras yo la taladraba.

Cambiamos: Marco la penetró, sus embestidas brutales haciendo rebotar sus tetas. Yo la besaba, probando mi propio sabor en sus labios. Luego, el clímax del xnxx trio esposa: la pusimos en cuatro, yo atrás metiendo en su panocha, Marco en su boca. Pero Laura quiso doble: "Uno en el culo, porfa". Lubricamos con saliva y sus jugos. Marco entró lento en su ano apretado, ella gritó de placer-dolor, mordiendo la sábana. Yo en la vagina, sintiendo su verga a través de la delgada pared, frotándonos mutuamente dentro de ella. El cuarto apestaba a sudor, semen y lujuria; sus paredes contraídas ordeñándonos.

Laura explotó primero, un orgasmo brutal: "¡Me vengo, chingados!", su cuerpo convulsionando, chorros calientes salpicando mis bolas. Eso nos llevó al límite. Marco gruñó, llenándole el culo de leche espesa; yo eyaculé en su coño, chorros interminables, sintiendo cada contracción. Colapsamos en un enredo sudoroso, piel pegajosa, respiraciones jadeantes. El silencio roto solo por nuestros suspiros y el tictac del reloj.

Después, en la regadera, el agua caliente lavando el pecado. Laura nos besó a ambos: "Fue la neta del planeta. Mi soñado". Marco se fue con una sonrisa, prometiendo repetir. Ahora, cada vez que veo esos videos, recuerdo su sabor, su calor, esa noche que nos unió más. Laura duerme a mi lado, su mano en mi verga floja, y sé que la aventura apenas empieza.

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