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Trio Los Tres Ases del Deseo

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Trio Los Tres Ases del Deseo

La noche en Puerto Vallarta olía a sal marina y a coco tostado bajo el sol poniente. El aire cálido me rozaba la piel como una caricia prohibida, mientras caminaba por la playa con mi vestido ligero ondeando contra mis muslos. Me llamaba Sofía, una chava de veintiocho años que había llegado de la Ciudad de México buscando un poco de aventura, lejos del pinche tráfico y las oficinas. Esa noche, en la fiesta de un resort chido, todo cambió cuando vi a Marco y a Luis.

Eran primos, altos, morenos, con esa sonrisa pícara que te hace sentir que ya te han desnudado con la mirada. Marco, el mayor, con tatuajes que asomaban por su camisa abierta, y Luis, más delgado pero con ojos que prometían travesuras. Jugaban póker en una mesa improvisada bajo las palmeras, riendo fuerte, con cervezas frías en la mano. "¡Somos los tres ases, carnales!" gritó Marco al ganar una mano, levantando las cartas. Yo me acerqué, curiosa, con el corazón latiéndome como tambor.

"¿Y el tercero quién es, wey?"
les pregunté, sentándome a su lado, cruzando las piernas para que el dobladillo subiera un poco. Ellos se miraron, cómplices, y Luis dijo: "Tú, preciosa. Tú eres la reina que completa el trio los tres ases. ¿Te animas?" Su voz grave me erizó la piel, y el olor a su colonia mezclada con sudor fresco me mareó. Ahí empezó todo, con un juego inocente que pronto se volvió juguetón.

Bebimos tequilas, jugamos cartas, y cada vez que perdía uno, se quitaba algo. Mi risa se mezclaba con la música de mariachi fusionado con reggaetón que retumbaba en los altavoces. Sentía sus miradas quemándome, el roce accidental de sus rodillas contra las mías. ¿Qué carajos estoy haciendo? pensé, pero el calor entre mis piernas ya me delataba. Eran guapos, consentidores, y sobre todo, me miraban como si yo fuera el premio mayor.

La fiesta avanzaba, pero nosotros nos fuimos apartando. Marco me tomó de la mano, su palma áspera y cálida contra mi piel suave. "Vamos a mi suite, Sofía. Ahí armamos nuestro propio trio los tres ases." Luis guiñó el ojo, y yo, con el pulso acelerado, asentí. Subimos al elevador, el aire cargado de electricidad. Sus cuerpos cerca, oliendo a mar y a hombre, me ponían la cabeza a mil.

En la suite, luces tenues, cama king size con sábanas de algodón egipcio que invitaban al pecado. Nos sentamos en el balcón, con vista al océano negro salpicado de luces de barcos lejanos. El viento traía el rumor de las olas, como un susurro erótico. Hablamos, coqueteamos. Marco me contó de sus viajes por la Riviera Maya, Luis de sus noches locas en Guadalajara. Yo les hablé de mi vida en el DF, de lo harta que estaba de lo mismo de siempre. Pero esta noche, no hay rutinas, pensé, mientras Luis me pasaba un dedo por el brazo, levantándome piel de gallina.

El beso llegó natural, como si estuviera escrito. Marco primero, sus labios firmes, con sabor a tequila y menta, su lengua explorando mi boca con hambre contenida. Luis observaba, su respiración pesada, hasta que se unió, besando mi cuello, mordisqueando suave. Dios, qué rico, gemí bajito. Sus manos everywhere: Marco en mi cintura, apretando mis curvas; Luis subiendo por mi muslo, rozando el encaje de mis panties. El olor de su excitación, ese almizcle varonil, se mezclaba con mi aroma dulce de jazmín.

Me levantaron entre los dos, como si fuera una diosa. Me desvistieron lento, saboreando cada centímetro. Mi vestido cayó al suelo con un susurro, quedando en bra y tanga. "Eres perfecta, Sofía. El as de ases," murmuró Marco, mientras desabrochaba mi sostén. Mis tetas saltaron libres, pezones duros como piedras bajo su mirada. Luis se arrodilló, besando mi ombligo, bajando más, inhalando profundo. "Hueles a paraíso, chula."

