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Trio Casero con Mi Esposa

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Trio Casero con Mi Esposa

Todo empezó una noche de esas calurosas en nuestro depa en la colonia Roma, con el ventilador zumbando como loco y el olor a tacos de la esquina colándose por la ventana. Mi esposa, Karla, y yo estábamos tirados en el sillón, medio pedos después de unas chelas frías. Ella, con su piel morena brillando de sudor, su blusita pegada al cuerpo mostrando esas chichis perfectas, me miró con esa sonrisa pícara que me pone la verga dura al instante.

¿Y si probamos algo nuevo, carnal? me dijo, pasando la mano por mi pecho. Yo la besé, saboreando su boca con ese gustito a limón de la michelada. Hablamos de fantasías, de lo que siempre nos ponía calientes. Trio casero con mi esposa, se me pasó por la mente como un relámpago. Siempre había soñado con ver a Karla gozando con otra, pero en casa, sin complicaciones, puro desmadre consentido.

Karla se rio bajito, su aliento caliente en mi oreja.

Mi amiga Ana anda soltera, wey. Esa morra está buena onda y siempre anda coqueteando contigo. ¿Qué tal si la invitamos?
Mi corazón se aceleró, el pulso latiéndome en las sienes. Ana era su compa de la uni, una chaparrita con curvas de infarto, ojos negros que te desnudan y un culo que se mueve como en video hot. Consentido al cien, pensé. Todos adultos, todos cachondos.

Le mandamos un whats con un emoji de diablito. Ven pa'cá, trae ganas de fiesta, le puso Karla. Media hora después, Ana llegó con una botella de tequila reposado, vestida con un shortcito que apenas le cubría las nalgas y una playera escotada que dejaba ver el borde de su bra negro. El aire se cargó de inmediato, ese olor mezclado a perfume dulce y anticipación.

Nos sentamos en la sala, con música de Natalia Lafourcade de fondo bajita, sirviendo shots. Las risas fluían, las miradas se cruzaban cargadas de electricidad. Karla se acercó a Ana, le acarició el pelo. Estás preciosa, pinche caliente, le susurró. Ana me guiñó un ojo, su mano rozando mi muslo "por accidente". Sentí el calor subiendo por mi entrepierna, la tela de mis bóxers apretando mi verga que ya se paraba sola.

El primer beso fue entre ellas. Karla jaló a Ana hacia sí, sus labios chocando suaves al principio, luego con hambre. Yo las vi desde el sillón, el sonido de sus lenguas chupándose me erizó la piel. Esto es real, pendejo, un trio casero con mi esposa justo aquí, pensé, mi respiración agitada. Me acerqué, besé el cuello de Karla, oliendo su sudor mezclado con el jabón de lavanda que usa. Ana giró, me metió la lengua en la boca, su saliva dulce y tibia.

Las llevé al cuarto, el colchón king size esperándonos como altar. La luz tenue de la lámpara pintaba sus cuerpos en dorado. Karla se quitó la blusa despacio, sus tetas saltando libres, pezones duros como piedras. Ana la imitó, gimiendo bajito mientras Karla le lamía el cuello. Yo me desvestí rápido, mi verga tiesa apuntando al techo, venosa y palpitante.

Empecé por Karla, mi amor, besándola profundo mientras Ana nos veía con ojos de fuego. Le chupé las chichis, mordisqueando suave, oyendo sus ayyy cabrón que me volvían loco. Ana se unió, lamiendo el otro pezón, sus manos bajando a mi pito, apretándolo con firmita. Qué rica verga tienes, compadre, murmuró, su voz ronca. El tacto de sus dedos fríos contrastando con mi piel caliente me hizo jadear.

Las puse de rodillas en la cama. Karla y Ana se miraban, sonrientes, cómplices. Empecé a mamarlas una por una, saboreando sus panochas mojadas. Karla olía a miel y deseo, su clítoris hinchado bajo mi lengua. Chúpame más fuerte, amor, gemía, sus caderas moviéndose. Ana era más salada, su concha depilada chorreando jugos que me unté en la cara. El sonido de mis labios chupando, sus alaridos mezclados, el colchón crujiendo... todo era puro fuego.

Pero la tensión crecía. Yo quería verlas juntas primero. Las recosté, Ana encima de Karla en 69. Sus lenguas se hundían, lamiendo con ganas, los gemidos ahogados vibrando en el aire. Vi a Ana comerse la panocha de mi esposa, el culo de Karla meneándose, oliendo a sexo puro. Mi mano en mi verga, pajeadome lento, el precum goteando. No aguanto más, wey, pensé, el corazón retumbándome en el pecho.

Karla me miró, ojos vidriosos.

Cógeme con ella, hazme tuya los dos
. La volteé en cuatro, Ana debajo lamiéndole las tetas. Me hundí en Karla despacio, su concha apretada envolviéndome como guante caliente y húmedo. Sííí, así, cabrón, gritó. Empujé fuerte, el slap slap de mi pelvis contra sus nalgas resonando. Ana metió dedos en su ano, haciendo que Karla se retorciera de placer.

Cambié a Ana, su culo en pompa invitándome. La penetré de un jalón, ella arqueando la espalda, ¡Chíngame duro, pinche machín!. Karla se masturbaba viéndonos, sus dedos chapoteando en su humedad. El sudor nos cubría, gotas cayendo, el olor a sexo impregnando la habitación, mezclado con el tequila en el aire. Rotamos posiciones: yo en el medio, Karla montándome mientras Ana se sentaba en mi cara, su concha ahogándome en jugos.

La intensidad subía como volcán. Karla rebotaba en mi verga, sus chichis brincando, pechos chocando contra los de Ana que se besaban encima de mí. Sentía los pulsos de Karla apretándome, Ana moliéndose en mi lengua. Me vengo, me vengo, chilló Karla primero, su cuerpo temblando, chorros calientes mojándome las bolas. Ana la siguió, gritando ¡Sííí, no pares!, su culo contrayéndose.

Yo no aguanté. Me corro, putas ricas, avisé. Karla se bajó rápido, las dos arrodilladas mamándome la verga hinchada. Chupaban alternando, lenguas enroscadas en mi glande, manos apretando mis huevos. Exploteé, chorros espesos salpicándoles la cara, la boca. Ellas se lamían mutuamente, tragando mi leche con sonrisas de satisfacción.

Nos derrumbamos en la cama, jadeantes, cuerpos enredados brillando de sudor y fluidos. El silencio roto solo por respiraciones pesadas y risitas cansadas. Karla me besó, su lengua trayendo el sabor salado de mi corrida. Te amo, pendejo. Esto fue chingón, susurró. Ana acarició mi pecho. Repetimos cuando quieran, carnales.

Nos duchamos juntos después, agua tibia lavando el desmadre, manos explorando aún con ternura. En la cama, Karla acurrucada en mi brazo, Ana al otro lado, el afterglow nos envolvió como manta suave. Pensé en cómo este trio casero con mi esposa no rompió nada, al contrario, nos unió más. El deseo satisfecho, pero ya soñando con la próxima. La noche olía a promesas, a más noches calientes en casa.

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