Entramos a la cama, el colchón hundiéndose bajo nuestro peso. Yo en el medio, ellos flanqueándome como guardianes del placer. Tension building: besos alternados, lenguas enredándose, manos explorando. Marco chupaba mi teta izquierda, Luis la derecha, succionando fuerte, haciendo que arqueara la espalda. ¡Ay, cabrones, no paren! grité en mi mente. Sus vergas ya duras presionaban contra mis piernas, grandes, palpitantes. Las toqué, sintiendo el calor, las venas marcadas, la piel suave sobre acero.

Luis se quitó la ropa primero, su cuerpo atlético brillando con sudor fino. "Prueba esto, reina." Me guió la cabeza a su pinga, gruesa y larga. La lamí desde la base, saboreando el gusto salado, mientras Marco me quitaba las panties de un jalón. Su boca en mi panocha, lengua lamiendo mi clítoris hinchado, chupando mis jugos que ya chorreaban. Qué chingón, su lengua danzando ahí, pensé, gimiendo alrededor de la verga de Luis. El sonido de succiones húmedas llenaba la habitación, mezclado con nuestros jadeos y el lejano romper de olas.

Cambiaron posiciones, gradual, torturándome delicioso. Ahora yo encima de Marco, su verga enorme abriéndome lento. "¡Qué prieta estás, Sofía! Como guante." Entró centímetro a centímetro, estirándome, llenándome hasta el fondo. El dolor placer me hizo clavar uñas en su pecho. Luis detrás, lubricando mi culo con saliva y mis propios fluidos. "Relájate, mi amor. Te vamos a hacer volar." Su dedo primero, luego dos, preparándome. Cuando empujó su punta, grité de puro éxtasis. Los dos dentro, moviéndose en ritmo perfecto, como si hubieran ensayado.

El trio los tres ases en acción: yo rebotando en Marco, Luis embistiéndome atrás, sus manos en mis caderas, pellizcando, azotando suave. Sudor goteando, pieles chocando con palmadas húmedas. Olía a sexo puro, a crema, a mar. Sentía cada vena de sus vergas frotando mis paredes, el roce de sus pelotas contra mí. ¡Más fuerte, weyes! ¡Fóllanme como reinas! les supliqué, y ellos obedecieron, acelerando, gruñendo como animales.

La tensión subía como ola gigante. Mis orgasmos venían en cadena: primero uno pequeño, contracciones alrededor de Marco; luego uno brutal cuando Luis me pellizcó el clítoris. Grité su nombre, el de ellos, palabras sucias: "¡Sí, pendejos, así! ¡Córrete dentro, lléname!" Ellos resistían, prolongando el tormento dulce. Marco volteándome para que Luis me cogiera la panocha, él en mi boca. Saboreaba su pre-semen salado, mientras Luis me martilleaba profundo, su pubis chocando mi culo.

El clímax final nos golpeó juntos. Marco explotó en mi boca, chorros calientes que tragué ansiosa, su sabor amargo dulce. Luis se corrió en mi concha, inundándome, mientras yo convulsionaba, visión borrosa, cuerpo temblando. Colapsamos en un enredo de miembros sudorosos, respiraciones entrecortadas, risas cansadas.

Después, en el afterglow, yacíamos mirando el techo, con el ventilador zumbando suave. Marco me acariciaba el pelo, Luis trazaba círculos en mi vientre. "Fuiste el as perfecto, Sofía. Nuestro trio los tres ases fue legendario." Sonreí, satisfecha, el cuerpo pesado de placer. No hubo promesas, solo esa conexión fugaz, empoderadora. Me sentía reina, dueña de mi deseo.

Al amanecer, nos despedimos con besos perezosos en la playa. El sol saliendo pintaba el cielo rosa, y yo caminaba de regreso a mi hotel, piernas flojas, sonrisa eterna. Esa noche había sido mía, nuestra, un trio inolvidable que me cambió para siempre. ¿Volverá a pasar? Quién sabe. Pero por ahora, soy invencible.

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